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jueves, 7 de mayo de 2026

29-11-25 Moralzarzal

 


       29-11-25 

Tras el largo tiempo de "varadero en los astilleros" para las reparaciones necesarias, 604 días después asistimos a la "botadura" del Comando Peñota y "zarpamos" de nuevo para "surcar" los caminos y hacer una primera etapa de dificultad moderada.

Astilleros Astander.


 El regreso del Comando

Tras la sarcopenia cosechada por la larga inactividad y la pérdida de peso, hoy, una vez "recauchutados" para otros treinta mil kilómetros más, ha llegado el ansiado día en el que "levamos anclas" de nuevo para tratar de ir cogiendo la forma. Para ello escogemos una etapa cómoda y benévola climatológicamente hablando.

Nos vamos hasta Moralzarzal (en adelante M.), que será nuestro punto de partida, donde nuestro amigo Carlos tiene el detalle de invitarnos a desayunar un chocolate con churros, por cierto muy ricos. Nos despedimos porque no puede acompañarnos; su hijo tiene partido hoy.

Arrancamos desde el centro de la glorieta del Caño; enfrente queda la iglesia del Arcángel San Miguel, con la nave realizada en mampostería y la torre de las campanas, que se supone construida con posterioridad en sillería de granito de la zona. Viendo el enorme trabajo realizado por algunos de los canteros del pueblo, entendemos la ubicación en esta plaza del monumento para honrar a estos maestros, a los que tanto admiramos y que tanto echamos en falta en nuestro pueblo, cuna de grandes picapedreros que hacían extraordinarias obras que están repartidas por todo el término y que ya no se repetirán dada la ausencia de esos reservados y pétreos trabajadores.  

Iglesia de San Miguel.

Dejamos atras la glorieta por la calle del Raso para salir del pueblo por la vía de curioso nombre, llamada Las Camachas que dejamos por la izquierda para coger el camino que nos llevara hasta Becerril de la Sierra (En adelante B. D. L. S.), casi no hemos dejado el pueblo y paramos para quitarnos el gaban, hace una temperatura estupenda, nos sorprende ver un pequeño arroyo corriendo a estas  alturas del año, no somos capaces de adivinar su nombre, que "gustirrinín" disfrutar de un camino ancho y en perfecto estado al tiempo que nos alegran la vista los colores otoñales que tanto nos gustan. A todo el conjunto debemos añadir que, al fondo, descubrimos el perfil recortado y gigantesco de La Maliciosa, de nombre poco agraciado, hermanada con su familia de la Cuerda Larga, que no nos abandonará en toda la etapa.

Vamos custodiados por fresnos, robles, encinas, y algún enebro, con toda la gama de colores otoñales, verdes, amarillos, naranjas, rojos ,morados, marrones, que nos dan la sensación de estar arropados por un precioso arco iris botánico.

Camino a la fuente del Piojo.

Hace un tiempo descubrí en nuestra capital la calle con el curioso y antónimo nombre de Muerte y Vida. Ya entonces con curiosidad leí sobre el motivo de tal nombre, que data de los tiempos de los comuneros y en la etapa de hoy nos encontramos con una cruz de corto pie, ambos brazos amputados, coronada por una pequeña cúspide y con una leyenda grabada a maceta y puntero profundamente en su voluminoso pedestal. Es imposible que no nos pique la curiosidad, como no podía ser de otra manera, y todavía no salimos de nuestro asombro. Es increíble que después de 158 años nos encontramos con "un informe policial" muy completo que nos dice que en el camino de Moral a Becerril, a la altura de la Cerca de Reajo, antes de llegar a la fuente del Piojo, lugar en el que se halla la cruz, allí se encuentra el cadáver de Raimundo Martín Barrios, vecino de Becerril, propietario del Molino de Barrios, situado a tres kilómetros del ayuntamiento de Moral y a cuatro y medio del de Becerril. Del fallecimiento hay dos versiones: una que dice que un bandolero le mató para robarle la alforja y los escudos que llevase, y una segunda versión cuenta que el motivo del viaje de ese día era cobrar una deuda que, dadas las circunstancias, no se cobró. Una pena que por aquellos entonces no había cámaras, no se sabía de la existencia del ADN, ni de huellas dactilares, etc., lo que nos lleva a concluir que definitivamente archivamos el caso como "crimen sin resolver" y que nos deja "in albis".

Requiescat is pace semper.

Nos hallamos cerca de Becerril, por lo que pronto llegamos a su periferia, donde tomamos la Avenida de las Flores, que nos conduce hacia el norte para cruzar la M-623 para encontrarnos con un bello monolito que nos indica el nombre del pueblo y el buen hacer de sus canteros.

 
"El manolito"
A nuestras espaldas tenemos la Iglesia de Nuestra Señora del Valle. De reciente construcción, tiene una edad de 58 años, pero lo realmente llamativo es la curiosa formación de su cubierta, denominada con el atractivo apelativo de paraboloide hiperbólica. Preciosa, nos encanta; nos habría gustado verla por dentro, pero estaba cerrada.

Nuestra señora del Valle.

Los árboles que la rodean no nos dejan hacer una foto que nos enseñe su belleza. Nos hemos permitido la licencia de coger prestada una fotografía de la página ESPACIO Gris, en la que se intuye que fue tomada al finalizar la obra. Se aprecian los muros verticales realizados en hormigón encofrado horizontalmente, múltiples cristaleras y el remate con su cubierta de forma paraboloide hiperbólica, al verla nos da la sensación de que han superpuesto un lienzo, pero realmente ese "trampantojo" está realizado también con hormigón que, con un tratamiento, está teñido de verde, de un color similar al telón de fondo, la cuerda larga recortada bajo el cielo ¡una preciosidad! 

Paraboloide hiperbolica.

Subimos por el Paseo de La Ermita, donde nos encontramos con una pieza de "micro-mampostería" que deja patente las buenas manos de los "canteros de precisión" del pueblo.


Mini casa.

Tomamos la calle "camino" San Muriel donde cruzamos sobre el río Navacerrada. 

Río Navacerrada.

Retomamos la carretera del Escorial que rápidamente dejamos por la derecha para tomar el Cordel de Castilla, en que se le ve claramente que han querido gastar las piedras irregulares que tenían en las canteras para obstaculizar el aparcamiento de vehículos y dejar libre la cañada para el posible paso de los ganados. Realmente es llamativa la colocación al tresbolillo de cientos de cantos de granito gris clarito e irregulares en ambas márgenes, quedando una formación artística.


Mil cantos.

Continuamos con la idea de visitar la iglesia de San Andrés, realizada en estilo barroco. Lo primero que vemos es la robusta torre del campanario, realizada con la piedra de granito que tanto nos gusta. Nos acercamos al pórtico sujetado por unas bonitas columnas afeadas por las que hoy en día se podría decir que necesarias verjas "frena-cacos" que se encuentran cerradas y no permiten el paso al atrio, pero nos permite ver la posible fecha de la conclusión de las obras en el año 1609.


Iglesia de San Andrés.

Llegamos al punto más cercano de la Maliciosa, nuestra compañera constante de viaje, y de la que desde este momento nos iremos alejando.


2227 m. sobre el nivel del mar.

Dejamos el rumbo noreste dando media vuelta para tomar la dirección suroeste; se nos suman nuevos condicionantes: la hora, la pendiente favorable y el más urgente, el apetito. Nos tiramos a tumba abierta, cruzamos en sentido inverso la Carretera del Escorial y, llevados en volandas por todo el cúmulo anteriormente expuesto, llegamos al Camino de Moralzarzal. Desde aquí vemos dos piedras con muchos puntos para ser nuestro comedor de hoy; efectivamente, nos van de perillas. Rápidamente tomamos posesión y, a medio bocata, caemos en la cuenta del continuo y abundante paso de senderistas que utilizan este camino para bajar la comida en su paseo a la fuente del Cañuelo. Después de responder a los múltiples deseos de buenas tardes y terminados los bocatas, nos despedimos para continuar con el camino entre encinas y dehesas con ganado vacuno, disfrutando de sus deliciosos pastos. Llegamos a una encrucijada en la que coincidimos con el camino que hemos hecho en la ida y donde descubrimos las primeras construcciones de El Retamar, donde se nos exhibe una curiosa obra metálica. Leemos que antiguamente era el depósito de suministro de agua del pueblo; una vez desmontado, ha quedado su armazón a la vista y se le conoce por el nombre de platillo volante, dada su apariencia.

El ovni.

Dejando a la izquierda la vereda que lleva a El Berrocal-Retamar, tomamos en sentido contrario la pista por la que subiéramos esta mañana y pronto nos encontramos frente a la iglesia de Moralzarzal. Después de disfrutar de un hermoso día por estos terrenos ignotos, nos despedimos de los cebolleros y nos vamos a nuestro pueblo a descansar.

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miércoles, 1 de abril de 2026

04-02-23 Vegas de Matute

 04-02-23 

Vegas de Matute - Ermita de San Antonio

                

Sufrimos un curioso caso de regresión mental, concretamente a nuestra primera vez que oíamos hablar de las Vegas de Matute, hace más de seis décadas. Una caterva formada por chavales que están disputando una "encarnizada" partida del famosísimo deporte de las canicas en la variante del "guá". La pandilla excitada y vigilante rodea, supervisa al rival para que juegue fiel al reglamento mientras se desgañitan exigiendo la famosa norma no escrita de "Hagas no rellenar, ni ná, ni ná, ni ná...". El jugador, con mucha pericia y gran tino, canta sus aciertos: ¡primeras! ¡Pie! Sí, señor, por poco, pero entra, ¡Matute! Y ¡¡¡Gua!!! El resultado lleva al éxtasis al "deportista" que salta de alegría. De repente, varios actores de cuatro patas y grandes orejas interrumpen la celebración. Embobados, asistimos por primera vez a la aparición de la pequeña reata de borriquillos conducida por el que posteriormente conoceríamos como señor Linos. Para nosotros, que no habíamos salido del pueblo, nos parecía un aventurero, "lo que sería hoy en día una especie de Indiana Jones". Venía vestido con su "traje de camuflaje", compuesto por alpargatas de lona, boina "macho" negra, de lana, chaqueta y pantalón de pana color aceituna ajada que teñía su cara de color cetrino. Hombre prudente, enjuto, "gratinado" por el sol, de pocas carnes y hueso duro, fue el último buhonero. Hizo cientos de viajes de Las Vegas a San Rafael y viceversa con sus mercancías; traía cebada, trigo y centeno que se usaba en la alimentación de cerdos, gallinas, caballerías, etc. A la vuelta se llevaba los pedidos y otros elementos.

Con estos recuerdos en la cabeza, salimos a la calle donde nos encontramos con Pepe. Charlando sobre el tema, nos da un nuevo dato: la venta del grano se realizaba midiéndolo con el celemín, que equivalía a 4,6 litros. Nos preguntamos cuántos celemines traería en cada viaje con la reata de borriquillos.

En otra conversación, Julio nos comenta un dicho de aquellos entonces, que decía: "Aunque veas salir humo de las Vegas, no creas que cuecen pan, que lo que cuecen son piedras", en clara alusión a los hornos en los que calcinaban la piedra caliza. Posteriormente, hablábamos con su hermano; nos recordaba que cuando iniciaba el regreso, montaba a los chavales hasta la salida del pueblo. Como no podía ser de otra manera tratándose de este tema, teníamos que hablar obligatoriamente con nuestro amigo nativo de Las Vegas, que algo sabrá del tema, como así nos demostró ampliamente. Por supuesto, sabía sobradamente de la existencia del dicho sobre su pueblo, aunque no está muy de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que su padre era el panadero y, por supuesto, su horno también humeaba. Pero el mejor dato de todos los posibles nos lo da cuando nos comenta que nuestra vecina y buena amiga de mi madre también es de Las Vegas (cosa que no sabíamos) y nieta de un segundo "transportista" que hacía el mismo recorrido. Este traía cal para pintar fachadas y para los albañiles; también traía arena fina que utilizaban nuestras madres para limpiar las baldosas hidráulicas, entre otras cosas. Nos comentaba que en algún viaje acompañó a su abuelo. Tanto viaje nos lleva a pensar cuál sería el camino que tomaban, distancia, tiempo, los rigores, etc. Echamos mano de las herramientas pertinentes que nos indican que hay catorce o quince kilómetros y muy alegremente, como mínimo, tres horas; imaginamos que con los borriquillos se tardaría más, digamos cuatro horas, ida y vuelta ocho, a lo que habría que sumar el tiempo que destinasen a la venta de las mercaderías por el pueblo, lo que se diría podríamos llamar jornadas "veganas" de tres cuartos de día.


Haciendo honor a la transmisión oral que tanto se daba antiguamente y cada día más olvidada, aprovechamos la ocasión y el argumento para mantener amenas parrafadas con Julio, Pedro, Pepe, Juanito, nuestra vecina, etc. Nos ha entusiasmado tener la posibilidad de participar de los recuerdos y del agradable palique con estos amigos y del mantenido con algunas personas con más memoria que nosotros.     

          

Hoy levamos anclas en la "dársena de San Rafael" y hacemos "un cabotaje segoviano" con rumbo al "puerto" del que era oriundo el señor Linos; una vez allí, buscamos un "ancoradoiro" que nos permita fondear.

Nos aprovisionamos y desembarcamos para salir del pueblo por la calle Lobera para llegar a la Carcabilla, donde vemos el pozo de La Lobera, del que antiguamente se extraía el agua para este barrio. Una inscripción labrada con maceta y puntero en el frontis del dintel la data en el año 1789, hace doscientos treinta y cuatro años; cuánta sed habrá calmado a los vecinos del barrio.


Rodeamos por el exterior el pueblo desde el sur con dirección al oeste para encontrarnos con la avda. de San Antonio, lo que nos da una pequeña indicación de que vamos bien. Ahora cruzamos la urbanización Monte Vegas de norte a sur, ascendemos por algunas de sus calles donde nos vamos encontrando algunos miradores desde donde descubrimos la extensa y bella meseta segoviana.


  



Cuando se nos oculta la planicie, descubrimos un acopio de curioso nombre y que nos parece un poco desubicado.


El nombre no desdice de la construcción que alberga la parcela; efectivamente, la vivienda que acoge tiene forma de castillo, incluida su torre del homenaje, y si vistosa es la fortaleza, lo verdaderamente llamativo es la decoración "abstracto-chatarrera" que abarrota la parcela; es realmente asombrosa. La curiosidad nos hace preguntarnos desde dónde y cuántos viajes habrá costado traer tantísimo material. Habrá sido difícil, pero a este habría que sumar el ingente trabajo de creación y realización de tal cantidad de figuras, algunas de tamaño considerable.  Hay que reconocer en ellas la labor del artista que denomina al lugar el Museo del Inconsciente, que no será tanto cuando se da cuenta de ello.






Una vez pasada la sorpresa, caemos en la cuenta de que el apelativo del chalet le viene dado porque está situado en la calle llamada Mirador del Caloco. ¿¿Mirador??, nos preguntamos; por ello nos acercamos a un pequeño cambio de rasante donde rápidamente entendemos el porqué. Aquí descubrimos el triunvirato que forman El Caloco y sus "trogloditas", recortada sobre el cielo formando una sombra chinesca, donde vemos a El Caloquillo (1353 metros), Alto Caloco mediano (1433 metros) y el Cerro del Caloco (1662 metros), que se nos muestran en una imagen inédita para el Comando.



Dejamos atrás el llamativo "parque temático" para salir de la urbanización por un camino tapiado en ambos lados con piedras metamórficas autóctonas muy irregulares colocadas por las diestras manos de los "Mamposteros agrarios", otros artistas que han encajado hasta conseguir el perfecto equilibrio. Damos media vuelta en el paraje de Nava de la Zarza, donde disfrutamos observando la anárquica tapia hecha por los "canteros equilibristas"; es fascinante ver este caos completamente asentado, un puzle de un millón de "piedras".



           
De repente tenemos una preciosa aparición: se nos presentan, por un lado, la rotunda torre de la ermita y, a su izquierda, una estilizada espadaña que está como una sílfide. Queda patente que come más la torre que la espadaña. En estas estamos cuando nos adelanta un 4L azul en perfecto estado que nos trae gratos recuerdos vividos con un modelo que tuvimos en varios colores hace ya unos años. Llegamos a la explanada de la ermita, donde nos encontramos con la pareja que venía en el 4L; con ellos charlamos un rato y nos comentan que el verdadero dueño es su abuelo, que, además de elegir el bonito color azul que tiene, se ve claramente que lo cuida como a un nieto.

Comenzamos a rodear al oratorio en el sentido contrario a las manecillas del reloj, paralelos a la fachada este de la torre; doblamos la esquina y vemos cómo sobresale la cubierta unos metros. 




En la fachada norte se aprecia la robustez de la torre y un tejado que se le ve recientemente reformado con una puerta de acceso a los aseos en su frente, una ventana, un ventanuco y una encina que la adorna y oculta la trasera de la espadaña.
     


La fachada oeste vemos dos soportales, en el de la izquierda, más pequeño, sobre su dintel reza una leyenda que dice "año de 1774" que suponemos que es su año de construcción.
       



En el segundo porche que cubre una puerta de entrada a la ermita, tiene un pequeño ventanuco; esperando no volvernos estatua de sal, nos asomamos a él. Lo que vemos es un llamativo collage con el retablo con San Antonio en el centro de "presidente" y los del "Comando Visillo"



Cuando nos situamos frente a la fachada principal, nos deslumbra la luminosidad que desprende el granito Gris Villa con el que está realizada, que refleja los rayos del sol que le atacan por el sur. Nos permite apreciar el laborioso trabajo de los canteros. Vemos al pórtico rematado por una esbelta espadaña de dos cuerpos con tres troneras, aunque a día de hoy solo le queda una campana; la remata una preciosa veleta que nos indica que el suave viento que nos acaricia viene del oeste. Podemos ver también sobresaliendo a la derecha de la cubierta el "macizo" cuerpo del campanario que da la sensación de "ir todos los días al gimnasio", coronado por un pináculo, concluyendo un conjunto precioso y en un estado de conservación excelente.     






Llega la curiosa hora en la que entran en conjunción el estómago y el cerebro para recordarnos que tenemos apetito. Para estos menesteres nos han colocado estratégicamente una mesa al resguardo del aire de poniente entre "los tendidos de sol y sombra", donde desplegamos los medios auxiliares y la manduca que por arte de magia hacemos desaparecer ipso facto y que rico nos ha sabido.
 


         
Arrancamos la vuelta saliendo por la entrada principal, echando un último vistazo a la joya de San Antonio, y nos despedimos ¡hasta la próxima!




Nos vamos hacia el este, donde descubrimos uno de los múltiples ejemplares de encina que tiene el entorno.



La magia de la naturaleza nos sorprende de nuevo mostrándonos la función de compás doble realizada por dos tallos espinosos con varios metros de una zarza y que, con la colaboración del viento, dibujan dos arcos de circunferencia concéntricos. Nos preguntamos si seria la vista de algo parecido lo que llevase al matemático Arquímedes de Siracusa hacer sus múltiples estudios sobre las esferas, circunferencias, etc. incluso a calcular el numero Pi con mucha presidencia hace 2250 años .



El ilusionismo de la naturaleza y el no repetir camino cuando vamos de regreso nos descubren nuevas facetas de los parajes que envuelven a Las Vegas, ¡pero este es increíble! El camino hace una parábola que nos muestra la estación de esquí de Las Vegas y nosotros sin raquetas ni esquís.



Asombroso el cambio de registro: "guardamos los trineos" y entramos a una joyería donde descubrimos una infinidad de piedras preciosas de piel de lagarto de llamativo y bello color.




Cruzamos el paraje de Prado Toro; según vamos descendiendo, el terreno se va aclarando, lo que nos permite de nuevo descubrir la dilatada meseta segoviana. Cuando pasamos El Zancado, nos asomamos a un mirador en el que podemos disfrutar al divisar el pueblo a nuestros pies. Aquí es donde sucede la catarsis que nos lleva a estar tantos meses con la panorámica grabada en nuestras retinas y que nos ha ensimismado durante todo este tiempo. Han pasado meses bulléndonos las ideas; sabemos que todas ellas son ficción, pero la experiencia ha sido sublime.

El promontorio en el que estamos situados nos permite observar la mitad de nuestra pequeña geografía; es imposible describir detalladamente todo lo que se divisa desde el mismo, por el este; trataremos de detallarlo brevemente:

Al fondo, la sierra de Quintanar, La Mujer Muerta con su "señor", el pico de "Montón de Osos".

Difuminado está Otero de Herreros.

Se aprecia la urbanización de Los Ángeles de San Rafael

Imposible no ver la enorme cicatriz de la cantera de la que se han extraído miles de toneladas de material.

No se puede olvidar el Comando del despoblado de Matute, con su pequeña y muy querida por nosotros ermita del Rosario.

Más cercana al pueblo, vemos a la ermita de San Roque, el depósito de agua en el que trabajamos no hace mucho.

También vemos el camino llamado de El Espinar, por el que saldría el señor Linos con su comitiva de borriquillos cargados de cal, centeno, cebada, etc. en su peregrinaje a San Rafael.



Al norte, entre lo que se ve y lo que no se ve, la panorámica es infinita, qué decir:

El camino que en su día hiciéramos viniendo desde Valdeprados, Guijasalbas, Fuentemilanos..., no se ven, pero ahí están y lo sabemos.  

 El tiempo tan agradable que estamos teniendo durante todo el día nos permite disfrutar plácidamente del pueblo que está en total tranquilidad; nos detenemos unos minutos a observar la imagen que tenemos a nuestros pies; nos inundan olas de paz y tranquilidad. 


Tenemos que hacer hincapié en la sorpresa que nos llevamos cuando descubrimos que su iglesia está dedicada a Santo Tomás, que fuera arzobispo de Canterbury y lord canciller de Inglaterra en el siglo XII, dato que nos parece realmente curioso. Por supuesto, leyendo sobre su historia, no podían quedarse ahí las particularidades: en el año 1570 se encargó la dirección de esta obra a un maestro cantero de El Espinar de nombre Juan del Camino, que también trabajó en la iglesia de Otero de Herreros y a la vista queda su buen hacer.

Fotografía realizada durante la etapa hecha el 1-4-18

 

El oeste se nos oculta por el sol, pero de sobra sabemos que ahí está Zarzuela del Monte, pueblo inscrito con letras de oro en el libro del Comando. Y por supuesto muchas historias más.         

Una vez que hemos disfrutado de la visión desde la privilegiada atalaya en la que nos encontramos, solo nos queda decir que lo verdaderamente curioso ha sido que durante meses hemos soñado múltiples historias, encuentros, festejos, rutas, buenos ratos pasados con amigos, etc.; solo nos queda decir que nos gustan muchísimo más las vegas de Matute segovianas que las vegas de Nevada. 


Y ya se sabe, lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas, 
verdad José??? verdad Pedro???

      

         
         
         
         








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miércoles, 2 de abril de 2025

06-09-22 Secuoyas

  

06-09-22


"Macrocéfalo de Cloruro Sódico"

O como le dicen en Cantabria

 Cabezón de la Sal


Desayuno

       Por imperativo materno afectuoso necesitaba ir a Cabezón de la Sal, motivo: el recuerdo de una visita al mismo de hace sesenta años en el único viaje que hice de pequeño con mis padres. Allí tuvimos una deliciosa experiencia; disfrutamos de un riquísimo bizcocho que recordaríamos en multitud de ocasiones. Hoy trataremos de repetir la experiencia y para ello hemos creado un "petit comité" de catadores compuesto por tres integrantes del Comando Peñota. Imposible saber el bar de nuestros deliciosos recuerdos; elegiremos al azahar. Para ello nos sentamos en una pequeña terracita con dos mesas donde disfrutamos de “tres ricos cafés con leche y tres deliciosos trocitos de bizcocho”. Por un momento cerré los ojos y pude evocar aquel lejano y dulce momento.

       Aprovechando que el río Saja pasa muy cerca aparcamos casualmente a las espaldas del instituto Valle del Saja al que rodeamos viendo sus fachadas profusamente coloreadas, una pista de bolos de 1ª división en la que nos gustaría echar una partidita, también nos encontramos un anticipo de lo que se nos avecina, dos tremendos ejemplares de secuoyas que llevan unos ochenta años haciendo guardia en la entrada del recinto, los dos ejemplares se hayan incluidos en el registro de árboles singulares de Cantabria, estas Secuoyas tienen el nombre de Ygareda (en memoria de un benefactor del pueblo) del género secuoiadendron giganteun que tienen la capacidad de poder llegar a vivir hasta 3000 años lo que les da la posibilidad de conseguir unas medidas colosales y únicas. Son majestuosas y, viéndolas, nos recuerdan mucho a los dos ejemplares que están situados ante la entrada del palacio de La Granja, a los que se les conoce por los nombres del Rey y la Reina, con una pequeña diferencia: los diferentes decorados que se muestran a sus espaldas.                    

Secuoyas de Igaredo.

        Continuando con el paseo, nos acercamos al Parque de San Diego, donde está situada la casa de cultura, precioso edificio rodeado por un pequeño jardín donde apreciamos una gran diversidad de especies de árboles.


        Llegamos al ayuntamiento, donado por don Pedro de Igaredo, además de la escuela y una residencia de ancianos. El edificio está realizado en mampostería con las esquinas en sillería, sencilla construcción rectangular con cubierta a cuatro aguas y una altura de tres plantas, coronando una elemental entrada clásica, donde descubrimos una placa informativa con una curiosa leyenda.


Y cualquiera les dice que no.


       Nos acercamos también a la sencilla iglesia de San Martín construida hace unos trescientos años, ejecutada en sillería barroca con una llamativa torre que se eleva bastante por encima de la cubierta, con un llamativo chapitel que la remata.

San Martín, la barroca.




Bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal

"Yosemite Cántabro"

Comida

       Después de disfrutar del pueblo, de sus agradables gentes y por supuestísimo de nuestro añorado y rico bizcocho, nos acercamos a la "catedral natural" que se halla a dos kilómetros y medio del pueblo. Llegamos a las puertas de lo que correctamente no es una catedral, pero verdaderamente si un monumento natural, como así lo declaró el gobierno de Cantabria hace diecinueve años, no es producto de la naturaleza, fue creado por las manos del hombre con fines industriales, aprovechando la mano de obra de presos y  los bajos sueldos de aquellos duros tiempos, Patrimonio Forestal del Estado aprovecho para repoblar muchas hectáreas con diferentes especies de árboles, de una de ellas disfrutamos el día de hoy, hace ochenta años pensando en su rápido crecimiento y para su posterior utilización se plantaron en dos hectáreas y media la curiosa y capicúa cantidad de 848 secuoyas, afortunadamente no llegó el momento de cortarlas, gracias a lo cual hoy se puede disfrutar de este precioso, atípico y llamativo bosque.     

   Dejamos el coche en el aparcamiento frente al rótulo que nos indica los diferentes recorridos posibles para visitar el bosque.

Cartel informativo.

     Estudiado el pasquín para hacernos una idea de la visita, a la vista de las diferentes posibilidades, el Comando se dispersa: dos componentes escogen la posibilidad más lógica; el "maño segoviano" opta por empezar por una de las salidas de una de las rutas indicadas que tenemos enfrente  Comenzamos entre monte bajo que pronto nos da paso a un bosque mixto, donde descubrimos una gran diversidad de árboles, como robles, pinos, abetos, alerces, hayas, etc., con bastante maleza para encontrarnos con los primeros ejemplares que nos obligan a ir ascendiendo la vista por los erguidos troncos que nos encontramos hasta que la visual termina viendo el cielo. Estamos frente al "patio de las columnas de Cabezón", una multitud de "pilares" rectos, rojizos y con una altura de más de 40 metros que nos dan la sensación de que por encima solamente está el cielo.

Formación.

        La magnífica visión de todos los ejemplares nos da la sensación de estar dibujados con el tiralíneas, rectos, altaneros; nos miran desde las alturas, sabedores de nuestra inferioridad de talla y longevidad. En una ocasión leímos un proverbio oriental que decía: "El árbol retorcido vive su vida, mientras que el recto termina en tablas". Buena suerte la de todos estos ejemplares al ser declarados monumento, motivo por el cual se harán posiblemente milenarios. Ojalá pudiésemos volver a disfrutar de estos ejemplares dentro de esos mil años; seguramente no nos dejarían ver el cielo.

El cielo como testigo.


Bien alimentados.

          Dejamos las "gigantescas lanzas incrustadas" en las tierras del Monte de las Navas; se puede ver al terreno completamente teñido de marrón-rojizo por la "hemoglobina", la corteza, pequeñas ramas y los millones de acículas que se han desprendido con el paso del tiempo, pese a ser perennes. El suelo da la impresión de ser poco productivo, falto de materia orgánica; no nos imaginamos lo sencillo que sería descubrir nuestros boletus y níscalos, aunque es llamativo ver cómo las secuoyas crecen orondas y saludables.

        Antes de coger el coche, vemos lo que creíamos en principio un "alien" que resultó ser una hiedra trepadora que "come" muchos "esteroides" dándole un aspecto saludable. Curiosamente, uno de sus nombres comunes es el de hierba del gotoso; con estas abandonamos este lugar encantado.

Trepadoras robustas.



Postres hechos en casa

 "Yosemite segoviano"

  

          Veamos una selección de "postres caseros"; comenzaremos con una creación autóctona, "el tronco gabarrero". Nos referimos a la primera imagen de una secuoya que descubrió un componente del Comando Peñota a mediados de los años sesenta del siglo pasado. Hoy, sesenta años después, volvemos al lugar; desde entonces no la habíamos vuelto a ver y lo habíamos intentado en varias ocasiones. La visita al "Yosemite cántabro" fue la que "nos abrió el apetito" y la ley de la causalidad universal nos favorece. Nos encontramos con el lugar en obras; han cortado muchos árboles, gracias a lo cual vemos la copa que asoma por encima de la cubierta. Se la ve radiante. Entramos con curiosidad, doblamos la esquina con una cierta excitación y se nos presenta, preciosa, igual de gigante que la vimos cuando éramos liliputienses; pese a sus años, se la ve lozana. Eso sí, se le echan en falta las ramas bajas, producto de estar muchos años rodeada de robles. 


¿Cuanto tiempo?

Con ella empezó todo.
       El segundo postre sería una "tarta sacher", " un grueso bizcocho cubierto por encima y por los lados con un glaseado de chocolate negro" o lo que es lo mismo, un grueso tronco revestido completamente con sus ramas, ejemplar que le encanta a "Blancanieves".  Este arquetipo de "australopithecus sequoia", la conocimos unos años más tarde (es la más conocida del término). Se encuentra a quinientos metros escasos del primer ejemplar; durante muchos años ha sido compañero de juegos de la chiquillería hasta el momento en que se cerró la parcela. Se encuentra entre el Paseo del Tuerto y la calle Tritón; como la parcela está limpia, nos permite disfrutarla íntegramente (una maravilla). Es un ejemplar  de estructura casi perfecta con sus ramas que arrancan desde el suelo lo que ha permitido a infinidad de niños del pueblo aprendices de "Tarzanes" subirse a ella "a comer peras i higos" 


Se la ve sana.

La reina.

      La tercera receta sería una tarta de "tres chocolates": chocolate blanco (primer puente), chocolate con leche (segundo puente) y chocolate negro (tercer puente). Esta receta la hallamos subiendo el puerto del León en su margen derecha. La primera capa está en el puente que libra el arroyo Lagasca; se halla en la cota 1360 m. Aquí podemos descubrir medio centenar de secuoyas, algunas con un grosor notable, y lo más llamativo es que nos encontramos con jóvenes ejemplares que claramente son vástagos de los primeros ejemplares plantados. La segunda capa está a 1440 m. Es el conjunto más humilde y la tercera capa se halla a 1490 m., cerca ya de la cumbre del puerto, y es una bonita formación camuflada entre pinos sobre los que sobresalen los ápices de las secuoyas. Llegados a este punto, consultamos al "super cicuta de los montes", que, gracias a la ingente cantidad de datos que guarda en la memoria, nos pone al corriente. Nos comenta que, hace un siglo en números redondos, a instancia del ingeniero D. Marcelo Negre, se trajeron semillas y se mandó hacer un semillero de secuoyas de California ; producto de aquel son  estas pequeñas-grandes joyas y otras muchas repartidas por el municipio.

Puente primero.


Puente segundo.


               Claramente, la tercera capa es nuestra preferida; este pequeño, polifacético y mágico bosquecillo nos tiene completamente seducidos. En días claros le vemos esbelto; nos le podemos encontrar iluminado por el mayor foco que existe en la tierra y curiosamente le embellece incluso hasta la bruma, imagen esta que siempre nos cautiva.

Puente tercero.
   

Puente tercero iluminado.


"Gorilas en la niebla"


        La última receta, "pastas variadas", resultado del anteriormente referido semillero, se diseminaron múltiples herederos que se exhiben en diferentes puntos del pueblo.


          La primera pastita la encontramos en el centro forestal El Sequero; se la ve estilizada, suponemos que será gracias a los buenos cuidados recibidos.

Cabeza Reina como telón de fondo.

         Nos habían comentado hace tiempo de la existencia de un gran ejemplar ubicado dentro de la parcela del albergue que está enfrente del Sequero. Casualmente nos encontramos a la puerta con un matrimonio al que le comentamos nuestra curiosidad; ellos nos dicen que tienen alquilado el albergue al completo para celebrar el cumple de nuestra interlocutora, son setenta invitados. Como vamos a pasar desapercibidos, nos permite la entrada y aprovechamos para tratar de indagar sobre el supuesto ejemplar que nos habían comentado; nuestro paseo nos muestra el porqué de no verle desde la calle, ha sido talado, nos encontramos un "florón recubierto de azúcar glass"; por eso era imposible que la viésemos, mirábamos a las alturas y no asoma más de sesenta centímetros del suelo, pero vemos que era un gran ejemplar, "requiescat in pace."

Descanse en paz.


          Antes de irnos les comentamos nuestro hallazgo y nos despedimos de la cumpleañera  cantándola el Feliz cumpleaños a ti, en ingles segoviano, nos vamos en busca del siguiente ejemplar que nos han  comentado, cuando le encontramos, sorpresa, sorpresa, hemos pasado a diez metros en múltiples ocasiones y no la habíamos visto nunca, más curioso nos resulta al caer en la cuenta que no hay una, si no dos, son una pareja, eso si, están muy camufladas entre los pinos que las oprimen, una vez enfrente de ellas vemos a las "Due torri" de Bolonia que casualmente tenemos en mente actualmente, dos ejemplares preciosos que en este caso se han unido pòstres y arquitectura dando como resultado otra maravilla.

Due Torri:


          Nos dirigimos al punto cardinal opuesto donde tenemos una pequeña "caja de bombones"; nos da pena haber estado en esta parcela con su dueño cuando únicamente había un chalet. Hoy, urbanizada, resulta más difícil apreciarlas íntegramente. De nuevo, la ley de la casualidad universal nos es propicia y coincidimos con una propietaria que nos permite entrar para descubrir íntegros los dos "bombones" que tiene en su casa y al tiempo disfruta de la posibilidad de ver otra docena de "bombones" que tienen sus vecinos. ¡Muchas gracias!

Bombones del robledal.

Con nata.

          Subimos por la calle Serrano hasta el cruce que forman la calle Somormujo por la izquierda y por la derecha "La Diagonal," que atraviesa íntegramente una urbanización que hace sesenta años era un húmedo prado de un precioso verde, hábitat idóneo para grillos. Coincidiendo con el día que hice la primera comunión, un querido amigo y yo aprovechamos para cazar unos pocos; no nos acordamos de tener regalos, pero no se nos olvida la tarde que pasamos en aquella fresca pradera capturando "chapulines," que dirían en México. Me parece mentira haber sido testigo del cambio de aquella pradera de nuestras cacerías a los tremendos árboles que adornan y camuflan los edificios de la urbanización, que tenemos muy claro que tienen menos de sesenta años por todo lo anteriormente expuesto.

Villa Chapulin.

          La que más vemos, casi diríamos que a diario sobre todo una de las componentes del Comando es la excolegiala, es un ejemplar que parece salida de una escuela de modelos que desfila altanera por el parque infantil.

Arquetipo.

         Solo nos hemos quedado con las ganas de ver los ejemplares que hay en la Casa de Las Campanillas. En su día nos dijeron que para entrar en la finca tendríamos que pedir hora en la oficina de turismo para asistir a las visitas que se hacen periódicamente. La última vez que fuimos a preguntar, hace mucho tiempo ya, nos han saltado dos turnos y ahora no podemos; ya iremos.





          Solo nos queda reconocer que los ejemplares de secuoyas "segolifornianas" de la Casa de las Campanillas y la mayoría de las repartidas por el término son el producto de la actuación del ingeniero de montes Marcelo Negre, que en 1905 importó plantones de California para hacer aquí un pequeño vivero. 

    

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