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jueves, 25 de junio de 2026

01-03-26 Escarabajosa de Cabezas - II

 



28-02-26

Segovianos por Segovia

Escarabajosa de Cabezas - Mozoncillo


Segunda ocasión en la que visitamos el pueblo que tiene el curioso nombre de Escarabajosa de Cabezas. Consultando, descubrimos que la peculiaridad del nombre puede tener varias raíces. A lo que le sumaríamos que curiosamente nos encontramos en Segovia con otro Escarabajosa, este con "el apellido" de Cuéllar. También hubo otro en la provincia de Ávila. Se sabe que a los paisanos del pueblo no les gustaba mucho el nombre. Por lo tanto, optaron por cambiarle el nombre por el actual de Santa María del Tiétar

Rotulo del pueblo escoltado por un triunvirato de de columnas.

La primera visita que hiciéramos al pueblo nos llevó dirección sureste hasta Cantipalos; a la vuelta, vimos que hacia el noreste se hallaba otro pueblo con el bonito y llamativo nombre de  Mozoncillo y, como no podía ser de otra manera, no hay que ser muy listillo para darse cuenta de que pronto nos entró "el gusanillo" y hoy será el día que vayamos a Mozoncillo. Aparcamos en el Descansadero, que a la vez hace las funciones de Plaza Mayor, en la que se encuentran el ayuntamiento y la iglesia. 

Hito conmemorativo.

Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Desde aquí nos asomamos a ver el árbol que está enfrente de la puerta de la iglesia que vimos en la anterior visita al pueblo y tanto nos llama la atención. Viendo la corteza, nos recordaba a la del almez. Preguntamos a todos los vecinos que nos encontramos, incluso al mosén que salía de la iglesia en esos momentos; nos tuvimos que venir con la curiosidad de saber de qué especie se trataba. Posteriormente, llamamos al ayuntamiento y a un vivero que hay allí, pero no supieron darnos una respuesta.  Cuando vemos hoy su delicada corteza en tan mal estado, suponemos que habrá sido producto de la drástica poda hecha "a lo segoviano", lo que nos crea una profunda desazón.

16 Enero 2021

Los daños que sufre la corteza son evidentes; afortunadamente, parece que algunas pequeñas ramas dan la sensación de que siguen con vida. Confiemos en su recuperación.


28 de Febrero de 2026

Comenzamos la etapa saliendo por el camino de Escarabajosa, que nos acerca al paraje de Carracuadrón, por el que seguimos hasta el primer cruce, donde nos vamos por la izquierda hacia Valdeporras. Allí nos encontramos con un tractorista en plena labor; nos quedamos como "las vacas al tractor". Se da cuenta de que no vemos muchos tractores normalmente y ahora es él el que se queda como "tractorista al caminante"; posteriormente nos dirá que no es muy normal ver peatones por estos caminos. Ha parado frente a nosotros, pues nos ha visto necesitados de información; se baja, momento que aprovechamos para aprender cosas nuevas, por ejemplo, cómo se llama "el arado múltiple que lleva". Se llama vertedera, como el trabajo que hace; es increíble ver cómo, usando la potencia del tractor, es capaz al mismo tiempo de cortar, girar y desmenuzar el terreno a una profundidad de cincuenta centímetros. Una vez acabada la lección, el amigo Alberto se monta de nuevo en su "macromula mecánica", le coloca las ruedas de la derecha en el último surco que ha hecho viniendo y se aleja con el "multiarado" incrustado, dándole una nueva vida a la tierra. Vemos una bandada de cigüeñas que, hambrientas, vienen "al bufet libre de acridios, lumbricidos y coleópteros" que les facilita nuestro amigo el tractorista al remover las tierras para no dejar de suministrarles alimentos. Ahí tienen tarea para rato, los dos, tractorista y necesitadas cigüeñas.                                                                                                                             


El chef y sus comensales.

Unos metros más adelante nos encontramos con una nueva curiosidad desconocida por nosotros. Por primera vez vemos unas tierras sembradas de zanahorias, con una pequeña montaña de zanahorias recién recogidas que haría felices a Roger Rabbit, Tambor o Bugs Bunny y sobrarían para endulzar el menú de muchos burros y caballos.


Montón de raíces.

No salimos de nuestro asombro cuando vemos al estoico observador que asiste inmóvil al crecimiento del trigo; contemplándolo, nos da la sensación de estar viendo al "ninot indultat" que se ha salvado de "la cremá".
 
El esqueleto.

Después de subir una ligera pendiente, llegamos al cambio de rasante que nos permite divisar a nuestra espalda a Escarabajosa y al frente a Mozoncillo; también vemos a nuestra derecha lo que nos pareció una ermita (posteriormente no lo hemos podido confirmar).

La presunta capilla.

Continuamos para encontrarnos con "una necrópolis de tocones", museo de secretas bellezas irregulares, subterráneas, vergonzosas que existen ocultas durante toda su vida y que solo el hombre, con la ayuda de hercúleas máquinas, es capaz de sacarlas a la luz. Esto ha hecho posible su estudio y el descubrimiento de cómo las raíces son, en principio, el embrión que dará origen al futuro árbol. Las raíces desempeñan funciones de "aparato digestivo"; obtienen "mágicamente" el agua y los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo. Al mismo tiempo, anclan al terreno para evitar daños. Desde luego, es un universo fascinante.


Cementerio de toconas.

Antes de llegar al pueblo, descubrimos una llamativa vacada de raza berrenda; curiosamente, dentro del mismo terreno los tienen en colorado y en negro. Nos preguntamos si, al cubrir el semental rojo a las vacas negras, se conseguirá por primera vez la raza de "berrendos en granate".

Vacada manchada.

Entramos por primera vez en la vida a Mozoncillo por la calle Escarabajosa, que nos lleva a la espaciosa y luminosa plaza de la Hermandad.


Las vacas del pueblo...

Hacia el norte por la calle Escobar nos encontramos con "el primo de Zumosol" de Mozoncillo.

Musculoso.

Llegamos a la plaza Mayor donde descubrimos al edificio del ayuntamiento. 

Consistorio.

Este se halla coronado por una espadaña que es una pequeña obra de arte; está compuesta por un frontal con dos refuerzos laterales y otro en el centro. Sobre este se halla un arco de medio punto en el que se sitúa la campana que antiguamente, cuando no había las tecnologías modernas, se usaba para anunciar toda clase de sucesos. Tiene un detalle curioso: un reloj que, condicionado por el contrafuerte central, se ha visto obligado a desplazar lateralmente, dejándole descentrado.

Campanario.

Descubrimos esa "joya-cartel" que en nuestra inocente niñez nos decía que los "cowboys" no negociaban con "los indios chilenos". Con el tiempo descubriríamos que el mensaje que anunciaba eran los fertilizantes para abonar los campos de cultivo y que lo extraían laboriosamente de las llanuras inagotables del desierto de Atacama. Hoy en día los fertilizantes están más controlados, pero siguen teniendo múltiples aplicaciones beneficiosas, por ejemplo, aunque suene a chino, su uso como vasodilatador para sanar enfermedades cardiovasculares.

El caballista chileno.

La iglesia de Mozoncillo tiene varias reformas, pero su primera piedra se puso en el siglo XII y ocho siglos después siguen en su sitio y esperemos que por muchos siglos más para poder seguir disfrutando de ella.

Iglesia de San Juan Bautista.

Adosadas a la cabecera vemos la vicaría con la espalda bien protegida por una robusta torre romanica, con ocho campanas, otras tantas cigüeñas y coronada por un estilizado chapitel con su veleta y la obligada cruz.

Campanario de la parroquia.

Hoy, en la tranquilidad que predomina en los alrededores de la iglesia, disfrutamos de la textura de las centenarias columnas graníticas, del olor que desprende el pequeño y cuidado jardín, de la vista del soleado atrio, del concierto interpretado por la "banda-da" de los múltiples pájaros y, al mismo tiempo, degustamos un delicioso bocata de "cochinillo", como no podía ser de otro modo en Mozoncillo. El tiempo se nos pasa volando.  ¡¡¡Qué rico nos ha sabido el bocadillo en Mozoncillo!!!


Nuestro comedor.

Deja atrás la iglesia por la calle de la Virgen y en la esquina que forma con la calle Arroyo Abajo nos llama la atención una cubierta repleta de chimeneas; nunca habíamos visto nada igual. Tenemos que controlar la curiosidad, imposible no informarnos; para ello llamamos al ayuntamiento, nos atiende una señorita muy amable que nos explica que era un ¡secadero de achicoria! Menudo descubrimiento, no salimos de nuestro asombro, sobre todo teniendo en cuenta que somos amantes de la achicoria; nos gusta y mucho.

No nos cuesta mucho encontrar un excelente blog dedicado al estudio del patrimonio industrial; en él leemos un artículo donde descubrimos la importancia que tuvo en varios pueblos de Segovia. Allí nos cuenta la historia de las fábricas que elaboraban la achicoria en Mozoncillo; en él, entre otras, se describe la que se encontraba en la nave que nos atañe y donde nos indica que era el secadero de don Petronilo, además de explicar la transformación necesaria para procesar las plantas que llegaban al secadero.

- Separación de las hojas de la raíz y lavado de esta.

- Cortado de las raíces en trozos pequeños.

- Secado.

- Tostado.

- Molido.

- Envasado.

 

Todos los trabajos son explicados meticulosamente y así se puede entender la dureza que se daba en la elaboración. Lo primero que tenemos que entender es que estamos hablando de que se empezó a producir a la finalización de la guerra hasta la década de los setenta, que el café tomó más relevancia.

Como explicaba el blog, los duros trabajos empezaban por lavar y separar las hojas de las raíces y esto se hacía en los meses de invierno. Posteriormente, había que cortarlas para hacerlas más pequeñas. Este duro trabajo se hacía a la intemperie, como mucho ha cubierto de un chamizo. Posteriormente, venía otro duro trabajo: el secado y tostado. Esta labor se llevaba a cabo en la bajo cubierta de la nave de la fotografía; su suelo estaba formado por una rejilla metálica que dejaba pasar el calor producido por los hornos ubicados en la planta baja, haciendo subir la temperatura a los cincuenta y hasta sesenta grados, lo que puede dar una idea de lo que tendrían que soportar los operarios volteando la achicoria para tostarla. Y no creamos que aquí acababa el martirio; quedaba el molido y envasado, trabajos que producían mucho polvo que también conllevaba su dificultad. Todas estas adversidades provocaron la emigración de mucha mano de obra en busca de trabajos menos duros y, supongo, mejor pagados.

Solo nos queda explicar la función de las múltiples chimeneas que colonizaban la cubierta, autoras de nuestra curiosidad. Como es lógico pensar, las más altas y robustas eran las encargadas de evacuar el humo de los hornos y la legión de retacos provistos de sus VIROLAS con veleta que les permitía adivinar la dirección del viento y que se encargaban de que respirase el secadero.

El secadero de Don Petronilo.

Saliendo por la calle Segovia, dejamos la plaza de toros a la derecha y a la izquierda la ermita de Jesús de Nazaret. Nos llama la atención un escudo que vemos adosado a una estropeada caseta a la salida del pueblo; imposible que no nos sorprenda, teniendo en cuenta que, estando situado en plena meseta segoviana, el emblema sea un ancla naval que asoma por el ojo de un puente soportado por dos vegetales laterales. En el de la izquierda podemos apreciar claramente al manjar del cerdo, las bellotas; en la derecha podría ser una palmera. Nos corroe la curiosidad: ¿De dónde vendrá? ¿Qué significado tendrá? ¿Qué curiosidad?


El escudo misterioso.

A la altura del paraje de Las Cabezas damos vistazo de "360º" a estos terrenos tan distintos a nuestro entorno; mirando al este, al fondo se ve la presunta ermita, más cerca los tristes, pero necesarios, barbechos; suponemos que discurre el arroyo Arevalillo, jalonado por el escaso sotobosque que aprovecha de sus escasas aguas, más barbechos y todo coronado por unas bonitas hiladas de nubes segovianas.

El Arevalillo oculto.

Cogemos el Cordel de Segovia y cruzamos ahora por encima del Arevalillo donde vemos  a sus pequeños meandros mostrándose más caudaloso de lo que nos maginábamos.

El Arevalillo mostrandose.

Vemos recortado al fondo a Escarabajosa con su bonito felpudo verde situado a su puerta y su artesonado confeccionado con más estratos segovianos.

Nuestra meta.

Dejamos el Cordel de Segovia para tomar el Camino Real que nos lleva hasta el descansadero que hay habilitado en el centro del pueblo y que ya dejaran indicado en un "Manolito" con su leyenda en el año 2006.

Principio y final de la etapa de hoy.

Nos despedimos de la campiña segoviana después de disfrutar de un día excelente.


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