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jueves, 25 de junio de 2026

01-03-26 Escarabajosa de Cabezas - II

 



28-02-26

Segovianos por Segovia

Escarabajosa de Cabezas - Mozoncillo


Segunda ocasión en la que visitamos el pueblo que tiene el curioso nombre de Escarabajosa de Cabezas. Consultando, descubrimos que la peculiaridad del nombre puede tener varias raíces. A lo que le sumaríamos que curiosamente nos encontramos en Segovia con otro Escarabajosa, este con "el apellido" de Cuéllar. También hubo otro en la provincia de Ávila. Se sabe que a los paisanos del pueblo no les gustaba mucho el nombre. Por lo tanto, optaron por cambiarle el nombre por el actual de Santa María del Tiétar

Rotulo del pueblo escoltado por un triunvirato de de columnas.

La primera visita que hiciéramos al pueblo nos llevó dirección sureste hasta Cantipalos; a la vuelta, vimos que hacia el noreste se hallaba otro pueblo con el bonito y llamativo nombre de  Mozoncillo y, como no podía ser de otra manera, no hay que ser muy listillo para darse cuenta de que pronto nos entró "el gusanillo" y hoy será el día que vayamos a Mozoncillo. Aparcamos en el Descansadero, que a la vez hace las funciones de Plaza Mayor, en la que se encuentran el ayuntamiento y la iglesia. 

Hito conmemorativo.

Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Preguntamos a todos los vecinos que nos encontramos, incluso al mosén que salía de la iglesia en esos momentos; nos tuvimos que venir con la curiosidad de saber de qué especie se trataba. Posteriormente, llamamos al ayuntamiento y a un vivero que hay allí, pero no supieron darnos una respuesta.  Cuando vemos hoy su delicada corteza en tan mal estado, suponemos que habrá sido producto de la drástica poda hecha "a lo segoviano", lo que nos crea una profunda desazón.

16 Enero 2021

Los daños que sufre la corteza son evidentes; afortunadamente, parece que algunas pequeñas ramas dan la sensación de que siguen con vida. Confiemos en su recuperación.


28 de Febrero de 2026

Comenzamos la etapa saliendo por el camino de Escarabajosa, que nos acerca al paraje de Carracuadrón, por el que seguimos hasta el primer cruce, donde nos vamos por la izquierda hacia Valdeporras. Allí nos encontramos con un tractorista en plena labor; nos quedamos como "las vacas al tractor". Se da cuenta de que no vemos muchos tractores normalmente y ahora es él el que se queda como "tractorista al caminante"; posteriormente nos dirá que no es muy normal ver peatones por estos caminos. Ha parado frente a nosotros, pues nos ha visto necesitados de información; se baja, momento que aprovechamos para aprender cosas nuevas, por ejemplo, cómo se llama "el arado múltiple que lleva". Se llama vertedera, como el trabajo que hace; es increíble ver cómo, usando la potencia del tractor, es capaz al mismo tiempo de cortar, girar y desmenuzar el terreno a una profundidad de cincuenta centímetros. Una vez acabada la lección, el amigo Alberto se monta de nuevo en su "macromula mecánica", le coloca las ruedas de la derecha en el último surco que ha hecho viniendo y se aleja con el "multiarado" incrustado, dándole una nueva vida a la tierra. Vemos una bandada de cigüeñas que, hambrientas, vienen "al bufet libre de acridios, lumbricidos y coleópteros" que les facilita nuestro amigo el tractorista al remover las tierras para no dejar de suministrarles alimentos. Ahí tienen tarea para rato, los dos, tractorista y necesitadas cigüeñas.                                                                                                                             


El chef y sus comensales.

Unos metros más adelante nos encontramos con una nueva curiosidad desconocida por nosotros. Por primera vez vemos unas tierras sembradas de zanahorias, con una pequeña montaña de zanahorias recién recogidas que haría felices a Roger Rabbit, Tambor o Bugs Bunny y sobrarían para endulzar el menú de muchos burros y caballos.


Montón de raíces.

No salimos de nuestro asombro cuando vemos al estoico observador que asiste inmóvil al crecimiento del trigo; contemplándolo, nos da la sensación de estar viendo al "ninot indultat" que se ha salvado de "la cremá".
 
El esqueleto.

Después de subir una ligera pendiente, llegamos al cambio de rasante que nos permite divisar a nuestra espalda a Escarabajosa y al frente a Mozoncillo; también vemos a nuestra derecha lo que nos pareció una ermita (posteriormente no lo hemos podido confirmar).

La presunta capilla.

Continuamos para encontrarnos con "una necrópolis de tocones", museo de secretas bellezas irregulares, subterráneas, vergonzosas que existen ocultas durante toda su vida y que solo el hombre, con la ayuda de hercúleas máquinas, es capaz de sacarlas a la luz. Esto ha hecho posible su estudio y el descubrimiento de cómo las raíces son, en principio, el embrión que dará origen al futuro árbol. Las raíces desempeñan funciones de "aparato digestivo"; obtienen "mágicamente" el agua y los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo. Al mismo tiempo, anclan al terreno para evitar daños. Desde luego, es un universo fascinante.


Cementerio de toconas.

Antes de llegar al pueblo, descubrimos una llamativa vacada de raza berrenda; curiosamente, dentro del mismo terreno los tienen en colorado y en negro. Nos preguntamos si, al cubrir el semental rojo a las vacas negras, se conseguirá por primera vez la raza de "berrendos en granate".

Vacada manchada.

Entramos por primera vez en la vida a Mozoncillo por la calle Escarabajosa, que nos lleva a la espaciosa y luminosa plaza de la Hermandad.


Las vacas del pueblo...

Hacia el norte por la calle Escobar nos encontramos con "el primo de Zumosol" de Mozoncillo.

Musculoso.

Llegamos a la plaza Mayor donde descubrimos al edificio del ayuntamiento. 

Consistorio.

Este se halla coronado por una espadaña que es una pequeña obra de arte; está compuesta por un frontal con dos refuerzos laterales y otro en el centro. Sobre este se halla un arco de medio punto en el que se sitúa la campana que antiguamente, cuando no había las tecnologías modernas, se usaba para anunciar toda clase de sucesos. Tiene un detalle curioso: un reloj que, condicionado por el contrafuerte central, se ha visto obligado a desplazar lateralmente, dejándole descentrado.

Campanario.

Descubrimos esa "joya-cartel" que en nuestra inocente niñez nos decía que los "cowboys" no negociaban con "los indios chilenos". Con el tiempo descubriríamos que el mensaje que anunciaba eran los fertilizantes para abonar los campos de cultivo y que lo extraían laboriosamente de las llanuras inagotables del desierto de Atacama. Hoy en día los fertilizantes están más controlados, pero siguen teniendo múltiples aplicaciones beneficiosas, por ejemplo, aunque suene a chino, su uso como vasodilatador para sanar enfermedades cardiovasculares.

El caballista chileno.

La iglesia de Mozoncillo tiene varias reformas, pero su primera piedra se puso en el siglo XII y ocho siglos después siguen en su sitio y esperemos que por muchos siglos más para poder seguir disfrutando de ella.

Iglesia de San Juan Bautista.

Adosadas a la cabecera vemos la vicaría con la espalda bien protegida por una robusta torre romanica, con ocho campanas, otras tantas cigüeñas y coronada por un estilizado chapitel con su veleta y la obligada cruz.

Campanario de la parroquia.

Hoy, en la tranquilidad que predomina en los alrededores de la iglesia, disfrutamos de la textura de las centenarias columnas graníticas, del olor que desprende el pequeño y cuidado jardín, de la vista del soleado atrio, del concierto interpretado por la "banda-da" de los múltiples pájaros y, al mismo tiempo, degustamos un delicioso bocata de "cochinillo", como no podía ser de otro modo en Mozoncillo. El tiempo se nos pasa volando.  ¡¡¡Qué rico nos ha sabido el bocadillo en Mozoncillo!!!


Nuestro comedor.

Deja atrás la iglesia por la calle de la Virgen y en la esquina que forma con la calle Arroyo Abajo nos llama la atención una cubierta repleta de chimeneas; nunca habíamos visto nada igual. Tenemos que controlar la curiosidad, imposible no informarnos; para ello llamamos al ayuntamiento, nos atiende una señorita muy amable que nos explica que era un ¡secadero de achicoria! Menudo descubrimiento, no salimos de nuestro asombro, sobre todo teniendo en cuenta que somos amantes de la achicoria; nos gusta y mucho.

No nos cuesta mucho encontrar un excelente blog dedicado al estudio del patrimonio industrial; en él leemos un artículo donde descubrimos la importancia que tuvo en varios pueblos de Segovia. Allí nos cuenta la historia de las fábricas que elaboraban la achicoria en Mozoncillo; en él, entre otras, se describe la que se encontraba en la nave que nos atañe y donde nos indica que era el secadero de don Petronilo, además de explicar la transformación necesaria para procesar las plantas que llegaban al secadero.

- Separación de las hojas de la raíz y lavado de esta.

- Cortado de las raíces en trozos pequeños.

- Secado.

- Tostado.

- Molido.

- Envasado.

 

Todos los trabajos son explicados meticulosamente y así se puede entender la dureza que se daba en la elaboración. Lo primero que tenemos que entender es que estamos hablando de que se empezó a producir a la finalización de la guerra hasta la década de los setenta, que el café tomó más relevancia.

Como explicaba el blog, los duros trabajos empezaban por lavar y separar las hojas de las raíces y esto se hacía en los meses de invierno. Posteriormente, había que cortarlas para hacerlas más pequeñas. Este duro trabajo se hacía a la intemperie, como mucho ha cubierto de un chamizo. Posteriormente, venía otro duro trabajo: el secado y tostado. Esta labor se llevaba a cabo en la bajo cubierta de la nave de la fotografía; su suelo estaba formado por una rejilla metálica que dejaba pasar el calor producido por los hornos ubicados en la planta baja, haciendo subir la temperatura a los cincuenta y hasta sesenta grados, lo que puede dar una idea de lo que tendrían que soportar los operarios volteando la achicoria para tostarla. Y no creamos que aquí acababa el martirio; quedaba el molido y envasado, trabajos que producían mucho polvo que también conllevaba su dificultad. Todas estas adversidades provocaron la emigración de mucha mano de obra en busca de trabajos menos duros y, supongo, mejor pagados.

Solo nos queda explicar la función de las múltiples chimeneas que colonizaban la cubierta, autoras de nuestra curiosidad. Como es lógico pensar, las más altas y robustas eran las encargadas de evacuar el humo de los hornos y la legión de retacos provistos de sus VIROLAS con veleta que les permitía adivinar la dirección del viento y que se encargaban de que respirase el secadero.

El secadero de Don Petronilo.

Saliendo por la calle Segovia, dejamos la plaza de toros a la derecha y a la izquierda la ermita de Jesús de Nazaret. Nos llama la atención un escudo que vemos adosado a una estropeada caseta a la salida del pueblo; imposible que no nos sorprenda, teniendo en cuenta que, estando situado en plena meseta segoviana, el emblema sea un ancla naval que asoma por el ojo de un puente soportado por dos vegetales laterales. En el de la izquierda podemos apreciar claramente al manjar del cerdo, las bellotas; en la derecha podría ser una palmera. Nos corroe la curiosidad: ¿De dónde vendrá? ¿Qué significado tendrá? ¿Qué curiosidad?


El escudo misterioso.

A la altura del paraje de Las Cabezas damos vistazo de "360º" a estos terrenos tan distintos a nuestro entorno; mirando al este, al fondo se ve la presunta ermita, más cerca los tristes, pero necesarios, barbechos; suponemos que discurre el arroyo Arevalillo, jalonado por el escaso sotobosque que aprovecha de sus escasas aguas, más barbechos y todo coronado por unas bonitas hiladas de nubes segovianas.

El Arevalillo oculto.

Cogemos el Cordel de Segovia y cruzamos ahora por encima del Arevalillo donde vemos  a sus pequeños meandros mostrándose más caudaloso de lo que nos maginábamos.

El Arevalillo mostrandose.

Vemos recortado al fondo a Escarabajosa con su bonito felpudo verde situado a su puerta y su artesonado confeccionado con más estratos segovianos.

Nuestra meta.

Dejamos el Cordel de Segovia para tomar el Camino Real que nos lleva hasta el descansadero que hay habilitado en el centro del pueblo y que ya dejaran indicado en un "Manolito" con su leyenda en el año 2006.

Principio y final de la etapa de hoy.

Nos despedimos de la campiña segoviana después de disfrutar de un día excelente.


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jueves, 7 de mayo de 2026

29-11-25 Moralzarzal

 


       29-11-25 

Tras el largo tiempo de "varadero en los astilleros" para las reparaciones necesarias, 604 días después asistimos a la "botadura" del Comando Peñota y "zarpamos" de nuevo para "surcar" los caminos y hacer una primera etapa de dificultad moderada.

Astilleros Astander.


 El regreso del Comando

Tras la sarcopenia cosechada por la larga inactividad y la pérdida de peso, hoy, una vez "recauchutados" para otros treinta mil kilómetros más, ha llegado el ansiado día en el que "levamos anclas" de nuevo para tratar de ir cogiendo la forma. Para ello escogemos una etapa cómoda y benévola climatológicamente hablando.

Nos vamos hasta Moralzarzal (en adelante M.), que será nuestro punto de partida, donde nuestro amigo Carlos tiene el detalle de invitarnos a desayunar un chocolate con churros, por cierto muy ricos. Nos despedimos porque no puede acompañarnos; su hijo tiene partido hoy.

Arrancamos desde el centro de la glorieta del Caño; enfrente queda la iglesia del Arcángel San Miguel, con la nave realizada en mampostería y la torre de las campanas, que se supone construida con posterioridad en sillería de granito de la zona. Viendo el enorme trabajo realizado por algunos de los canteros del pueblo, entendemos la ubicación en esta plaza del monumento para honrar a estos maestros, a los que tanto admiramos y que tanto echamos en falta en nuestro pueblo, cuna de grandes picapedreros que hacían extraordinarias obras que están repartidas por todo el término y que ya no se repetirán dada la ausencia de esos reservados y pétreos trabajadores.  

Iglesia de San Miguel.

Dejamos atras la glorieta por la calle del Raso para salir del pueblo por la vía de curioso nombre, llamada Las Camachas que dejamos por la izquierda para coger el camino que nos llevara hasta Becerril de la Sierra (En adelante B. D. L. S.), casi no hemos dejado el pueblo y paramos para quitarnos el gaban, hace una temperatura estupenda, nos sorprende ver un pequeño arroyo corriendo a estas  alturas del año, no somos capaces de adivinar su nombre, que "gustirrinín" disfrutar de un camino ancho y en perfecto estado al tiempo que nos alegran la vista los colores otoñales que tanto nos gustan. A todo el conjunto debemos añadir que, al fondo, descubrimos el perfil recortado y gigantesco de La Maliciosa, de nombre poco agraciado, hermanada con su familia de la Cuerda Larga, que no nos abandonará en toda la etapa.

Vamos custodiados por fresnos, robles, encinas, y algún enebro, con toda la gama de colores otoñales, verdes, amarillos, naranjas, rojos ,morados, marrones, que nos dan la sensación de estar arropados por un precioso arco iris botánico.

Camino a la fuente del Piojo.

Hace un tiempo descubrí en nuestra capital la calle con el curioso y antónimo nombre de Muerte y Vida. Ya entonces con curiosidad leí sobre el motivo de tal nombre, que data de los tiempos de los comuneros y en la etapa de hoy nos encontramos con una cruz de corto pie, ambos brazos amputados, coronada por una pequeña cúspide y con una leyenda grabada a maceta y puntero profundamente en su voluminoso pedestal. Es imposible que no nos pique la curiosidad, como no podía ser de otra manera, y todavía no salimos de nuestro asombro. Es increíble que después de 158 años nos encontramos con "un informe policial" muy completo que nos dice que en el camino de Moral a Becerril, a la altura de la Cerca de Reajo, antes de llegar a la fuente del Piojo, lugar en el que se halla la cruz, allí se encuentra el cadáver de Raimundo Martín Barrios, vecino de Becerril, propietario del Molino de Barrios, situado a tres kilómetros del ayuntamiento de Moral y a cuatro y medio del de Becerril. Del fallecimiento hay dos versiones: una que dice que un bandolero le mató para robarle la alforja y los escudos que llevase, y una segunda versión cuenta que el motivo del viaje de ese día era cobrar una deuda que, dadas las circunstancias, no se cobró. Una pena que por aquellos entonces no había cámaras, no se sabía de la existencia del ADN, ni de huellas dactilares, etc., lo que nos lleva a concluir que definitivamente archivamos el caso como "crimen sin resolver" y que nos deja "in albis".

Requiescat is pace semper.

Nos hallamos cerca de Becerril, por lo que pronto llegamos a su periferia, donde tomamos la Avenida de las Flores, que nos conduce hacia el norte para cruzar la M-623 para encontrarnos con un bello monolito que nos indica el nombre del pueblo y el buen hacer de sus canteros.

 
"El manolito"
A nuestras espaldas tenemos la Iglesia de Nuestra Señora del Valle. De reciente construcción, tiene una edad de 58 años, pero lo realmente llamativo es la curiosa formación de su cubierta, denominada con el atractivo apelativo de paraboloide hiperbólica. Preciosa, nos encanta; nos habría gustado verla por dentro, pero estaba cerrada.

Nuestra señora del Valle.

Los árboles que la rodean no nos dejan hacer una foto que nos enseñe su belleza. Nos hemos permitido la licencia de coger prestada una fotografía de la página ESPACIO Gris, en la que se intuye que fue tomada al finalizar la obra. Se aprecian los muros verticales realizados en hormigón encofrado horizontalmente, múltiples cristaleras y el remate con su cubierta de forma paraboloide hiperbólica, al verla nos da la sensación de que han superpuesto un lienzo, pero realmente ese "trampantojo" está realizado también con hormigón que, con un tratamiento, está teñido de verde, de un color similar al telón de fondo, la cuerda larga recortada bajo el cielo ¡una preciosidad! 

Paraboloide hiperbolica.

Subimos por el Paseo de La Ermita, donde nos encontramos con una pieza de "micro-mampostería" que deja patente las buenas manos de los "canteros de precisión" del pueblo.


Mini casa.

Tomamos la calle "camino" San Muriel donde cruzamos sobre el río Navacerrada. 

Río Navacerrada.

Retomamos la carretera del Escorial que rápidamente dejamos por la derecha para tomar el Cordel de Castilla, en que se le ve claramente que han querido gastar las piedras irregulares que tenían en las canteras para obstaculizar el aparcamiento de vehículos y dejar libre la cañada para el posible paso de los ganados. Realmente es llamativa la colocación al tresbolillo de cientos de cantos de granito gris clarito e irregulares en ambas márgenes, quedando una formación artística.


Mil cantos.

Continuamos con la idea de visitar la iglesia de San Andrés, realizada en estilo barroco. Lo primero que vemos es la robusta torre del campanario, realizada con la piedra de granito que tanto nos gusta. Nos acercamos al pórtico sujetado por unas bonitas columnas afeadas por las que hoy en día se podría decir que necesarias verjas "frena-cacos" que se encuentran cerradas y no permiten el paso al atrio, pero nos permite ver la posible fecha de la conclusión de las obras en el año 1609.


Iglesia de San Andrés.

Llegamos al punto más cercano de la Maliciosa, nuestra compañera constante de viaje, y de la que desde este momento nos iremos alejando.


2227 m. sobre el nivel del mar.

Dejamos el rumbo noreste dando media vuelta para tomar la dirección suroeste; se nos suman nuevos condicionantes: la hora, la pendiente favorable y el más urgente, el apetito. Nos tiramos a tumba abierta, cruzamos en sentido inverso la Carretera del Escorial y, llevados en volandas por todo el cúmulo anteriormente expuesto, llegamos al Camino de Moralzarzal. Desde aquí vemos dos piedras con muchos puntos para ser nuestro comedor de hoy; efectivamente, nos van de perillas. Rápidamente tomamos posesión y, a medio bocata, caemos en la cuenta del continuo y abundante paso de senderistas que utilizan este camino para bajar la comida en su paseo a la fuente del Cañuelo. Después de responder a los múltiples deseos de buenas tardes y terminados los bocatas, nos despedimos para continuar con el camino entre encinas y dehesas con ganado vacuno, disfrutando de sus deliciosos pastos. Llegamos a una encrucijada en la que coincidimos con el camino que hemos hecho en la ida y donde descubrimos las primeras construcciones de El Retamar, donde se nos exhibe una curiosa obra metálica. Leemos que antiguamente era el depósito de suministro de agua del pueblo; una vez desmontado, ha quedado su armazón a la vista y se le conoce por el nombre de platillo volante, dada su apariencia.

El ovni.

Dejando a la izquierda la vereda que lleva a El Berrocal-Retamar, tomamos en sentido contrario la pista por la que subiéramos esta mañana y pronto nos encontramos frente a la iglesia de Moralzarzal. Después de disfrutar de un hermoso día por estos terrenos ignotos, nos despedimos de los cebolleros y nos vamos a nuestro pueblo a descansar.

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miércoles, 1 de abril de 2026

04-02-23 Vegas de Matute

 04-02-23 

Vegas de Matute - Ermita de San Antonio

                

Sufrimos un curioso caso de regresión mental, concretamente a nuestra primera vez que oíamos hablar de las Vegas de Matute, hace más de seis décadas. Una caterva formada por chavales que están disputando una "encarnizada" partida del famosísimo deporte de las canicas en la variante del "guá". La pandilla excitada y vigilante rodea, supervisa al rival para que juegue fiel al reglamento mientras se desgañitan exigiendo la famosa norma no escrita de "Hagas no rellenar, ni ná, ni ná, ni ná...". El jugador, con mucha pericia y gran tino, canta sus aciertos: ¡primeras! ¡Pie! Sí, señor, por poco, pero entra, ¡Matute! Y ¡¡¡Gua!!! El resultado lleva al éxtasis al "deportista" que salta de alegría. De repente, varios actores de cuatro patas y grandes orejas interrumpen la celebración. Embobados, asistimos por primera vez a la aparición de la pequeña reata de borriquillos conducida por el que posteriormente conoceríamos como señor Linos. Para nosotros, que no habíamos salido del pueblo, nos parecía un aventurero, "lo que sería hoy en día una especie de Indiana Jones". Venía vestido con su "traje de camuflaje", compuesto por alpargatas de lona, boina "macho" negra, de lana, chaqueta y pantalón de pana color aceituna ajada que teñía su cara de color cetrino. Hombre prudente, enjuto, "gratinado" por el sol, de pocas carnes y hueso duro, fue el último buhonero. Hizo cientos de viajes de Las Vegas a San Rafael y viceversa con sus mercancías; traía cebada, trigo y centeno que se usaba en la alimentación de cerdos, gallinas, caballerías, etc. A la vuelta se llevaba los pedidos y otros elementos.

Con estos recuerdos en la cabeza, salimos a la calle donde nos encontramos con Pepe. Charlando sobre el tema, nos da un nuevo dato: la venta del grano se realizaba midiéndolo con el celemín, que equivalía a 4,6 litros. Nos preguntamos cuántos celemines traería en cada viaje con la reata de borriquillos.

En otra conversación, Julio nos comenta un dicho de aquellos entonces, que decía: "Aunque veas salir humo de las Vegas, no creas que cuecen pan, que lo que cuecen son piedras", en clara alusión a los hornos en los que calcinaban la piedra caliza. Posteriormente, hablábamos con su hermano; nos recordaba que cuando iniciaba el regreso, montaba a los chavales hasta la salida del pueblo. Como no podía ser de otra manera tratándose de este tema, teníamos que hablar obligatoriamente con nuestro amigo nativo de Las Vegas, que algo sabrá del tema, como así nos demostró ampliamente. Por supuesto, sabía sobradamente de la existencia del dicho sobre su pueblo, aunque no está muy de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que su padre era el panadero y, por supuesto, su horno también humeaba. Pero el mejor dato de todos los posibles nos lo da cuando nos comenta que nuestra vecina y buena amiga de mi madre también es de Las Vegas (cosa que no sabíamos) y nieta de un segundo "transportista" que hacía el mismo recorrido. Este traía cal para pintar fachadas y para los albañiles; también traía arena fina que utilizaban nuestras madres para limpiar las baldosas hidráulicas, entre otras cosas. Nos comentaba que en algún viaje acompañó a su abuelo. Tanto viaje nos lleva a pensar cuál sería el camino que tomaban, distancia, tiempo, los rigores, etc. Echamos mano de las herramientas pertinentes que nos indican que hay catorce o quince kilómetros y muy alegremente, como mínimo, tres horas; imaginamos que con los borriquillos se tardaría más, digamos cuatro horas, ida y vuelta ocho, a lo que habría que sumar el tiempo que destinasen a la venta de las mercaderías por el pueblo, lo que se diría podríamos llamar jornadas "veganas" de tres cuartos de día.


Haciendo honor a la transmisión oral que tanto se daba antiguamente y cada día más olvidada, aprovechamos la ocasión y el argumento para mantener amenas parrafadas con Julio, Pedro, Pepe, Juanito, nuestra vecina, etc. Nos ha entusiasmado tener la posibilidad de participar de los recuerdos y del agradable palique con estos amigos y del mantenido con algunas personas con más memoria que nosotros.     

          

Hoy levamos anclas en la "dársena de San Rafael" y hacemos "un cabotaje segoviano" con rumbo al "puerto" del que era oriundo el señor Linos; una vez allí, buscamos un "ancoradoiro" que nos permita fondear.

Nos aprovisionamos y desembarcamos para salir del pueblo por la calle Lobera para llegar a la Carcabilla, donde vemos el pozo de La Lobera, del que antiguamente se extraía el agua para este barrio. Una inscripción labrada con maceta y puntero en el frontis del dintel la data en el año 1789, hace doscientos treinta y cuatro años; cuánta sed habrá calmado a los vecinos del barrio.


Rodeamos por el exterior el pueblo desde el sur con dirección al oeste para encontrarnos con la avda. de San Antonio, lo que nos da una pequeña indicación de que vamos bien. Ahora cruzamos la urbanización Monte Vegas de norte a sur, ascendemos por algunas de sus calles donde nos vamos encontrando algunos miradores desde donde descubrimos la extensa y bella meseta segoviana.


  



Cuando se nos oculta la planicie, descubrimos un acopio de curioso nombre y que nos parece un poco desubicado.


El nombre no desdice de la construcción que alberga la parcela; efectivamente, la vivienda que acoge tiene forma de castillo, incluida su torre del homenaje, y si vistosa es la fortaleza, lo verdaderamente llamativo es la decoración "abstracto-chatarrera" que abarrota la parcela; es realmente asombrosa. La curiosidad nos hace preguntarnos desde dónde y cuántos viajes habrá costado traer tantísimo material. Habrá sido difícil, pero a este habría que sumar el ingente trabajo de creación y realización de tal cantidad de figuras, algunas de tamaño considerable.  Hay que reconocer en ellas la labor del artista que denomina al lugar el Museo del Inconsciente, que no será tanto cuando se da cuenta de ello.






Una vez pasada la sorpresa, caemos en la cuenta de que el apelativo del chalet le viene dado porque está situado en la calle llamada Mirador del Caloco. ¿¿Mirador??, nos preguntamos; por ello nos acercamos a un pequeño cambio de rasante donde rápidamente entendemos el porqué. Aquí descubrimos el triunvirato que forman El Caloco y sus "trogloditas", recortada sobre el cielo formando una sombra chinesca, donde vemos a El Caloquillo (1353 metros), Alto Caloco mediano (1433 metros) y el Cerro del Caloco (1662 metros), que se nos muestran en una imagen inédita para el Comando.



Dejamos atrás el llamativo "parque temático" para salir de la urbanización por un camino tapiado en ambos lados con piedras metamórficas autóctonas muy irregulares colocadas por las diestras manos de los "Mamposteros agrarios", otros artistas que han encajado hasta conseguir el perfecto equilibrio. Damos media vuelta en el paraje de Nava de la Zarza, donde disfrutamos observando la anárquica tapia hecha por los "canteros equilibristas"; es fascinante ver este caos completamente asentado, un puzle de un millón de "piedras".



           
De repente tenemos una preciosa aparición: se nos presentan, por un lado, la rotunda torre de la ermita y, a su izquierda, una estilizada espadaña que está como una sílfide. Queda patente que come más la torre que la espadaña. En estas estamos cuando nos adelanta un 4L azul en perfecto estado que nos trae gratos recuerdos vividos con un modelo que tuvimos en varios colores hace ya unos años. Llegamos a la explanada de la ermita, donde nos encontramos con la pareja que venía en el 4L; con ellos charlamos un rato y nos comentan que el verdadero dueño es su abuelo, que, además de elegir el bonito color azul que tiene, se ve claramente que lo cuida como a un nieto.

Comenzamos a rodear al oratorio en el sentido contrario a las manecillas del reloj, paralelos a la fachada este de la torre; doblamos la esquina y vemos cómo sobresale la cubierta unos metros. 




En la fachada norte se aprecia la robustez de la torre y un tejado que se le ve recientemente reformado con una puerta de acceso a los aseos en su frente, una ventana, un ventanuco y una encina que la adorna y oculta la trasera de la espadaña.
     


La fachada oeste vemos dos soportales, en el de la izquierda, más pequeño, sobre su dintel reza una leyenda que dice "año de 1774" que suponemos que es su año de construcción.
       



En el segundo porche que cubre una puerta de entrada a la ermita, tiene un pequeño ventanuco; esperando no volvernos estatua de sal, nos asomamos a él. Lo que vemos es un llamativo collage con el retablo con San Antonio en el centro de "presidente" y los del "Comando Visillo"



Cuando nos situamos frente a la fachada principal, nos deslumbra la luminosidad que desprende el granito Gris Villa con el que está realizada, que refleja los rayos del sol que le atacan por el sur. Nos permite apreciar el laborioso trabajo de los canteros. Vemos al pórtico rematado por una esbelta espadaña de dos cuerpos con tres troneras, aunque a día de hoy solo le queda una campana; la remata una preciosa veleta que nos indica que el suave viento que nos acaricia viene del oeste. Podemos ver también sobresaliendo a la derecha de la cubierta el "macizo" cuerpo del campanario que da la sensación de "ir todos los días al gimnasio", coronado por un pináculo, concluyendo un conjunto precioso y en un estado de conservación excelente.     






Llega la curiosa hora en la que entran en conjunción el estómago y el cerebro para recordarnos que tenemos apetito. Para estos menesteres nos han colocado estratégicamente una mesa al resguardo del aire de poniente entre "los tendidos de sol y sombra", donde desplegamos los medios auxiliares y la manduca que por arte de magia hacemos desaparecer ipso facto y que rico nos ha sabido.
 


         
Arrancamos la vuelta saliendo por la entrada principal, echando un último vistazo a la joya de San Antonio, y nos despedimos ¡hasta la próxima!




Nos vamos hacia el este, donde descubrimos uno de los múltiples ejemplares de encina que tiene el entorno.



La magia de la naturaleza nos sorprende de nuevo mostrándonos la función de compás doble realizada por dos tallos espinosos con varios metros de una zarza y que, con la colaboración del viento, dibujan dos arcos de circunferencia concéntricos. Nos preguntamos si seria la vista de algo parecido lo que llevase al matemático Arquímedes de Siracusa hacer sus múltiples estudios sobre las esferas, circunferencias, etc. incluso a calcular el numero Pi con mucha presidencia hace 2250 años .



El ilusionismo de la naturaleza y el no repetir camino cuando vamos de regreso nos descubren nuevas facetas de los parajes que envuelven a Las Vegas, ¡pero este es increíble! El camino hace una parábola que nos muestra la estación de esquí de Las Vegas y nosotros sin raquetas ni esquís.



Asombroso el cambio de registro: "guardamos los trineos" y entramos a una joyería donde descubrimos una infinidad de piedras preciosas de piel de lagarto de llamativo y bello color.




Cruzamos el paraje de Prado Toro; según vamos descendiendo, el terreno se va aclarando, lo que nos permite de nuevo descubrir la dilatada meseta segoviana. Cuando pasamos El Zancado, nos asomamos a un mirador en el que podemos disfrutar al divisar el pueblo a nuestros pies. Aquí es donde sucede la catarsis que nos lleva a estar tantos meses con la panorámica grabada en nuestras retinas y que nos ha ensimismado durante todo este tiempo. Han pasado meses bulléndonos las ideas; sabemos que todas ellas son ficción, pero la experiencia ha sido sublime.

El promontorio en el que estamos situados nos permite observar la mitad de nuestra pequeña geografía; es imposible describir detalladamente todo lo que se divisa desde el mismo, por el este; trataremos de detallarlo brevemente:

Al fondo, la sierra de Quintanar, La Mujer Muerta con su "señor", el pico de "Montón de Osos".

Difuminado está Otero de Herreros.

Se aprecia la urbanización de Los Ángeles de San Rafael

Imposible no ver la enorme cicatriz de la cantera de la que se han extraído miles de toneladas de material.

No se puede olvidar el Comando del despoblado de Matute, con su pequeña y muy querida por nosotros ermita del Rosario.

Más cercana al pueblo, vemos a la ermita de San Roque, el depósito de agua en el que trabajamos no hace mucho.

También vemos el camino llamado de El Espinar, por el que saldría el señor Linos con su comitiva de borriquillos cargados de cal, centeno, cebada, etc. en su peregrinaje a San Rafael.



Al norte, entre lo que se ve y lo que no se ve, la panorámica es infinita, qué decir:

El camino que en su día hiciéramos viniendo desde Valdeprados, Guijasalbas, Fuentemilanos..., no se ven, pero ahí están y lo sabemos.  

 El tiempo tan agradable que estamos teniendo durante todo el día nos permite disfrutar plácidamente del pueblo que está en total tranquilidad; nos detenemos unos minutos a observar la imagen que tenemos a nuestros pies; nos inundan olas de paz y tranquilidad. 


Tenemos que hacer hincapié en la sorpresa que nos llevamos cuando descubrimos que su iglesia está dedicada a Santo Tomás, que fuera arzobispo de Canterbury y lord canciller de Inglaterra en el siglo XII, dato que nos parece realmente curioso. Por supuesto, leyendo sobre su historia, no podían quedarse ahí las particularidades: en el año 1570 se encargó la dirección de esta obra a un maestro cantero de El Espinar de nombre Juan del Camino, que también trabajó en la iglesia de Otero de Herreros y a la vista queda su buen hacer.

Fotografía realizada durante la etapa hecha el 1-4-18

 

El oeste se nos oculta por el sol, pero de sobra sabemos que ahí está Zarzuela del Monte, pueblo inscrito con letras de oro en el libro del Comando. Y por supuesto muchas historias más.         

Una vez que hemos disfrutado de la visión desde la privilegiada atalaya en la que nos encontramos, solo nos queda decir que lo verdaderamente curioso ha sido que durante meses hemos soñado múltiples historias, encuentros, festejos, rutas, buenos ratos pasados con amigos, etc.; solo nos queda decir que nos gustan muchísimo más las vegas de Matute segovianas que las vegas de Nevada. 


Y ya se sabe, lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas, 
verdad José??? verdad Pedro???

      

         
         
         
         








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