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lunes, 16 de marzo de 2020

23-02-20 San Blas





23-02-20

Los txalapartaris

      Como no podía ser de otra manera tenemos que hacer la etapa nuestra de cada día y para ello aprovechando que estamos en la capital del mudéjar nos vamos a caminar paralelos al río Guadalaviar, tan mudéjar como la provincia y con la curiosa particularidad de que justo antes de llegar a Teruel cambia de nombre por el de Turia que pasará posteriormente por nuestro queridísima Torrebaja del Rincón de Ademuz  hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo por Valencia.

      Para ello nos desplazamos a San Blas pueblo que se halla a unos siete km. de la capital, a nuestro paso por él nos topamos de nuevo con la ley de la casualidad universal. Diría el refrán que por San Blas lo lógico sería que viésemos una cigüeña, la realidad es otra muy diferente, no vemos ni cigüeñas blancas ni negras, al que descubrimos paseando por la acera es a un primo nuestro. Paramos para saludarle, charlamos, él también es andarín, nos comenta sobre el trayecto que haremos hoy, nos despedimos y nos vamos al comienzo de la etapa. 

     Antes de cruzar el puente sobre el río, nos vamos por la derecha y pronto llegamos a una explanada donde aparcamos, cogemos los cachivaches y arrancamos. Vamos paralelos a una acequia y pronto llegamos al punto en el cual toma el agua que regara  entre otras el área de Guea, cruzamos el dique por un puente metálico de tramer.


Azud.

      Nos viene a la cabeza el azud del acueducto de Segovia, como no puede ser de otra manera teniendo en cuenta que fue el primero que viéramos, es llamativa la diferencia entre las dos construcciones con fines similares y entornos tan distintos.

      Subimos por la margen izquierda y hemos cruzado a la derecha. Ahora que vamos por un camino tendido, por la sombra, con una temperatura ideal, arrullados por el murmullo del río nos disponemos a disfrutar de la etapa. Nos llega el chismorreo de un salto de agua

´Gradas.
.
     Subimos y nos asomamos al Mirador del Pozo, un vistazo rápido, la maleza nos dificulta su visión. Continuamos y llegamos a la estación de aforo nº 8096, la curiosidad nos lleva a dar un vistazo a sus estadísticas, los últimos años que vienen reflejados 2015-16 dan unas cifras raquíticas, la media de todos los meses fue de menos de un metro cubico/segundo.


      Calculemos el caudal en el día de hoy. Siendo Q el caudal, V la velocidad y S la sección y sabiendo que Q = V •S y con las medida de la velocidad estimada y la superficie del rectángulo del paso del río por la estación veamos el caudal actual, Q = 0,70 m/s • (1 m • 0,35 m) = 0,245 m3/s aproximadamente.


     La curiosidad nos lleva a sumergirnos en este "charco" porque nos ha surgido una polémica, ¿Que río baja con más caudal, el Guadalaviar o el río Moros? No hemos tenido que subir a la estación de aforo de la Panera a medir, como no podía ser de otra forma cada cuenca tiene registrados sus respectivos aforos desde bastantes años atrás y efectivamente el Moros baja con más caudal. Además nos encontramos con infinidad de datos curiosos como por ejemplo que de los últimos años, el año 1989 tuvo una media altísima en el Moros, también vemos el aforo de casi 25 m/3/segundo en un momento puntual del Guadalaviar cantidad ingente para pasar por estas estrechuras.


Estación de aforo en el Guadalaviar.



Q= V · S

      Vamos dejando las Matemáticas atrás para volver a empaparnos de naturaleza y pronto lo conseguimos. Nos encontramos con una estrecha garganta, que podemos atravesar gracias a un pasillo aéreo y metálico, en el centro  descubrimos una primitiva construcción de una pequeña represa realizada al tiempo de la constitución de la ciudad de Teruel. Los interrogantes se nos acumulan, primero la utilidad, que suponemos que sería para el riego, pero lo realmente difícil de entender es cómo fue posible su construcción con la falta de medios y su situación ¡Asombroso!


El Arquillo.

      Posteriormente vemos una fotografía del año 1995 en la que se ven claramente cuatro cosas: primero que el muro por abajo tiene un arco; segundo que ese año fue tremendamente seco; tercero que el balcón es posterior a ese año y cuarto que por ese ojo "subacuatico" es por donde pasa el agua y nos desmonta lo que a la vista nos parecía un milagro, no se veía ni cómo ni por donde pasaba el agua.

      Una vez cruzado el estrechamiento bajamos a una "senda botánica", al rosario de chopos que buscan ansiosamente la luz del sol que les oculta la tremenda altura del desfiladero y que flanquean al rió en ambas márgenes. Hay que sumarle sabinas, sargas, bardagueras, espinos expertos  en infringir dolor, etc., pero hay una poco conocida por nosotros que forma composiciones espectaculares y con el bonito nombre de plantas rupícolas (capaces de vivir sobre las rocas).


Hierba de la Lucia.
     
      Su visión es cautivadora y antes de que se nos pase la impresión nos encontramos un nuevo ejemplo, este acompañado de lo que creíamos una naturaleza muerta y que posteriormente nos dejó con la duda.


¿Que bebe?




¿Muerta o medio muerta?



      Cambiamos de margen y un cartel con el curioso epígrafe de Cueva de la Murciágana nos hace asomarnos pensando encontrarnos una subespecie de murciélago murciano. No entendemos que uso se le habrá dado antiguamente pero se ve claramente que ha tenido una utilidad porque al fondo se ve un "Jergón" de obra, estrado, etc.









     Continuamos y vamos viendo murciáganos por todos los rincones. De repente desaparecen ante la vista de un paredón estratificado perfectamente en líneas rectas paralelas y cuarteadas, parecen colocadas por un "reponedor del super" ... Suponemos que se le podría denominar el catón de la mineralogía. Nos imaginamos al geólogo con la varita dando la clase y explicando las diferentes eras, periodos, épocas, tiempos y los diferentes materiales, aunque en este caso se ve bastante homogeneidad en sus componentes, cruzamos una nueva "txaparta" dando otro pequeño concierto, al tiempo que cambiamos de "acera".


Estratos cortados con el bisturí y el tiralíneas.

      Atraviesan los "txalapartaris" el río para seguir ahora disfrutando de la grandeza del cañón, al tiempo que vemos de nuevo una nueva "txalaparta" al fondo, cuando llegamos a ella aprovechamos para dar otro pequeño recital y cambiamos de nuevo de margen.


Imponente.

      Cada vez que cruzamos el río tenemos una sesión que nos ameniza aún más el trayecto, de esta manera cuando nos queremos dar cuenta vemos al fondo del desfiladero la pantalla del pantano.

Cañón de agua.

      Hemos llegado a los pies del dique desde donde subiremos una tremenda escalera de peldaños de desiguales huellas y contrahuellas por la que llegamos a la pasarela de la pantalla. Estamos solo unos sesenta metros más altos pero nos ha entrado un hambre como si hubiésemos subido un ocho mil.

Pantalla.

      Para nuestra sorpresa, descubrimos un tranquilo merendero con mesas y bancos que nos viene de perillas para nuestra siguiente misión que no es otra que matar la carpanta. Estamos relativamente cerca de Torrebaja y se nos vienen a la cabeza sus famosas gachas de panizo ¡Que ricas! Y ¡Cuánto tiempo sin comerlas! Como no pueden ser las gachas nos comeremos el bocata y lo "otro"  sin porrón. 

     Una vez saciados y como estamos a la sombra de una pinada, entramos en un estado letárgico. Realmente el sitio es encantador, la visión del agua, el trinar de los pájaros, la calma y la buena temperatura nos lleva a la gloria. Después de un rato no nos queda más  remedio que estirar las piernas. Nos asomamos al pantano cosa que siempre es agradable, miramos en la dirección que trae el río y recordamos el día que conocimos el pueblo fundado por mi tatarabuelo, Gea de Albarracin (broma de mi padre) Hicimos una visita al ayuntamiento y posteriormente mant
uvimos un agradable charla con un profundo conocedor de la historia del pueblo que nos explicó que el nombre viene desde que en el siglo XI estuviese la zona dominada por un clan bereber llamado Aben Razin ( al-banu-racin pueblo de los hijos de Razin), precioso nombre. Lo que no nos acabó de explicar fue de donde salía el Gea. Por nuestra parte seguiremos en la creencia de lo que suponemos era una broma de mi padre y lo achacaremos a que fue nuestro tatarabuelo el que le añadió el Gea. Lo mejor de aquella charla fue que nos recomendó visitar el pueblo de Albarracín del que desconocíamos su existencia, pueblo bello donde los haya, verlo y disfrutar de él todo fue uno ¡Un flechazo! Inolvidable y que ojala podamos volver a disfrutarlo. Aunque nos hayamos a quince kilómetros dirección sureste hemos tenido viaje en el espacio y en el tiempo, una bonita experiencia, regresamos al lado del "mar del Arquillo de San Blas" y a la realidad.



Sosiego.

    Vamos a ver si al tiempo que bajamos la escalera también gastamos las proteínas turolenses y lo "otro". Llegamos abajo sanos y salvos para desandar nuestros pasos y nos encontramos con uno de los múltiples carteles que le indican al caminante que hay que tener cuidado con las posibles riadas, viendo el caudal actual da la sensación de riachuelo pero ya hemos visto muchas riadas y nos vienen a la cabeza los veinticinco m/3 segundo que se dieron en su día y no le deseamos que a nadie le pillara andando por este cañón.


Hacer caso.

     Recorremos un tramo de la senda franqueada por esbeltos chopos engalanados algunos con túnicas de hiedra, incrustado entre los paredones resultantes de miles de años de constante erosión que con el paso del tiempo y los efectos de la naturaleza a día de hoy se hayan cubiertos por verdes y frescos jardines verticales.



Pasillo encantado.


    Le hemos visto varias veces sin hacerle mucho caso y en un momento de lucidez le leemos con más atención, miramos hacia a las alturas y descubrimos que deberíamos de respetarle. No nos avisa de algo blando como el agua, de lo que nos avisa es de los posibles desprendimientos de piedras, que fijándose un poco, es fácil darse cuenta que podría ser fácilmente y muy gordas. Vemos infinidad de pedruscos situados muchos metros por encima de nuestras cabeza s en claro equilibrio cósmico, únicamente haría falta que se posase sobre las piedras una mariposa para provocar una avalancha ¡Mil ojos y suerte!







     Cruzamos de nuevo otra "txalaparta" en la que como en todas las anteriores damos otro pequeño concierto.
"Txalaparta"
      Después de cruzar de nuevo el río nos subimos a una nueva pasarela que discurre por otro precioso desfiladero, este es el más estrecho de todo el recorrido, alcanzamos una vereda que nos acerca a una escalera dividida en varios tramos que nos llevará al punto desde el cual descenderemos suavemente hacía la meta.

"Pasarela Cibeles"



Escaleras al cielo, al fondo, arriba, podemos apreciar la barandilla.


      Cómodamente vamos terminando la etapa como tañería en su guitarra Paco de Lucia, "entre dos aguas", a la izquierda las aguas de la acequia que fluyen suaves y armoniosas y por la derecha, más rotundas las aguas del río. Estamos encantados de terminar una etapa tan bonita como la de hoy acompañados todo el rato por este río con el nombre que tanto nos gusta Guadalaviar (del bereber  wadi al-abyad, que quiere decir río blanco) con él llegamos a la meta y después de una etapa tan geológica, musical e hidrográfica tan mudéjar los txalapartaris se van a por el “Pucherico” prometido.

      



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domingo, 1 de marzo de 2020

15-02-20 Ruta de los molinos





15-02-20

Ruta de los molinos

     No sabemos si exageramos al decir que creemos  tener una plaza de aparcamiento en propiedad en el área de recreo de El Fresne, de cualquier manera hoy no hace mucha falta porque aunque hace un día estupendo no se ve que haya mucha afluencia de personal. Por nuestra parte nos equipamos y arrancamos, nos vamos a cruzar el río Becedas por el puente que hay justo aguas abajo de la pantalla del embalse al que vemos sobrado de aguas, en la anterior visita le vimos muy escaso de agua, por eso nos alegra la vista verle rebosando y cayendo a una alberca que imaginamos que puede hacer las funciones de piscina natural en verano.

Embalse de Hoyo de  Becedas I y a sus pies la piscina natural.


     Es empezar a subir y vemos una bonita piedra caballera que nos muestra un claro ejemplo de equilibrio cósmico.

Piedras oscilantes.

     Es evidente que estamos en terreno granítico. Andamos unos metros más, cien de ellos por una tremenda losa. No nos queda más remedio que darnos medía vuelta y a la vista de lo que se asemeja al gigantesco lomo de una ballena granítica emergiendo del agua, se nos escapa una exclamación ¡Vaya lancha! "Imposible botarla".


Lancha infinita.


     Realmente pensamos que no es un granito de primera calidad pero aquí, allá y acullá  se ven pequeñas extracciones en algunos cantos sueltos.  Nos movemos por la Solana de los Prados donde tomamos un camino que discurre entre vallas derruidas por el paso del tiempo y la desatención, a esto le sumamos la flora y la sensación es que nos moviéramos entre ruinas griegas.



Andando por Grecia. 

     Dejamos atrás el camino y nos fijamos en una rocalla formada por piedras graníticas de piel de lagarto que reguardan amorosamente a esas plantitas que tanto nos gustan y de las cuales no sabemos nada, esperamos con verdaderas ansias que alguna persona que la conozca nos diga su nombre, nos encantan.

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     De una estampa idílica pasamos directamente a la visión de los restos de ese "dragón come bosques" que odiamos con todo nuestro corazón.


Restos calcinados.

     Olvidémonos del "Cenizo", gracias a la generosidad y la belleza de la naturaleza nos encontramos de nuevo con nuestras amiguitas las plantitas desconocidas en una nueva formación encantadora que nos cautiva de nuevo. Allá donde nacen dan la sensación de formar parte de una composición floral.



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     Seguimos andando por los caminos mediterráneos y nos encontramos otra formación granítica de las que nos gustan tanto, vemos dos majestuosos bolos y que a uno de ellos aprovechando una fractura le han sacado un "quesito" dejando un hueco estupendo para hacerse un vivac si viniese al caso.


"La boca del bolo"
     Observando los bolos se les ve que están muy cuarteados, les dejamos tranquilos. Antes de continuar miramos al este tras la calima vemos desdibujados a nuestros amigos Almojón y Almenara, les damos la espalda y nos vamos hacia el oeste. El terreno se le ve más pulcro aparece un cerro que es pequeño pero luce esplendoroso.


El cerrete.


Daliniano.


   
    Poco nos podíamos imaginar que encontraríamos un ecosistema completamente atípico por estos lares, en nuestras anteriores visitas no habíamos visto nada igual, hemos llegado a una cañada llamada con buen criterio el Robledillo, de suelo verde limpio de piedras que tanto abundan por el termino y precioso robledal aunque ahora no tenga hojas. Llegamos a una encrucijada de caminos a babor sale una vereda hacia un bello paraje. (A la carpeta de pendiente)


A la izquierda vemos el el acicalado cerro de Matavieja.


     Por la proa continua el camino de la ruta de la Mina Ceferina, (A la carpeta de pendiente, también) nosotros nos vamos por estribor disfrutando del robledal en el que vemos agraciados ejemplares muy bien formados.


Quercus robur.

     Vemos que la climatología continua haciendo de las suyas, el invierno seco y las altas temperaturas que hemos tenido tiene al pilón y al regato que transcurre por el robledal completamente secos.


El abrevadero desecado.

     Nos encontramos una víctima que aun deshidratada es bella, la esencia de la creación, nacer, crecer y perecer.



Barullo.


    La naturaleza quita, la naturaleza pone  y ahora también nos deleita con la visión de la silueta de un majestuoso pino recortado sobre el azul turquesa del cielo.


Altivo.

    Montados en el "tiovivo"  del universo te das cuenta de la fragilidad de la vida en la naturaleza, si atrás ha quedado recortada la silueta de un "musculoso" pino, unos metros más arriba descubrimos la estructura de una esquelética víctima.



Bella decrepitud.


     Terminamos de subir el repecho accediendo a la cima de la Llanada, una tachuela de 1205 m. de altura, se encuentra decorada por un cartel indicativo de la ruta que seguimos y tras ella vemos el vértice geodésico nº 53210.



Llanada.

     Este pequeño cerro es un óptimo mirador en el que montamos el merendero, donde damos buena cuenta de los emparedados, al tiempo que observamos a nuestros pies el embalse Hoyo de las Becedas II rodeado por un pinar de "pompones". Más allá vemos los lugares por donde transcurre la ruta de "Los Visigotos". Al fondo entre tinieblas está la Almenara, para nosotros una jornada inolvidable , los bonitos recuerdos, el apetito saciado, el buen tiempo y la tranquilidad nos invitan a la paz, el sosiego y la meditación, es la esencia de la naturaleza que te empapa de su serenidad al tiempo que se desvanecen temores y pesadillas.


Pantano

Al fondo borrosos el Almojón y la Almenara,


     Con la mente "desinfectada" nos lanzamos a tumba abierta en dirección a la dehesa Boyal, llegamos a una encrucijada donde se cruza el camino que sigue la ruta de la mina Ceferina del cual nos separamos en el Robledillo y que continua en dirección al río donde se une a la ruta del agua y el perpendicular que viene de la Cuerda del Maillo, que nosotros tomamos a nuestra derecha, andando por él descubrimos lo que se podrían llamar prados pero claramente se les ve improductivos motivo por el cual se hallan en claro abandono lo que les sigue dando a sus vallas esa apariencia de humilde "Acrópolis de Atenas". Nos encontramos cruzando el paraje con el bonito topónimo de los Pilones de Valdemigas en el que no se ven los pilones y no probamos las migas.



Prohibido el paso a carruajes.

      Bajando por la vereda entre decadentes prados cruzamos el lugar de Caída del Fresno desde donde llegamos rápidamente a la pantalla del embalse del Hoyo de las Becedas I, obligatoriamente tenemos que disfrutar de su visión panorámica, vemos que vierte agua por el rebosadero pese a las pocas lluvias del invierno.



Al fondo la pasarela.

     Y ya desde aquí tomamos la recta de meta en la que nos espera para despedirnos la obra realizada con los restos de la ermita de la Virgen de Navaserrada, para nosotros una bella creación ¡Nos encanta! Nos despedimos de ella, nos despojamos de los achiperres al tiempo que pensamos cual será el motivo de la denominación de la ruta, no hemos visto ni un solo molino.



Virgen de Navaserrada.



     P.D.: Suponemos que en clara competencia con la anterior un "artista" de nombre desconocido ha perdido su maravillosa "obra de arte" (reflejada en la siguiente fotografía) si lo desea puede recogerla, se la tenemos guardada a buen recaudo.



Ya no está.











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domingo, 16 de febrero de 2020

01-02-20 Río de alta montaña





01-02-20

Río de alta montaña



         Cuando salimos de casa caía un chirimiri que nos hizo pensar que tendríamos que echar mano de los "chubasqueiros", nos llevamos una grata sorpresa cuando aparcamos el coche en el comienzo de la etapa y no llovía, sí que es verdad que estaba muy nublado y la copiloto mira el parte meteorológico que nos da un treinta por ciento de posibilidades de tener pequeños e intermitentes chubascos. Con buena temperatura cogemos los cachivaches y arrancamos. Vemos como la inmensa mayoría de casas están reformadas uniformemente dándole al pueblo un encanto singular, antes de salir de él, vemos un arroyo que atraviesa la calle con un caudal generoso y una dirección curiosa.


Arroyo xxx?


     Es curioso lo limpio y bien canalizado que esta el arroyo, con su  puentecito realizado con una laja de granito, simple, sí, pero bonita también, le cruzamos y salimos del pueblo, no sin antes encontrarnos con una capilla dedicada al asaeteado San Sebastián, (Donosti en vasco) al que años atrás se le dedicaban unos días de alegres y suculentas fiestas que como coincidían con la matanza aún reciente, se disfrutaba además de religiosamente, con delicias del cerdo reunidas entre las familias del pueblo ¡Como nos gustaría hacer a día de hoy una cata de esa índole! Vemos que el techo de la capilla tiene la repetitiva y curiosa forma de punta de flecha, muy a propósito, teniendo en cuenta quien se resguarda bajo el ¡Nos encanta! Jugamos al juego de adivinar cuantas puntas de flecha ves,  nosotros vemos siete sin contar las que tiene clavadas la imagen del santo que por cierto eran unas cuantas. Nos despedimos "geroago Donosti".



"Techo punta de flecha".

     Dejamos al mártir de Milán y cuando levantamos la cabeza, vemos a media ladera, suponemos, porque la niebla no nos deja ver las crestas de las montañas, al fondo decíamos, se nos revela una pequeña culebrilla blanca que entendemos que es nuestro objetivo, no se ve muy bien dada la poca pericia fotográfica y la escasez de medios, bueno como todas.


Primer contacto visual de nuestro objetivo.


     Su visión nos deja un regusto dulce que nos anima a subir más alegremente aunque,  para a nuestro pesar, vayamos por una carretera asfaltada que no nos permite disfrutar de la ayuda de los bastones. Alguna vivienda suelta nos encontramos, a nuestra izquierda en una de ellas una pareja de perros que estamos seguros que no permitirán la entrada a los forasteros. Apretamos el paso para dejar atrás a la pareja de perros más fieros que hemos visto jamás. Vamos como "Trueba" con un ojo puesto en el camino y otro en los feroces canes que tampoco nos pierden de vista. Aunque les contiene una alambrada vemos un hueco entre la malla y la piedra por el cual podrían salir si quisieran y si eso ocurriese esa pareja tan agresiva devoran al más pintado. Se callan los escandalosos cuando los perdemos de vista, vuelve la tranquilidad y caemos en la cuenta que otro rugido nos llega ahora por la derecha. Esta vez es llamativo pero no tan agresivo como el de los dos sátiros que hemos dejado atrás. Está claro que es de origen natural y que ya no nos abandonara hasta que no estemos de vuelta. Es asombroso el volumen del sonido y nos imaginamos un volumen de agua similar al Ebro, un claro nos permite ver por primera vez el río, un enorme caudal baja embutido a presión como un chorizo discurriendo por un lecho atestado de cantos rodados que ha bajado laboriosamente el agua.


"Aguas blancas"
      A partir de aquí el rugido nos acompañara todo el recorrido. Vemos un camino que sale con dirección al río  que tomamos hasta un puente desde el que le vemos de frente en su transcurrir encajonado y escalonado sobre el encachado de piedras que le da una gran sonoridad.



Escalera al cielo.

     Dejamos el puente y antes de salir de nuevo al asfalto vemos un letrero con una leyenda que reza El Bosque. Continuamos paralelos al río y no deja de sorprendernos su flujo y de hecho vemos un tramo que nos llama poderosamente la atención, tanto que nos acercamos a verlo, aquí lo que pierde en profundidad lo gana en anchura y en vistosidad.


¡¡El ensanche!

     Poco más arriba vemos que el río se desdobla, nos indica que debemos tomar un camino a la izquierda, abandonamos al Cega para emparejarnos con el arroyo del Chorro, la división del caudal nos decepciona un poco al haber imaginado el salto de agua con el caudal del río, pese a no ser poco el que baja por el arroyo.


Arroyo del Chorro.

     Si miramos hacia arriba vemos entre los pinos el blancor del agua colisionando en su caída. Pocos metros más y llegamos al puente que cruza sobre el arroyo que hace las veces de mirador. Magnifica la visión del CHORRO. Enfrente vemos una cola de caballo, eso sí un poco despeinada de unos veinte metros de caída ¡Preciosa! El salto a manera de colisionador acelera las partículas de agua haciéndolas chocar entre ellas violentamente dándole al agua un color lechoso. A la derecha del comienzo del salto vemos un balcón.



Desde abajo.

Desde arriba.
  
     Hemos subido a la terraza desde la cual vemos un aspecto diferente además de descubrir que hacia lo alto vemos otro salto, menos diáfano pero igual de vistoso y llamativo.


Otra preciosidad.

     Si difícil ha sido la subida hasta la terraza no te cuento la bajada. La  primera impresión que nos viene a la cabeza al ver la escalinata es la pirámide de KukulKán con sus 365 peldaños, en nuestro caso escalones (con acento en los "ones")  está claro que no han replanteado la escalera, la han hecho a ojo, seguramente no han utilizado un metro, hay peldaños de 10, 15, 20, etc. cm. Nos ha quedado claro que la ha hecho un artista. Con todas estas premisas nos ha costado un "escalón" subir, pero ¡ay amigo, bajar...! ¡Eso es harina de otro costal! Se ha hecho, podríamos decir que hasta peligroso, a la diferencia de alturas le tenemos hay que sumar la inclinación que han dado a los peldaños  para que no retengan el agua, pero dada la humedad relativa del día y "EL CHORRO" que se encarga de rociarla consiguen empaparla y hacerla una pista de patinaje. Total una mezcla de rafting y barranquismo.


Una mitad.

Y la otra.

     Bajamos la escalera y una vez en tierra firme íntegros, incólumes y contentos, consigue que por arte de magia aparezca la carpanta. Vamos a buscar un comedor, para librarnos de la micro lluvia producida por el salto nos separamos unos metros hasta un banco que nos acoge cariñosamente, ha llegado la hora de sacar los víveres,. Hoy tenemos de menú una pulga de chorizo, para rematar la pulguita nos habrían venido bien unos huevos fritos y unas patatas, pero bueno no ha estado mal el panecillo con chorizo del gorrino de mi tío.



"El choripan".
     A nuestra espalda tenemos un "compañero" que nos está mirando la merendola y se le cae la "salvia". Realmente le vemos que está como nosotros, aferrándose a la vida con raíces, uñas y dientes


Asimetria.
     Saciado el hambre arrancamos el descenso tan contentos. Ahora nos toca bajar por la margen derecha por una senda que la cruzan infinidad de arroyuelos. Se nota el deshielo de las nieves de las cumbres. Rápidamente llegamos a las instalaciones del parque recreativo, donde nos encontramos con un pequeño parque infantil y adosado a él, un bonito laberinto en el que entramos y afortunadamente salimos vivos. Cerca están los aseos y el bar que se encuentra cerrado.

¡Del laberinto al treinta!

     Accedemos al parque recreativo del que forman parte una infinidad de mesas flanqueadas por algunas barbacoas que tienen que ofrecer muchos momentos "panceta" a chicos y grandes sobre todo en verano cuando este repleto de visitantes que vienen a disfrutar, además de sus parrillas, de un grupo de piscinas para niños unidas a las de adultos que tiene incluso islas que están unidas a tierra por varios puentes, este conjunto en verano y lleno de agua tiene que ser muy atractivo.


Hay que verlas llenas.

     Seguimos bajando y vemos el arranque de una canalización que nos imaginamos que serviría en su momento para mover el martinete (Visita que metemos en la carpeta de pendiente en compañía de ¿El Bosque?) y que podría ser que se trate de la misma que cruzamos al comienzo de la etapa.


Cacera.
   
     Dejamos atrás el parque recreativo muy a nuestro pesar sobre todo teniendo en cuenta que ahora nos dirigimos a la casa de los horrores, se nos viene a la cabeza el par de sátiros que vimos antes, nos acercamos con sigilo pero los sanguinarios tienen el oído fino, “maldito oído vulcaniano”. No ladran, se desgañitan, enronquecen aullando sádicamente como mitológicos licántropos rabiosos. Nos miran fijamente a los ojos con una mirada cuasi  hipnotizadora de perturbados, nosotros como si nos los viésemos, pero pasamos deprisa, menos mal que no caen en la cuenta que por la gatera pasarían también los perros si quisieran ¡Adiós perros demoníacos! Sinceramente creemos no haber visto jamás unos perros tan agresivos y diabólicos, quiera nuestra suerte que no tengamos que batallar con ellos nunca. Según van pasando los metros vamos recuperando la tranquilidad, el corazón toma su ritmo habitual, sobre el valle y tomamos aire, nos detenemos para ver, ahora que la niebla nos lo permite, los montes y sus laderas repletas de pinos jóvenes pero prometedores.


 Al oeste el cerro de Navalpino.

Al sur de izq. a der. Cerro de las Coronas (1472 m.), En el centro Picardeñas (1859 m.), al fondo Peña Cabra (2028 m.)

     Antes de llegar al pueblo, suponemos que producido por "el cóctel" del placer disfrutado durante el camino  mezclado con la pesadilla canina nos ha llevado al "delirium tremens"  lo que nos lleva a ver LA CHOPERA MAGICA, única que hemos visto en toda la etapa, una visión totalmente seductora.


Alameda fascinante.

          ¡Al pueblo! Al paso por su  ermita le decimos "Agur Donosti" a nuestro nuevo amigo, nos desprendemos de los petates y pese a la siniestra experiencia canina vamos a guardar un hermoso recuerdo de nuestra visita al RÍO DE ALTA MONTAÑA.


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