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martes, 8 de febrero de 2022

13ª Camino de San frutos del Comando Peñota


13-11-21

 Prólogo


      Un amigo (El Inductor) nos hablaba del camino de San Frutos que nosotros desconocíamos, como muchos segovianos, entre otras cosas decía que solo eran unos ochenta kilómetros ¡Solo! ¡Qué gracioso! Con eso y pocos datos más (entre otras cosas nos consiguió la famosa Pajarera) comenzamos el juego.

      Hoy se cumplen 372 días desde que el día 7 del 11 del 2020 iniciáramos lo que en principio para nosotros era un pasatiempo y que a posteriori a sido un encadenamiento de divertidas peripecias llegamos con una mezcla de pena al ver que se nos acaban nuestras andanzas pajareras y de alegría de llegar a la última etapa y conseguir finalizarlo.




 13ª etapa

Villaseca - Ermita de San Frutos - Villaseca

      Deseábamos que llegase este día aunque no en estas condiciones climáticas,  la niebla no nos permite ver el panorama, pero ¡comenzamos! Cogemos los bártulos, entre tanto caemos en la cuenta de que la "coral de San Frutos" ha cambiado de escenario, si siete días antes decíamos que nos amenizaban el bocata cien metros al norte hoy oímos como cientos de pajarillos trinan alegremente cien metros al sur, el concierto es claramente un enérgico "alegro" que nos lleva a pensar que el día va a mejorar. Con ese festivo cante de los pajarillos arrancamos contentos desde los pies de la espadaña de la iglesia que pese a la cerrada niebla está envuelta en un halo luminoso que nos permite verla claramente.

Santo Tomas.


         Tomamos el camino que tiene la curiosidad de tener doble denominación, una en la dirección contraria a la que vamos a llevar hoy que sería el Camino a Sepúlveda y el que haremos hoy que como no puede ser de otra manera es el Camino de San Frutos. 
      Llevamos varias moscas gordas detrás de la oreja por la casualidad numérica, hoy es día trece (¡cuerna de cabra!) que curiosamente coincide en el numero con la decimo tercera (¡cuerna de chiva!) etapa, a lo que que sumaremos que nos vemos envueltos por la niebla que apaga la intensidad de la luz casi totalmente. Rodeados de un silencio sepulcral, ambiente misterioso, aire enigmático, con todos estos condicionantes y sin hacer otra cosa que andar, la fantasía se acelera y echa a volar, nada más y nada menos que ocho siglos atras.

      El prior de San Frutos le pide ayuda al arzobispo de Segovia Bartolomé de Ayllón que ordena al templario de la iglesia de la Vera Cruz fray Godofredo de Monzoncillo y el novicio Amaris de Gomezserracín se dirijan al conjunto monástico del priorato de San Frutos perteneciente al alfoz de Sepúlveda, para indagar sobre el posible asesinato de una mujer.

           
Los delatores.

          
      Continuamos el camino observados por los mirones puntiagudos mientras nos adelantan carretones tirados por bueyes, carromatos tirados por mulas y elegantes carruajes tirados por bonitos caballos, todos vienen de pueblos aledaños para asistir a la conmemoración de la liturgia en el priorato. Curiosamente no nos adelanta en todo el camino ningún peregrino, sabemos que estamos llegando porque en una explanada situada a media legua del priorato vemos a todos los carruajes bien instalados. Desde aquí hay que bajar a pie, nos cruzamos con el ilustrador Anselmo de Salamanca que venía con la intención de hacer "unas láminas", se va enfadado porque la niebla no le permite ver nítidamente el terreno…”Ten paciencia, le decimos, la niebla va a levantar” No se espera.

     Por nuestra parte nos acercamos al mirador para hacer tiempo, no se ve "tres burros en uno", nos quedamos con las ganas, retomamos el camino y llegamos a "la cuchillada" de la que cuenta la leyenda que la hizo el mismísimo San Frutos con su cayado con la intención de impedir el paso a los sarracenos. Ahora se cruza por el puente del mismo nombre, en este punto San Frutos hace de las suyas y comienza a levantar la niebla ¡menos mal! Si venimos aquí y no podemos verlo habría sido una faena…

Desde el puente la cuchillada al norte.

Desde el puente la cuchillada al sur.


           Cruzamos el puente que salva la cuchillada situada en el cuello que da entrada al lóbulo en el cual se sitúa el santuario. Nuestra suerte está cambiando, la niebla se levanta y se va haciendo la luz de lo cual nos beneficiamos cuando tenemos la primera aparición, ¡una preciosidad! ¡deslumbrante! Ha merecido la pena la espera. Nos encontramos delante de una alhaja, una joya con miles de piedras preciosas engastadas de forma magistral por los "canteros joyeros". Admirando la fachada pasa un buen rato hasta que cerramos la boca y parpadeamos cuando salimos del encantamiento que nos ha producido. 

          El Comando Peñota ha sufrido un nuevo flechazo, el emplazamiento, el color, la disposición, la historia, la orientación, su bella construcción romanica, la luz y los colores tan segovianos plasmaba el pintor segoviano Lope Tablada, de nuevo nos despertamos ahora el motivo ha sido un grupo de visitantes, en estas condiciones es difícil imaginar el silencio que tendría que dominar el conjunto siglos atrás.

Fachada principal.


           El impacto de la visión del sorprendente frontis nos retrotrae de nuevo ocho siglos atrás y antes de entrar a la derecha vemos a dos monjes provistos de maza de yerro, própalo, pico de punta de gurrión, cuñas, etc., están trabajando en la apertura de un nicho, charlando con ellos, nos comentan que en el anterior han enterrado al refitolero fallecido la semana pasada, se disponen a cavar otro, llama la atención hallar el pequeño camposanto al lado de la puerta principal.

Nichos excavados en la roca.

      Antes de acceder al interior les preguntamos sobre el caso de la mujer, nos dan su opinión, a continuación nos dicen que nos descarguemos en la portería según se entra a la izquierda.

Desde la portería.

      La siguiente estancia a la izquierda es el refectorio donde se encuentra el cillerero pesaroso por la reciente muerte de su ayudante, dado lo dolido que se encuentra nos responde a las preguntas de lo ocurrido deficientemente. Continuamos y para ello cruzamos la puerta que se ve desde la principal y que separa el vestíbulo del patio, donde nos encontramos a la izquierda el acceso al patio y enfrente una escalera que tomamos para subir a la iglesia. 

Puerta principal y entrada al patio.

      En a puerta de la iglesia nos encontramos con el sacristán barriendo la humilde nave central en la que se ven las flores secas del enlace celebrado de una hermana de un oblato cuyos padres aportaron una buena dote a la ermita, sobre el austero altar un sencillo retablo dedicado al santo y al que posteriormente se le añadieron sus reliquias.

Nave central de la iglesia.

      A la izquierda hay añadida una nueva capilla consagrada al santo, en ella hay un sillar en el altar del que dice la tradición que si das tres vueltas por debajo te desaparecen todos los dolores, nosotros nos tenemos que volver doloridos ¡imposible! ¡No podemos pasar! El oratorio tiene una bonita y colorida iluminación producto de la vidriera situada en su cara norte. 
Vitral de San Frutos.

          Volvemos a la iglesia para la hora canónica de Regina Coeli y una vez terminada mantenemos una conversación con el sacristán. No sabe nada sobre el caso… Salimos para encontrarnos en las estancias monacales con el camarero que está colocando la ropa de cama. Está dispuesto y nos cuenta su versión, un marido celoso de su mujer creyendo que era engañado la despeño por un precipicio, San Frutos sabedor de la castidad de la mujer la salvó de la muerte. En gratitud la mujer cedió todas sus propiedades al priorato, como reza una anotación grabada en una piedra incrustada en uno de los muros de la iglesia. Decididamente todos los habitantes del priorato están persuadidos de que fue un milagro, imposible convencerles de lo contrario.

Inscripción en el muro sur de la iglesia.


Desde las estancias de los monjes.


      Una nueva metamorfosis y dejamos atrás las "habitaciones" para salir del patio del recinto y dirigirnos al minúsculo cementerio que se encuentra al este, casi  en la punta del lóbulo rodeado por el Duratón ochenta metros más abajo, nos acercamos al borde de la orilla convexa, frente a nosotros, a nuestra misma altura en la orilla cóncava del río vemos la meseta de El Lastrón indefensa, solamente poblada por escasas encinas, unos pocos enebros que sobresalen por encima de unos pobres pastos.  
 
     Después de disfrutar de la belleza del meandro encajado nos asomamos al sobrio panteón familiar del santo en el que presumiblemente están los féretros en los que se pueden leer los nombres del santo y de sus dos hermanos aunque suponemos que después de las infamias que se les hizo sobre todo a los hermanos en Caballar, las posteriores exhumaciones y traslados, es de suponer que quede poco de ellos ahí sepultado. Ahora nos acercamos al pequeño cementerio, diminuto y bien cuidado, curiosamente se ven tumbas recientes, hay que reconocer que el sitio es precioso, pero realizar un sepelio en él tiene que ser bastante laborioso, desde aquí damos media vuelta e iniciamos el regreso.

Panteón y sacramental.

      Volvemos a entrar al conjunto por el patio para encontrarnos con una visión soberbia de la iglesia y lo que queda de la galería que estuviere adosada a la misma y que subimos a ver. Entramos por un arco en perfecto estado y a la izquierda vemos los curiosos contrafuertes, adosados a la iglesia con posterioridad, sin ningún tipo de trabazón por lo que los han tenido que anclar con unas poco medievales pletinas.

Preciosa imagen del conjunto.

      Después de disfrutar de la belleza de lo que queda del priorato, de nuestros imaginativos y utópicos sueños, de la reverberación que contiene todo el conjunto, si prestas atención te parece escuchar la historia que contienen estas piedras. Llegó el momento, nos vamos con pena pero con la promesa de volver, ya estamos pensando en más de uno que sabemos que le va a gustar.

      Ahora que se ha levantado la niebla aprovechamos para ver bien la grieta, cruzamos el puente de La Cuchillada de nuevo, nos acercamos a los meandros situados al sur para disfrutar de nuevo de la espectacular visión de las hoces del Duratón, sobrecoge ver el "inmenso trabajo" que ha hecho el Duratón para modelar esta belleza que curiosamente les gusta tanto sobrevolar a los grandes buitres que anidan a cientos por todos los recovecos de los muros de caliza. Nosotros que estamos muy acostumbrados a verles sobrevolando las térmicas de la pequeña depresión por donde discurre el arroyo de la Tejera situada en nuestro término que está delimitada por los parajes de los Prados de la Albarrana, Prados de Gansapajaras, el Canto de la Legua, el cerro de El Potril, la Cerca Portillo y Cañadas Hondas, ahora disfrutamos de la belleza del pesado e indolente vuelo de las enormes rapaces que planean la hoz formada por el río, acotada por los sitios de El Batán, Valdepuerco, Santa Engracia en la margen derecha y el de la meseta de la margen izquierda que nos da una posible pista del porqué de la proximidad de los buitres y que tiene por nombre Los Muladares ¡Sobrecogedor!

No se aprecia a los buitres pero hay están.

        Media vuelta de nuevo, tomamos dirección norte para acercarnos al mirador a disfrutar lo que no nos ha dejado disfrutar anteriormente la niebla, ha merecido la pena, más aún cuando tenemos un grato encuentro con Sextús de Cantimpolos, Clarisa de Sotosalbos y su bonita familia, después de disfrutar del agradable encuentro nos despedimos. 

Desde el mirador.

                    
      Ellos toman rumbo a la ermita, por nuestra parte subimos la pendiente que nos separa de la "explanada de carruajes" situada en el paraje de La Cruz, la cruzamos diagonalmente con la intención de acercarnos a las ruinas del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz para tratar de verla desde el lugar de la Cruz del Canto. Llegó la hora de hacer un alto en el camino para comernos el bocata, una vez terminado el refrigerio arrancamos. Pronto caemos en la cuenta de que el hombre propone y la orografía dispone, sorprendentemente vemos como los pequeños cauces de arroyos que desaguan al Duratón  están completamente secos pero a base de años han tallado tremendas brechas, sorteándolas nos alejamos cada vez más de nuestro objetivo inicial. En el sitio de la Pillera decidimos cambiar de idea, nos vamos hacia la meta campo a través, el camino que tomamos nos recuerda a "las etapas del infierno del norte", afortunadamente está seco, pero un adoquinado sarnoso nos maltrata los tobillos.

Escabroso camino.

          Bajamos dificultosamente por el abrupto adoquinado hasta el cauce de un arroyo seco, cruzamos un sembrado recién roturado  y comenzamos a subir por una pendiente cada vez más limpia del irregular "pavé", llegamos a la cota 1028 donde nos encontramos un redil con un pequeño refugio del color de las tierras nativas que le dan un ambiente acogedor y que sospechamos servirá para dar cobijo a nuestro amigo Félix y a su hermano de las inclemencias del tiempo.

"La majá"

      Abandonamos el bermejo  chozo, la puerta del aprisco se enfrenta a unas desdibujadas roderas que siguiéndolas nos llevan hasta la senda que coincide con el camino de vuelta de la etapa anterior, cruzamos El Porrón para acabar desembocando en el camino que gracias a su doble denominación ahora le llamaremos Caminos a Sepúlveda, desde aquí mirando al noreste se ve recortado al fondo Somosierra con alguna cumbre nevada y sobre ellas los renglones dibujados por las "huellas de las flatulencias" de los aviones dentro de los cuales se nos muestra una microscópica luna.

¿ Todos los aviones van a Valladolid ?

      Al poco de comenzar este último tramo se nos aparece la espadaña de la iglesia que según nos va acercando a ella va creciendo, llegamos a la recta final que nos deja en la meta donde nos llevamos la sorpresa de ver como un satélite del Comando Peñota eclipsa al Sol.

El aura del Comando Peñota.

Epilogo y Colofón

      Todo pasa, todo llega y nosotros aunque lentamente hemos alcanzado la meta y cantamos con Porky aquello que decía 🎶 🎵 lástima que terminó la peregrinación de hoy… 🎵 🎶 Y parafraseando el verso del famoso soneto de Quevedo: burla burlando trece etapas vamos acabando.
             
      Tenemos que indicar que en la segunda etapa comenzamos tomando un microbús  en Espirdo que nos acercó a La Lastrilla (donde comenzamos la etapa) con una conductora de La Empresa Linecar simpatiquísima, nos despedimos de ella hasta el siguiente viaje, el fin de semana siguiente nos presentamos en Santo domingo de Pirón, el microbús había comido mucho esa semana y se transformó en un enorme autobús con un conductor serio pero experimentado como pocos, a partir de aquí el pajarero nos atrapo y supimos que le haríamos integro, las etapas restantes siempre las hicimos la ida por el Camino de San Frutos y la vuelta por otro diferente, esto nos ha llevado multiplicar el recorrido de 80 kms. a 164,64 kms.

      Tambien decir que de las dos posibilidades que hay de hacer el camino, por la sierra o por Caballar, nosotros optamos por esta última solamente por darse la casualidad de que pasa por Muñoveros donde tenemos el acicate de poder ver a Delia, Oscar, Fernando, Quinti  y a Edu "el inductor" que siempre nos tratan estupendamente.
      
      El periplo nos ha encantado, hemos conocido bellos  parajes  y desconocidos pueblos que nos han enamorado y nos han mostrado el atractivo de nuestra provincia, podemos estar orgullosos.

      El único contratiempo ha sido no haber coincidido con una iglesia abierta excepto la última, la de San Frutos donde nos remataron el disgusto al decirnos que no nos sellaban la "Compostela pajarera" después de que nos la agenciase Edu (El Inductor). Una pena que se nos haya quedado inmaculada, afortunadamente tenemos el camino recorrido a pie, recogido gráficamente y esperamos que la experiencia tarde en desaparecer de nuestros cerebros ¡Viva San Frutos!

         
1ª Segovia- Zamarramala-La Lastrilla                           8,80 Km.    Ida y vuelta
2ª La Lastrilla-Espirdo-Tizneros                                   12,14 Km.    Ida y vuelta 
3ª Tizneros-Basardilla-Santo Domingo de Pirón          11,50 Km.    Ida
4ª Santo Domingo de Pirón-Tenzuela                            9,73 Km.    Ida y vuelta
5ª Tenzuela- Carrascal de la Cuesta                            12,82 Km.    Ida y Vuelta
6ª Carrascal de Cuesta-Caballar- Carrascal                13,13 Km     Ida y vuelta
7ª Caballar- Muñoveros-Caballar                                 16,27 Km     Ida y vuelta
8ª Muñoveros-Puebla de Pedraza-Muñoveros             16,01 Km    Ida y vuelta
9ª Puebla de Pedraza-Cantalejo-Puebla de Pedraza   16,15 Km    Ida y vuelta
10ª Cantalejo-Sebúlcor-Cantalejo                                 10,45 Km    Ida y vuelta
11ª Sebúlcor-San Miguel de Neguera-Sebúlcor            10,07 Km    Ida y vuelta
12ª S. Miguel de Neguera-Villaseca- S. Miguel de ...    15,98 Km    Ida y vuelta
13ª Villaseca-Ermita de San Frutos-Villaseca                11,62 Km    Ida y vuelta
                                                             
                                                            Total............     164,64 Km


🎶 🎵 eso es to, eso es to, eso es todo amigos 🎵 🎶

 



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viernes, 10 de diciembre de 2021

12ª Camino de San frutos del Comando Peñota

 

 06-11-21

"12ª etapa"

San Miguel de Neguera - Villaseca - San Miguel de Neguera


          Doscientos veinte días después volvemos al despoblado de San Miguel de Neguera y aunque parece que fue ayer se nos ha hecho eterno. La faena es lo que nos encontramos, una neblina lo bastante cerrada para no permitirnos disfrutar del entorno, esperemos que levante pronto ¡a por ello! Zurrón, chambergo y ¡en marcha! Pero antes de dar comienzo a la etapa oímos que nos llama el único habitante del ruinoso caserío, nuestro amigo "el Maño" que nos ofrece un "traguico" del porrón a lo que le respondemos que es pronto, a la vuelta.



Lo que nos encontramos.


      Dejamos a nuestra espalda  el despoblado desdibujado por la neblina y arrancamos con dirección noreste, pronto el energético sol hace su brujería y nos comienza a contentar el día ayudando a despejar la niebla. Cruzamos el puente sobre el rio San Juan donde vemos el trabajo de un arquitecto técnico “destructor", nos asomamos a la barandilla y nos sorprende el caudal que lleva dadas las fechas, pensábamos que le podía venir un poco grande el sustantivo de río.


Aún se puede leer.


      Cruzamos el puente y pronto nos vemos obligados a abandonar la SG-V-2323 que creíamos equivocadamente que sería la que nos llevaría a Villaseca. Llegamos al cruce en el que los carteles indicadores nos ponen al corriente, la anterior se dirige  a la localidad de  Villar de Sobrepeña (¿Posible pariente lejano de nuestro Comando Peñota y sus integrantes?) para posteriormente continuar a Sepúlveda.


El desdoblamiento.


       Por nuestra parte nos vamos por la SG-V-2418 acompañando al río San Juan, donde pronto nos encontramos con la visión de lo que queda de una antigua edificación que recortada sobre la niebla nos cautiva, una auténtica obra de arte o eso nos parece a nosotros, la crudeza de las inclemencias, el ineludible paso del tiempo y alguna mano humana han creado esta maravilla que sujeta los tres bustos que ha tallado "El Artista" en los que podemos reconocer claramente a Ordoño II y dos de sus más leales caballeros con sus yelmos escoltándole, sencilla, preciosa y sugerente imagen.


Negativo.


         Nos llama tanto la atención que no podemos dejar de mirarla, para seguir disfrutando de su visión la rodeamos y la seducción aumenta, ¡fascinante! Nos da la sensación de haber entrado en otra dimensión, por lo que vemos, intuimos que lo que se ve es lo que queda del muro de una pequeña espadaña de una ermita. Se ven los huecos donde iban empotradas las vigas de madera que sujetaba el suelo al que se subía el monaguillo para tocar las campanas que se intuye serían pequeñas por el tamaño de los huecos. Bajo los huecos nos imaginamos una hornacina apoyada en las vigas que vemos que le han venido bien a unos "chorizos", en ella se situaría una imagen. Es increíble el cambio de la luz, es un placer poder disfrutar de la belleza que se logra con cuatro cantos, la niebla criba la luz del sol que ilumina a esa piedras que por cierto están muy bien puestas para aguantar tantas decenas de años, se ve la buena mano del maestro cantero. El tiempo ha visto caer los muros laterales, los forjados, han quitado algunas  piedras de las mochetas además de los dinteles y sigue en pie, un auténtico superviviente.


Positivo.


          Volvemos al camino, no se nos ha pasado el hechizo cuando nos vemos encajonados entre los muros que ha excavado en la piedra caliza segoviana el río San Juan durante milenios, le acompaña al río el bosque de ribera con los chopos teñidos de su color amarillo otoñal que le embellecen aún más si cabe.


Amarillo chopo.


        Hay vida detrás de la amputación.


Renacimiento.


         Ya empezamos a ver los nidos de los buitres en los huecos de los farallones a los que se asoman antes de echar a volar, debe ser la hora, porque en el "carajo del palo mayor" hay tres "vigías" encargados de ver por donde vienen los del "Tele despojo" que ya va haciendo hambre.

Centinelas.


         Multitud de cuevas encastradas en ambos lados despiertan la curiosidad, pero sobremanera una que podría albergar a "los cuarenta mil ladrones" de Alí Babá por su tamaño.



        Atención "Houston contacto"

Puente de Villaseca.


         Cruzamos el puente sobre el Duratón y donde vemos el cartel de la cueva de los Siete Altares dentro de la cual se conservan además de pinturas rupestres siete hornacinas de la época visigótica. Dejaremos la visita para la vuelta y comenzamos a subir por una suave pendiente donde nos encontramos dos ejemplares uno al lado del otro con las mismas diferencias de siempre que nos hacen  pensar si estamos ante dos especies distintas o son diferencias por el sexo, siempre dudamos si son sabinas o enebros, tenemos que estudiar el tema. ¡Madre mía, que fotos!



         Continuamos entre juníperos y en un claro aparece ante nosotros una espectacular calzada dibujada por miles de "cogutas" de chopo que dan la sensación de haber sido podadas con el corta setos.

La calzada imaginaria.


         Cambia la flora del camino ahora nos flanquean Quercus repletos de sus bonitos frutos con sus gorros (cascabullos), sus orondas  bellotas (cotiledones) y que acabo de leer que algunas de sus especies son toxicas por exceso de taninos, menudo disgusto, menos mal que a los cerdos les gustan y suponemos le dan un sabor por lo visto excepcional. 

Cascabullos y cotiledones.


        Alcanzamos la cota 1030, cambio de rasante desde donde divisamos la espadaña de la iglesia de Villaseca de la que nos separa una pequeña vaguada, desde aquí se divisa el tremendo trabajo de los "titanes esteparios" de un año escacharrado, tierras roturadas, aradas y sembradas para que te salgan miles de girasoles "tísicos" que se quedarán en las tierras como alimento para los demonios, duele verlo, no nos imaginamos lo que tendrá que sentir el agricultor, la crudeza del cuadro de los girasoles resecos se mitiga con la belleza de la forma de sus flores en la que las semillas se distribuyen mágicamente hasta el punto de que nos hipnotiza, algún ejemplar se le ve bien comido y de tamaño considerable, una pena porque han perdido sus preciosos colores, pero no se puede dejar de admirar su forma, es gratificante, es una auténtica obra de arte, parece mentira que de una pipa salga esta maravilla, la magia de la naturaleza.

      Descubrimos que es tal la fascinación de los girasoles que la ciencia también se ha fijado, hasta el punto que un matemático llamado H. Vogel ha propuesto un sistema que denomina coordenadas polares que explica de alguna manera la formación del receptáculo de los girasoles, este modelo es muy utilizado en física y trigonometría, es fascinante hasta dónde llega la imaginación de algunos humanos.


Asombroso el parecido con la formación del girasol.

         No menos llamativos son algunos de los nombres vernáculos que se le da al girasol, tan bonitos como, flor del Sol, Rosa de Jericó, Copa de Júpiter y muchos más.

Helianthus annuus


        Pasamos la cañada y llegamos a la meta del día.





       Nos damos un pequeño paseo por el pueblo donde charlamos con un paisano y a continuación nos dirigimos a la pequeña iglesia románica. Tiene un pórtico acompañado por dos arcadas, una a cada lado que están tapiadas, todo muy sencillo como todo el templo. Sobre la cubierta vemos el campanario de la espadaña resguardado con un pequeño tejadillo que utilizara el campanero para cobijarse cuando toque "A pende".


Iglesia de Santo Tomás.


        Dejamos la puerta principal para ver la retaguardia donde nos encontramos con el sacramental del pueblo, es pequeño pero como están recientes los días de todos los santos y la conmemoración de los fieles difuntos, está impecable, no habíamos visto nunca un cementerio entero rastrillado, repleto de flores, brillante y "pasado el aspirador", bien es cierto que es pequeñito.

"Porta caeli"


         Con perdón, pero en este momento nos viene de perillas recordar aquello que escribiera Cervantes: “váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza”. Dicho y hecho, nos sentamos en unas piedras que nos recuerdan el palco de un teatro, no precisamente por su comodidad pero si por la sonoridad, un coro compuesto por cientos de diferentes especies de pájaros, entre todos interpretan un "Allegro ma non troppo", que nos ameniza los sándwich de "Menisco" que nos hemos comido.

         Arrancamos el camino de vuelta, curiosamente vamos por el Camino a Sepúlveda que arranca en la misma puerta de la iglesia de Santo Tomas y en vez de ir a Sepúlveda va hasta la ermita de San Frutos. Dejamos el merendero y cruzamos el camino para ver venir los coches, es asombroso el tremendo tráfico que tiene el camino, que por  cierto está repleto de baches, será difícil ver un camino rural con está cantidad de coches y ¡que coches!

         Nos encontramos con un pastor que nos mira con asombro y nos pregunta que donde hemos dejado el coche, el ovejero, a la sazón hermano del paisano con el que habláramos en el pueblo que se encontraba lesionado, hablando con Félix que así se llama, le comentamos nuestra idea sobre el camino que pensamos tomar, nos comenta que no es muy buena idea dado que cada vez se usan menos y que nos vamos a perder (Lo que hacía falta decirle a un segoviano) tenemos que seguir la regla que hemos llevado en todas las etapas anteriores, por ello nos resistimos a volver por donde hemos venido y seguimos con nuestra idea, no sin antes comentarle que esté atento a los telediarios. Nos despedimos y continuamos. Cruzamos el arroyo con el redondo, profundo y rotundo nombre de arroyo de los Pozarrones, sorprendentemente aquí, en mitad del monte nos encontramos con un auténtico atasco de tráfico causado por una caravana, varios coches y dos autocares que vienen en dirección contraria. Nos tenemos que poner la gorra, sacar el silbato y ponernos a dirigir el tráfico en una vaguada en mitad de la nada, en un camino tachonado de baches, unas apropiadas y sabias maniobras realizadas por los conductores de los autobuses y rápidamente desaparece el problema, subimos un pequeño repecho y nos salimos por la izquierda en el paraje denominado con esa palabra de la que tanto nos gusta el continente y el contenido ¡El Porrón! A partir de aquí comenzamos con nuestro Vía Crucis particular, no tenemos cruces, un sol gigante que nos da de frente nos obliga a caminar viendo únicamente las punteras de las botas, caminos poco usados, en muchos tramos arados, tenemos que acercarnos a una de las múltiples "majás" para ponernos un poco a la sombra y para librarnos del acoso del sol. Viendo estas sencillas construcciones embellecidas por el paso del tiempo, las inclemencias de éste y el abrigo de los líquenes le dan un moteado precioso. Cada piedra, aunque sabemos que es quincalla nos parece una joya y sobre todo vemos una que nos dice: "no me miréis así que yo también me he asustado"


Toda la vida las paredes han oído y últimamente algunas ven.


           Volvemos al camino, el sol nos sigue cegando, la senda se nos va desdibujando entre los pies, también ayuda mucho el trabajo de los tractoristas que no levantan los arados cuando los cruzan de un sembrado consiguiendo hacer desaparecer los caminos bajo los surcos. A la altura de La Covatilla le hacemos caso a Félix y nos perdemos un poquito, el despiste nos lleva hasta El Mirón donde corregimos el rumbo hacia Los Corralillos, hacemos un alto, lo que vemos no nos ayuda, es curioso ver que los arboles no agobian pero nos encontramos un poco desorientados.


Al oeste.

Al este.


         Continuamos corrigiendo el rumbo, salvamos una pequeña vaguada, ¡aleluya!, nos encontraos con una senda apenas perceptible que seguiremos. Está quedándonos bastante claro que los caminos se usan poco o casi nada, ¡qué razón tenía Félix! Nos topamos con un chozo de pastor en un estado impecable, una preciosidad hecha por un artista, admirable.


Joya de piedra, preciosa.


        Por lo menos si se nos echa la noche encima tenemos "casa rural" donde refugiarnos, otra ración de ceguera solar. De repente nos cambia el metabolismo y nos invade una agradable sensación cuando descubrimos el bosque de ribera que nos indica que hemos vuelto al buen camino.


La belleza del bosque de ribera.


         Hacia el norte descubrimos "El Gran Cañón del Duratón", el nuestro, el segoviano, el genuino, precioso, impresiona ver la altura del despeñadero, revisando las curvas de nivel vemos que hay una diferencia de nivel de noventa o cien metros aunque no lo parezca al estar camuflado por la arboleda.

Desfiladero.


         Llegamos al paraje de La Pinta, la suerte nos acompaña, descubrimos a un "eremita meditando" en lo alto del acantilado mirando hacia el sol, teniendo en cuenta el lugar y las circunstancias, cuando nos ve aparecer mirándole con la boca abierta también se sorprende. Comenzamos a charlar, encantador, no es un "monje tibetano", en todo caso sería "monje segoviano" que es de donde viene, Fernando, para nosotros "San Fernando", conocedor del lugar nos indica el camino que debemos seguir. Tenemos que dar gracias al encuentro, de otra forma posiblemente nos hubiese costado encontrar la pequeña senda de vuelta, le agradecemos la exposición de sus conocimientos sobre el entorno, el coloquio y sobre todo las indicaciones ¡nos vamos! Pronto nos damos cuenta de que vamos por lo que podríamos llamar la "garganta del Duratón" dada la altura, senda angosta, alguna pequeña dificultad, unas gotas de vértigo, la belleza del sotobosque, nos damos cuenta que las dificultades son menores y comenzamos a bajar y a la mitad del descenso miramos por donde hemos venido, "Mamma Mia".


La garganta del Duratón.


             Llegamos a la vera del río para disfrutar de un entorno de una calmada belleza con un silencio roto únicamente por el rumor del Duratón, posiblemente será uno de los parajes más hermoso, escultural y majestuoso. El Cañón del Duratón, este río que durante millones de años ha erosionado la caliza para darle la forma actual, tantos años de trabajo le han dejado cansado, bien se ha ganado el poder discurrir tranquilamente.


Melodía acuática.


         Ya sabiéndonos en el buen camino nos disponemos a disfrutar de la floresta de la cual forman parte unos llamativos, altísimos, desnudos y esbeltos chopos. 


Esperando al pintor.


        Al tiempo que disfrutamos de la senda vemos en la escarpadura de la izquierda las cuevas del Santero y del Cura de gran tamaño, en la margen contraria aprovechando las grandes oquedades las cerraron antiguamente con muros de piedra para convertirlas en vivienda, establos o pajares, hoy en día ya en desuso se caen a pedazos.

          También nos encontramos con nuestro "Monte Rushmore" particular, en este caso está hecho a lo segoviano, como no hay presupuesto se ha encargado la naturaleza de la ejecución, la idea que ha tenido nos ha encantado, ha representado a una famosa marioneta que la hemos visto trabajando muchas veces en el festival de Titirimundi que tanto a nosotros y a la gente menuda.

Arriba al fondo Cascanueces.


         Nos enteramos que este último tramo la llaman La Senda de La Molinilla, es cortita pero muy recomendable, hoy los chopos están desnudos, muy bonitos, pero cuando estén repletos de hojas verdes en verano un espectáculo y con ellas amarillas en otoño tiene que ser un placer.

          Llegamos a la altura del chiringuito que hoy está cerrado y nos encontramos de nuevo con nuestro "San Fernando", una enciclopedia viviente del lugar con su fluida y amena conversación que tenemos que interrumpir de momento. Nos volveremos a ver, tenemos amigos comunes en Segovia. Nos vamos que se hace de noche tanto que no podemos pasarnos a ver la cueva de los Siete Altares, nos quedamos con las ganas,  otra vez será. Cruzamos el puente sobre el Duratón que está adornado con varios ejemplares del escudo de la provincia de Segovia.


Escudo de la provincia de Segovia.


         Salimos del "Cañón del Duratón"  dejamos a nuestra izquierda las ruinas de lo que nos ha confirmado "San Fernando" fuera una ermita, dejamos de nuevo atrás, ahora en sentido contrario el  cruce a Villar de SobrePEÑA, y llegamos de nuevo a San Miguel de Neguera ya de noche. Nos descargamos y a casa contentísimos de lo que nos ha hecho disfrutar la etapa del día de hoy.

          P.D.- Deseando hacer la decimotercera y última etapa de nuestro Camino de San Frutos tan particular ¡Que llegue ya!

  


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