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lunes, 21 de septiembre de 2026

14ª de La Vía Verde

 


14-03-26

Decimocuarta de La Vía Verde

Y ultima


Sabíamos que volveríamos para terminar "el círculo lineal verde", dos años antes, "en números redondos entre albañiles", encantados de volver a la plaza del pueblo de Fuente Olmedo. Qué bonito recuerdo fue su descubrimiento. Reprimir la curiosidad fue imposible, además de que tuvimos la grandísima suerte de contar en un pueblo tan pequeño con varios blogs muy interesantes. Estos blogs nos descubrieron tantas historias apasionantes y aún nos quedan muchas más.

Volvamos a la plaza, que hoy curiosamente será el comienzo y final de las catorce etapas que hemos realizado para completar el recorrido íntegro de Vía Verde, que va desde Segovia a Olmedo con su correspondiente vuelta.

La casa del pueblo, la escuela y destinos varios.

Arrancamos y en un periquete nos presentamos en la plazoleta anterior a la que acoge a la iglesia, donde nos encontramos un curioso edificio que tiene una puerta diminuta, una entrada para liliputienses con gatera incluida; qué curiosidad.

Poco podíamos imaginarnos el resultado de la búsqueda. Primeramente, llamamos al ayuntamiento, donde no tenemos contestación; buscamos el horario. Deberíamos haber caído en la cuenta; lógicamente, se trata de un pueblo con 42 habitantes censados en el año 2025. Con el pequeño presupuesto del que puede disponer, no da para mantener sus oficinas abiertas todos los días, por lo que lógicamente se encuentra cerrado y suponemos que abrirá puntualmente cuando así lo exijan las circunstancias.

Segundo intento: A la vista de la imposibilidad de conseguir información del consistorio, acudimos a la iglesia parroquial que vemos que linda con dicho edificio. Acierto, ahí nos atienden amablemente y, cuando les preguntamos por el edificio que contiene la curiosa puerta, lo que hace es abrirnos un portón. Empieza por darnos el nombre que recibe, La Cilla, primera vez que la oímos; no hay problema, rápidamente nos explica que La Cilla se llamaba a la despensa o bodega donde se guardaba el grano, frutos y otros víveres producto de los diezmos que se recaudaban antiguamente para la iglesia y otros beneficiarios.

Como nos añade una serie de datos muy interesantes, no nos queda más remedio que buscar información en la localización que nos ha indicado. Encontramos el portal digital llamado Fuente Olmedo Vivo, una joya, por lo menos eso le parece al Comando Peñota. En él se tratan temas de Fuente Olmedo; en el mismo nos encontramos un artículo en el que se explican la vida y milagros de La Cilla, ameno y muy interesante. Después de disfrutar mucho del artículo, no podemos pasar por alto los usos que se le han dado posteriormente, como por ejemplo sala para representar obras de teatro y actualmente se emplea en las actividades dirigidas por la Factoría Cultural Martínez, dedicada a eventos didácticos y de esparcimiento de varios días que llevan haciendo desde el 2021 todas las primaveras sobre diferentes materias, como por ejemplo arte, literatura, etc., a lo que añaden el impulso del turismo rural, visitas al campo y, como no podía ser de otra manera, disfrutar de los sabores locales, una labor que, dadas las circunstancias actuales, nos parece muy elogiable.

De nuevo, Fuente Olmedo nos sorprende.


La pequeña puerta con la gatera diminuta y una historia gigante y fascinante.

 Atrás se queda La Cilla nueva con su curiosa historia para encontrarnos con la torre que ordenara hacer el párroco con los ladrillos de La Cilla antigua, imponente. Una vez leída la historia, cabe pensar en el trabajo que costaría limpiar los ladrillos, subirlos y colocarlos tan bien como lo hicieran los mudéjares y con los medios de entonces, ¡admirable! Con ganas de contar los adobes nos quedamos. ¿Cuántos tendrá?

El campanario que se elevó por orden del párroco don Tomas.

Salimos por la calle Rosario, nombre muy entrañable para nosotros; por ella nos dirigimos a la VP-1106. Dejamos el cementerio a la derecha; un poco más adelante pasamos por debajo de las vías del AVE. Unos cuatrocientos metros más adelante nos encontramos con nuestra querida Vía Verde y con alegría vemos que está muy limpia. También observamos dos carteles: el de la izquierda nos indica que nos separa una distancia de 4,2 kilómetros de Olmedo, que será el camino que hagamos a la vuelta.


Ya se va viendo el final.

El cartel de la derecha tiene más datos: por un lado, que a Ciruelos de Coca hay 7,8 kilómetros, penúltima etapa que hiciéramos hace ya dos años, y también nos indica que nos separan 18,5 de Nava de la Asunción, ¡un descubrimiento! El pueblo con más movimiento personal de toda la Vía Verde, además de tener múltiples industrias, cuenta también con un equipo de balonmano que juega en la liga Asobal y del que, por supuesto, nos hemos hecho "seguidores acérrimos". Añade también que hasta Segovia nos separan 67,4 kilómetros que ya tenemos hechos de venida y posiblemente alguno más de vuelta; los contaremos. También nos indica que a ochocientos metros a nuestra espalda hemos dejado a Fuente Olmedo, que haremos también a la vuelta. ¡Hasta luego!

Compendio de datos y recuerdos.
 

No iremos ahora por la Vía Verde; lo dejamos para la vuelta. Ahora continuamos por la carretera que va a Llanos de Olmedo hasta el Camino de Olmedo, que viene desde Ciruelos de Coca. Le tomamos hacia la izquierda, cruzamos el seco cauce del arroyo de Doña Pola, con dirección al pago de La Coronilla, donde se puede ver una tremenda planta fotovoltaica con el mismo nombre, pero ahí no queda la cosa. Siguiendo nuestro camino, lo que descubrimos es un verdadero enjambre de plantas solares repartidas a diestro y siniestro. Como no podía ser de otra manera, leemos sobre el tema y, entre otras cosas, descubrimos con sorpresa la increíble cifra que suman las diferentes plantas: hacen un total de 98.982 placas solares, lo que en cifras redondas "entre albañiles" serían !!!100.000!!! "Mamma mía", hay en el término más superficie cubierta con placas solares que sembrada.

Las ultimas tecnologías han llegado a La Coronilla de Aguasal.
     
A miles.

Cuando llegamos al lugar de Pedro Abad, dejamos el camino de Olmedo por el este; pronto llegamos al pueblo. Antes de entrar, nos viene a la memoria la figura de Clint Eastwood, en su película titulada Infierno de cobardes, aunque en el pueblo que se desarrolla se llama Lago. Claramente tuvimos un caso de distorsión nominal entre Lago y Aguasal. La sorpresa nos la da un paisano que nos comenta de la existencia de un lago, "El Comando Vidente".

H2ONaCl, puede un pueblo tener un nombre más bonito???

Entramos al pueblo donde nos encontramos con la trasera de la iglesia de San Pedro; se la ve de construcción humilde, aunque su tamaño es considerable. La rodeamos y nos encontramos con una bonita torre de un tamaño considerable; tiene tres plantas con las esquinas realizadas con ladrillos que enmarcan paños de piedra y rematada por un sencillo tejado con su correspondiente nido de cigüeñas.

Aquí no llego don Tomas, pero tiene su altura.

El atrio tiene una sencilla portada en la que destaca una triple arquería rematada con arcos de medio punto de ladrillos, coronada por una bonita espadaña de ladrillo rematada con tres bolas y una hornacina central en la que descansa un busto de San Pedro y en su compañía nos disponemos a dar una vuelta.

San Pedro nos mira desde la protección de su nicho.

Como no podía ser de otra manera, tenemos que acercarnos a Lago; aquí tiene diferentes nombres, como por ejemplo la Cárcava Grande y, como le dicen en el pueblo, por La Gansería. En otros tiempos se usaba para la cría de gansos, ocas, patos, etc., que seguramente habrán alimentado a muchas personas en tiempos difíciles.

Laguna de usos múltiples.

Nos damos media vuelta y nos vamos por la calle de Llanos de Olmedo, que comparte protagonismo con el Camino de Santiago de Madrid, que tiene el honor y el buen gusto de pasar por Aguasal (¡cómo nos gusta el nombre!). Llegamos a una sencilla y cuidada plaza con un olivo presidiendo el centro y que enmarca la iglesia, no sabemos si se llama Plaza Mayor o Plaza del Pósito, otra palabra que tenemos que buscar y que, después de leer su significado, nos ha recordado a La Cilla de Fuente Olmedo, con la diferencia de que esta era para uso de la iglesia y aquel era para beneficiar a posibles carencias de los habitantes del pueblo.

Plaza del Pósito la que sería plaza de La Cilla en Fuente Olmedo.

A unos pasos, en la calle Olmedo número 13, se halla la casa consistorial, cuya fachada está copiada de la torre de la iglesia. Teniendo en cuenta que únicamente hay censados 18 habitantes, el tamaño es en proporción, seguro que a imagen de la de Fuente Olmedo. Su horario será tan reducido o más, pero una cosa hay que decir: las labores de limpieza de calles, plazas y plantas están muy cuidadas. 

Pasamos por la puerta del concejo y, a continuación, a la izquierda sale el camino de la estación que nos llevaría a la de Olmedo, la cual compartían en su día. También este camino es compartido con el Camino de Madrid a Santiago; nosotros deberíamos haberle cogido, pero no podemos quedarnos con las ganas de abandonar el pueblo saliendo por una calle muy nuestra, Cantarranas, que nos acerca a la VP-1105, que no dejaremos hasta llegar a Olmedo. 

"Trece Rue del Percebe"

Cada vez nos sorprende menos ver por estas tierras cómo se van modificando los sembrados por viñedos, como está claro que cada vez hay más intolerantes a las harinas y más "sumilleres" aficionados al vino. Pues, "ven Ga-bino"

Viñas en el lugar de El Sillero

La carretera de Aguasal transcurre por la meseta vallisoletana en el tramo completamente despejado por el que nos dirigimos hacia Olmedo. Nada más salir a la VP-1105, llegamos al paraje de la Cuesta Palacios, lo que nos avisa de la ligera pendiente que, unida al viento que hace, nos dificulta la travesía bastante. Es curioso que un elemento que no se ve sea capaz de endurecer tanto la marcha. El ventarrón que viene del norte nos deja claro que a la entrada del pueblo hay un polideportivo; oímos claramente el griterío de la chavalería que juega en él.

Ya dejamos la cuesta que tanto nos ha costado y a la entrada del pueblo se confirma lo que pensábamos: vemos a la derecha varios campos de fútbol, pabellones y una piscina cubierta.

La carretera por la que entramos al pueblo dirige la vista a la torre de la iglesia de Santa María del Castillo.

No salimos de nuestro asombro cuando descubrimos que el pueblo de Aguasal, situado en una hondonada, está a una altura de 755 metros sobre el nivel del mar. Después de la dificultosa subida que hemos tenido, solamente hemos llegado hasta los 768 metros a los que se halla Olmedo. Qué razón tuvo el sabio cuando dijo aquello de "todo es relativo"; nosotros pensando que habíamos subido "un 8.000" y resulta que hemos librado una diferencia de trece metros. Lo que sí es cierto es que alguno más que otro llegamos agotados.

La ciudad del caballero que se esta mutando a la ciudad del coche.

Antes de llegar a la confluencia con la carretera de Madrid a León, nos sentamos en un banco al resguardo de la "ligera brisa" que nos venía mortificando desde Aguasal. Aprovechamos el momento para descansar y comernos el bocata. Se nos va pasando el apetito y la desazón provocada por el viento cuando caemos en la cuenta de que es la primera vez que hemos montado "nuestro comedor" en un área poco agraciada para lo que normalmente tenemos por costumbre, por lo que nos vamos por la N-601.

Olmedo donde la grafiosis hizo estragos

Hoy no teníamos claro hacer la etapa entera dadas las circunstancias, pero el bocata nos ha renovado las energías y, sabiendo que la Vía está en buenas condiciones y el recorrido restante es corto, nos decidimos a terminar íntegramente el recorrido. Para ello tomamos el Camino de la Estación, donde nos encontramos con un rosario de mujeres con bonitos vestidos y hombres muy trajeados. Pronto caemos en la cuenta: se dirigen a una boda que se va a celebrar en un hotel de reciente apertura, denominado como la Estación, tomando el nombre del camino que traemos y del apeadero al que nos dirigimos. Van entrando los invitados y le preguntamos al encargado de recibirlos a la puerta si está en la lista de invitados el Comando Peñota. Nos dice que, por supuesto, nos habían sentado en la mesa de los novios. Una pena, no tuvimos más remedio que rechazar amablemente la invitación diciéndole que acabábamos de comernos el bocata.

A unos pasos está la estación que da nombre al camino, al hotel y al edificio que compartían Olmedo y Aguasal, a lo que sumaremos que va a tener el honor de ser "la meta y la salida" del último tramo de nuestras peripecias de ida y vuelta por La Vía Verde.

Una nueva sorpresa nos llevamos al encontrarnos con la pareja de novios de la boda y al fotógrafo que les está haciendo un reportaje fotográfico con la estación de fondo. No fue buena idea preguntarle al fotógrafo si nos hacía una foto con los novios; gran metedura de pata. La novia, con su hermoso vestido blanco con escote palabra de honor, con sus hombros expuestos y tiritando de frío, nos manda a la porra directamente. Una pena, el reciente matrimonio no va a volver a tener la oportunidad de hacerse jamás una foto con el Comando Peñota.

La estación mas bonita y cuidada de toda la Vía verde.

Pasamos pitando por la entrada de la antigua estación, que por cierto está preciosa, adornada con multitud de flores y piedras colocadas con gusto. La rodeamos y nos encontramos con una mezcla de parque temático y jardín botánico; da gusto ver al edificio tan bien cuidado, las zonas interraíles, los laterales y los andenes a rebosar de plantas, múltiples figuras orgánicas y simbólicas. Tenemos que decir que, entre cuidados y adornos, es la estación más bonita de todas las de la Vía. Parece ser que Adif se la tiene alquilada al escultor Félix Horcajo, que la utiliza como vivienda y taller.

El anden de la estación de Olmedo.

Del capítulo Plantas, hubo una que nos llamó la atención sobremanera: la réplica de un tronco de árbol agotado realizado con miles de piezas de hierro, tornillos, clavos, pequeños trozos de ferralla, trocitos de cable de acero, etc., una obra de arte con un enorme trabajo que nos encantó y nos parece una auténtica maravilla.

El olmo metálico.

También había una curiosa serie hecha con troncos y artilugios metálicos que dan una clara muestra de que al dueño le gusta el arte.

En posición horizontal...


El anden del jardín de la sala de exposiciones.

Dejamos atrás la "terminal" y, como decíamos al principio, dos años después retomamos el último tramo de la Vía Verde que nos quedaba por hacer. Nada más salir del pueblo, miramos al suroeste y vemos la que puede que sea la última vez que veamos a nuestro nuevo amor, Aguasal, semioculto en su depresión, tranquilo, despejado, sereno, silencioso...

Un ligero gustillo salobre nos queda cuando nos despedimos de Aguasal.

En La Vía descubrimos cómo los conejos han decidido usar la inteligente solución que diseñó el constructor, urbanista, geómetra y periodista (¡casi nada!) Arturo Soria con la ciudad lineal: una ancha calle central, las viviendas en ambos lados, amplios espacios y la posibilidad de poder disfrutar de un huerto en la parte de atrás. Si esto no es lo que han hecho los conejos, "¡que me aspen!". 

Hay una cosa clara: es que los conejos, muy inteligentes ellos, han seguido al pie de la letra las indicaciones de la ciudad lineal, con una salvedad: el pequeño huerto de atrás lo han convertido, como se diría en caló, por arte de birlibirloque, en un sembrado-despensa gigantesco que además cuenta con la cortesía de que se lo trabajan los humanos. ¡Y gratis!

Casas baratas.

El primer mojón que vemos es el de los 70 kilómetros; luego veríamos el 69 y el 68. Suponemos que los hitos de los kilómetros 71, 72 y 73, al estar cerca de Olmedo, algún acaparador coleccionista los tendrá orgullosamente expuestos en su comedor.

Septuagésimo mojón.

Seguimos por la ciudad lineal, digo, Vía Verde, que además de estar muy bien cuidada en esta ocasión, no como en la anterior, se nos hace muy corta, ayudados esta vez por el viento favorable que nos lleva en volandas hasta la VP-1106, la carretera que va de Llanos de Olmedo hacia Fuente Olmedo, de donde salimos esta mañana y donde nos dirigimos nosotros. Una nueva despedida, nos pasa lo mismo que con Aguasal, no sabemos si volveremos a ver a "la Ciudad Lineal de los conejos".

La Vía Verde, recta y limpia.

Entramos al pueblo por donde salimos esta mañana y ahí sigue erguida la preciosa torre que mandara hacer el párroco don Tomás Ruiz con los ladrillos de La Cilla Antigua. Bordeamos La Cilla nueva; lo de nueva es relativo, porque está hecha desde el año 1735. Como dato curioso y bonito, la nueva costó la friolera de dos mil setecientos ochenta y nueve reales y treinta maravedís, como muy bien se detalla en el blog Fuente Olmedo Vivo en sus Historias de Cercanías, titulado La Cilla derribada por error, que le costó una reprimenda al párroco. ¡Una joya! 

Nos vamos a la Plaza Mayor, nos despedimos de nuevo y puede ser por última vez de la singular maravilla que es su ayuntamiento y su historia.

Verdaderamente nos da tristeza tener que separarnos de Fuente Olmedo; nos lo llevamos en nuestro corazón para siempre.

Que alegría ver de nuevo a la torre de "Don Tomas"


Resumen etapas de la vía verde del Comando Peñota

1ª Etapa de la Vía Verde  11-11-23  Segovia - Perogordo                                             7.83 km.
 
2ª Etapa de la Vía Verde  25-11-23   Perogordo - Valverde del Majano                      12.08 km.

3ª Etapa de la Vía Verde  10-12-23   Valverde del Majano - Hontanares de Eresma    9.68 km.

4ª Etapa de la Vía Verde  07-01-24   Hontanares de Eresma - Los Huertos                11.63 km.

5ª Etapa de la Vía Verde  13.01-24   Los Huertos - Carbonero de Ahusín                   10.20 km.

6ª Etapa de la Vía Verde  20-01-24   Los huertos - Yanguas de Eresma                     13.44 km.

7ª Etapa de la Vía Verde  27-01-24   Armuña - Ortigosa del Pestaño                            7.81 km.

8ª Etapa de la Vía Verde  03-02-24   San Pedro - Armuña                                           13.52 km.

9ª Etapa de la Vía Verde  11-02-24   Ortigosa del Pestaño - Eta. Virgen del Pozo        9.37 km.

10ª Etapa de la Vía Verde 17-02-24  Nieva -Nava de la Asunción                               18.76 km.

11ª Etapa de la Vía Verde  25-02-24  Nava de la Asunción - Coca                              26.09 km.

12ª Etapa de la Vía Verde  02-03-24  Coca - Ciruelos de Coca                                   11.50 km.

13ª Etapa de la Vía Verde  22-04-24  Ciruelos de Coca - Fuente Olmedo                   16.90 km.

14ª Etapa de la Vía Verde  14-04-24   Fuente Olmedo - Olmedo                                 14.80 km.

                                                                                                       TOTAL                  183.61 km.
 
El camino natural de la Vía Verde del Valle del Eresma tiene una Longitud oficial     73.05 km  

P.D. Todas las etapas las hemos dividido en dos tramos, uno recorriendo la Vía Verde y otros alternativos que nos han descubierto preciosos y desconocidos pueblos, además de los atractivos caminos rurales que los unen, para hacernos descubrir nuestra provincia. La única excepción ha sido la 7.ª etapa entre Armuña y Ortigosa del Pestaño, que, por exigencias del guion, solo hicimos el tramo que discurría por la Vía Verde, haciendo una visita al pueblo de Miguel Ibáñez, una joya, precioso, pequeño, con unos paisanos acogedores y dialogantes que nos hicieron pasar un rato muy agradable.  

Hemos disfrutado muchísimo de la experiencia y nos apena la finalización de la misma.

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jueves, 25 de junio de 2026

01-03-26 Escarabajosa de Cabezas - II

 



28-02-26

Segovianos por Segovia

Escarabajosa de Cabezas - Mozoncillo


Segunda ocasión en la que visitamos el pueblo que tiene el curioso nombre de Escarabajosa de Cabezas. Consultando, descubrimos que la peculiaridad del nombre puede tener varias raíces. A lo que le sumaríamos que curiosamente nos encontramos en Segovia con otro Escarabajosa, este con "el apellido" de Cuéllar. También hubo otro en la provincia de Ávila. Se sabe que a los paisanos del pueblo no les gustaba mucho el nombre. Por lo tanto, optaron por cambiarle el nombre por el actual de Santa María del Tiétar

Rotulo del pueblo escoltado por un triunvirato de de columnas.

La primera visita que hiciéramos al pueblo nos llevó dirección sureste hasta Cantipalos; a la vuelta, vimos que hacia el noreste se hallaba otro pueblo con el bonito y llamativo nombre de  Mozoncillo y, como no podía ser de otra manera, no hay que ser muy listillo para darse cuenta de que pronto nos entró "el gusanillo" y hoy será el día que vayamos a Mozoncillo. Aparcamos en el Descansadero, que a la vez hace las funciones de Plaza Mayor, en la que se encuentran el ayuntamiento y la iglesia. 

Hito conmemorativo.

Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Preguntamos a todos los vecinos que nos encontramos, incluso al mosén que salía de la iglesia en esos momentos; nos tuvimos que venir con la curiosidad de saber de qué especie se trataba. Posteriormente, llamamos al ayuntamiento y a un vivero que hay allí, pero no supieron darnos una respuesta.  Cuando vemos hoy su delicada corteza en tan mal estado, suponemos que habrá sido producto de la drástica poda hecha "a lo segoviano", lo que nos crea una profunda desazón.

16 Enero 2021

Los daños que sufre la corteza son evidentes; afortunadamente, parece que algunas pequeñas ramas dan la sensación de que siguen con vida. Confiemos en su recuperación.


28 de Febrero de 2026

Comenzamos la etapa saliendo por el camino de Escarabajosa, que nos acerca al paraje de Carracuadrón, por el que seguimos hasta el primer cruce, donde nos vamos por la izquierda hacia Valdeporras. Allí nos encontramos con un tractorista en plena labor; nos quedamos como "las vacas al tractor". Se da cuenta de que no vemos muchos tractores normalmente y ahora es él el que se queda como "tractorista al caminante"; posteriormente nos dirá que no es muy normal ver peatones por estos caminos. Ha parado frente a nosotros, pues nos ha visto necesitados de información; se baja, momento que aprovechamos para aprender cosas nuevas, por ejemplo, cómo se llama "el arado múltiple que lleva". Se llama vertedera, como el trabajo que hace; es increíble ver cómo, usando la potencia del tractor, es capaz al mismo tiempo de cortar, girar y desmenuzar el terreno a una profundidad de cincuenta centímetros. Una vez acabada la lección, el amigo Alberto se monta de nuevo en su "macromula mecánica", le coloca las ruedas de la derecha en el último surco que ha hecho viniendo y se aleja con el "multiarado" incrustado, dándole una nueva vida a la tierra. Vemos una bandada de cigüeñas que, hambrientas, vienen "al bufet libre de acridios, lumbricidos y coleópteros" que les facilita nuestro amigo el tractorista al remover las tierras para no dejar de suministrarles alimentos. Ahí tienen tarea para rato, los dos, tractorista y necesitadas cigüeñas.                                                                                                                             


El chef y sus comensales.

Unos metros más adelante nos encontramos con una nueva curiosidad desconocida por nosotros. Por primera vez vemos unas tierras sembradas de zanahorias, con una pequeña montaña de zanahorias recién recogidas que haría felices a Roger Rabbit, Tambor o Bugs Bunny y sobrarían para endulzar el menú de muchos burros y caballos.


Montón de raíces.

No salimos de nuestro asombro cuando vemos al estoico observador que asiste inmóvil al crecimiento del trigo; contemplándolo, nos da la sensación de estar viendo al "ninot indultat" que se ha salvado de "la cremá".
 
El esqueleto.

Después de subir una ligera pendiente, llegamos al cambio de rasante que nos permite divisar a nuestra espalda a Escarabajosa y al frente a Mozoncillo; también vemos a nuestra derecha lo que nos pareció una ermita (posteriormente no lo hemos podido confirmar).

La presunta capilla.

Continuamos para encontrarnos con "una necrópolis de tocones", museo de secretas bellezas irregulares, subterráneas, vergonzosas que existen ocultas durante toda su vida y que solo el hombre, con la ayuda de hercúleas máquinas, es capaz de sacarlas a la luz. Esto ha hecho posible su estudio y el descubrimiento de cómo las raíces son, en principio, el embrión que dará origen al futuro árbol. Las raíces desempeñan funciones de "aparato digestivo"; obtienen "mágicamente" el agua y los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo. Al mismo tiempo, anclan al terreno para evitar daños. Desde luego, es un universo fascinante.


Cementerio de toconas.

Antes de llegar al pueblo, descubrimos una llamativa vacada de raza berrenda; curiosamente, dentro del mismo terreno los tienen en colorado y en negro. Nos preguntamos si, al cubrir el semental rojo a las vacas negras, se conseguirá por primera vez la raza de "berrendos en granate".

Vacada manchada.

Entramos por primera vez en la vida a Mozoncillo por la calle Escarabajosa, que nos lleva a la espaciosa y luminosa plaza de la Hermandad.


Las vacas del pueblo...

Hacia el norte por la calle Escobar nos encontramos con "el primo de Zumosol" de Mozoncillo.

Musculoso.

Llegamos a la plaza Mayor donde descubrimos al edificio del ayuntamiento. 

Consistorio.

Este se halla coronado por una espadaña que es una pequeña obra de arte; está compuesta por un frontal con dos refuerzos laterales y otro en el centro. Sobre este se halla un arco de medio punto en el que se sitúa la campana que antiguamente, cuando no había las tecnologías modernas, se usaba para anunciar toda clase de sucesos. Tiene un detalle curioso: un reloj que, condicionado por el contrafuerte central, se ha visto obligado a desplazar lateralmente, dejándole descentrado.

Campanario.

Descubrimos esa "joya-cartel" que en nuestra inocente niñez nos decía que los "cowboys" no negociaban con "los indios chilenos". Con el tiempo descubriríamos que el mensaje que anunciaba eran los fertilizantes para abonar los campos de cultivo y que lo extraían laboriosamente de las llanuras inagotables del desierto de Atacama. Hoy en día los fertilizantes están más controlados, pero siguen teniendo múltiples aplicaciones beneficiosas, por ejemplo, aunque suene a chino, su uso como vasodilatador para sanar enfermedades cardiovasculares.

El caballista chileno.

La iglesia de Mozoncillo tiene varias reformas, pero su primera piedra se puso en el siglo XII y ocho siglos después siguen en su sitio y esperemos que por muchos siglos más para poder seguir disfrutando de ella.

Iglesia de San Juan Bautista.

Adosadas a la cabecera vemos la vicaría con la espalda bien protegida por una robusta torre romanica, con ocho campanas, otras tantas cigüeñas y coronada por un estilizado chapitel con su veleta y la obligada cruz.

Campanario de la parroquia.

Hoy, en la tranquilidad que predomina en los alrededores de la iglesia, disfrutamos de la textura de las centenarias columnas graníticas, del olor que desprende el pequeño y cuidado jardín, de la vista del soleado atrio, del concierto interpretado por la "banda-da" de los múltiples pájaros y, al mismo tiempo, degustamos un delicioso bocata de "cochinillo", como no podía ser de otro modo en Mozoncillo. El tiempo se nos pasa volando.  ¡¡¡Qué rico nos ha sabido el bocadillo en Mozoncillo!!!


Nuestro comedor.

Deja atrás la iglesia por la calle de la Virgen y en la esquina que forma con la calle Arroyo Abajo nos llama la atención una cubierta repleta de chimeneas; nunca habíamos visto nada igual. Tenemos que controlar la curiosidad, imposible no informarnos; para ello llamamos al ayuntamiento, nos atiende una señorita muy amable que nos explica que era un ¡secadero de achicoria! Menudo descubrimiento, no salimos de nuestro asombro, sobre todo teniendo en cuenta que somos amantes de la achicoria; nos gusta y mucho.

No nos cuesta mucho encontrar un excelente blog dedicado al estudio del patrimonio industrial; en él leemos un artículo donde descubrimos la importancia que tuvo en varios pueblos de Segovia. Allí nos cuenta la historia de las fábricas que elaboraban la achicoria en Mozoncillo; en él, entre otras, se describe la que se encontraba en la nave que nos atañe y donde nos indica que era el secadero de don Petronilo, además de explicar la transformación necesaria para procesar las plantas que llegaban al secadero.

- Separación de las hojas de la raíz y lavado de esta.

- Cortado de las raíces en trozos pequeños.

- Secado.

- Tostado.

- Molido.

- Envasado.

 

Todos los trabajos son explicados meticulosamente y así se puede entender la dureza que se daba en la elaboración. Lo primero que tenemos que entender es que estamos hablando de que se empezó a producir a la finalización de la guerra hasta la década de los setenta, que el café tomó más relevancia.

Como explicaba el blog, los duros trabajos empezaban por lavar y separar las hojas de las raíces y esto se hacía en los meses de invierno. Posteriormente, había que cortarlas para hacerlas más pequeñas. Este duro trabajo se hacía a la intemperie, como mucho ha cubierto de un chamizo. Posteriormente, venía otro duro trabajo: el secado y tostado. Esta labor se llevaba a cabo en la bajo cubierta de la nave de la fotografía; su suelo estaba formado por una rejilla metálica que dejaba pasar el calor producido por los hornos ubicados en la planta baja, haciendo subir la temperatura a los cincuenta y hasta sesenta grados, lo que puede dar una idea de lo que tendrían que soportar los operarios volteando la achicoria para tostarla. Y no creamos que aquí acababa el martirio; quedaba el molido y envasado, trabajos que producían mucho polvo que también conllevaba su dificultad. Todas estas adversidades provocaron la emigración de mucha mano de obra en busca de trabajos menos duros y, supongo, mejor pagados.

Solo nos queda explicar la función de las múltiples chimeneas que colonizaban la cubierta, autoras de nuestra curiosidad. Como es lógico pensar, las más altas y robustas eran las encargadas de evacuar el humo de los hornos y la legión de retacos provistos de sus VIROLAS con veleta que les permitía adivinar la dirección del viento y que se encargaban de que respirase el secadero.

El secadero de Don Petronilo.

Saliendo por la calle Segovia, dejamos la plaza de toros a la derecha y a la izquierda la ermita de Jesús de Nazaret. Nos llama la atención un escudo que vemos adosado a una estropeada caseta a la salida del pueblo; imposible que no nos sorprenda, teniendo en cuenta que, estando situado en plena meseta segoviana, el emblema sea un ancla naval que asoma por el ojo de un puente soportado por dos vegetales laterales. En el de la izquierda podemos apreciar claramente al manjar del cerdo, las bellotas; en la derecha podría ser una palmera. Nos corroe la curiosidad: ¿De dónde vendrá? ¿Qué significado tendrá? ¿Qué curiosidad?


El escudo misterioso.

A la altura del paraje de Las Cabezas damos vistazo de "360º" a estos terrenos tan distintos a nuestro entorno; mirando al este, al fondo se ve la presunta ermita, más cerca los tristes, pero necesarios, barbechos; suponemos que discurre el arroyo Arevalillo, jalonado por el escaso sotobosque que aprovecha de sus escasas aguas, más barbechos y todo coronado por unas bonitas hiladas de nubes segovianas.

El Arevalillo oculto.

Cogemos el Cordel de Segovia y cruzamos ahora por encima del Arevalillo donde vemos  a sus pequeños meandros mostrándose más caudaloso de lo que nos maginábamos.

El Arevalillo mostrandose.

Vemos recortado al fondo a Escarabajosa con su bonito felpudo verde situado a su puerta y su artesonado confeccionado con más estratos segovianos.

Nuestra meta.

Dejamos el Cordel de Segovia para tomar el Camino Real que nos lleva hasta el descansadero que hay habilitado en el centro del pueblo y que ya dejaran indicado en un "Manolito" con su leyenda en el año 2006.

Principio y final de la etapa de hoy.

Nos despedimos de la campiña segoviana después de disfrutar de un día excelente.


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