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domingo, 28 de octubre de 2018

30-09-18 Fuente del Pino



30-09-18

El que la sigue la consigue

    
     No cabe duda de que la constancia da sus frutos como comprobaremos en la "etapita" de hoy, para ello nos vamos hasta la fuente de Peña Morena donde aparcamos y nos aprovisionamos, iniciamos el camino subiendo dirección al Ingeniero al que llegamos rápidamente y nos vamos al oeste para encontrarnos con dos grandes berrocales, una pareja de enormes y preciosas obras de arte, que admiramos desde el primer día que nos le enseñara Fernando. A nuestra derecha "el autor" ha querido representar como se ve claramente a la gran rana que soporta en sus espaldas un gigantesco macho, o por lo menos nos lo parece, también puede que estemos un poco influenciados por nuestras inspecciones a los diferentes refugios de anfibios que hemos visitado últimamente. Mirando a la pareja fijamente casi hasta los oímos su croar entrecortado. Vamos a dejar a la pareja a lo que quieran que "estén jugando" y nos damos media vuelta para darles la espalda. Giramos 180º y nos encontramos con la maravilla de las maravillas, podemos decir sin complejos que de esta pareja sí que estamos enamorados, llevamos tantos años prendados de los emparejados, que cuanto más los miramos más nos gustan y admiramos. Hablamos "del pino y la bestia", si alabamos la constancia del título  "del cuentecito", en la imagen que observamos en este momento vemos el tesón que en este caso es superlativo, no solo por el tiempo, que ha sido mucho, que también, si no por el dolor que tiene que estar sufriendo el pobre pino. A este le viene al pelo la famosa frase que dice, "le ha tocado la china", afortunadamente no ha sido en el ojo. Sencillamente asombroso, medio siglo o puede que un siglo empujando a su compañera, nos morimos por saber el desenlace de esta pareja.

La cópula.

"La constancia".
      Las dos leyendas anteriores empiezan por "co" y aunque tienen poco que ver una con la otra está bien añadir la segunda a la primera lo más posible. Bueno, vámonos que acabamos de empezar y tenemos un claro propósito. Para ello seguimos por el camino que acabamos de coger y que no abandonamos hasta lo que nosotros denominamos "el recodo del burro viejo" por el que nos dirigimos hacia el sur, hoy curiosamente en vez de seguir el camino del mismo nombre que el recodo, vamos a subir de frente por un arrastradero de pendiente pronunciada que le seguimos hasta que se suaviza la inclinación momento que aprovechamos para desviarnos  a la derecha para encontrarnos con la fuente de Los Arteseros. La vemos bastante bien de salud, vierte un chorrito generoso dadas las fechas, probamos su agua que está rica y fresca.


Fuente de Los Arteseros.
     Dejamos a nuestra espalda la fuente y volvemos a tomar la dirección sur. Llegamos a una explanada donde nos ponemos a "localizar exteriores" por si nos atacan los "Bankerofagos" de nuevo, se nos alegra la vista y el corazón viendo que todavía quedan posibilidades, vemos un tipi indio al que han dejado solo el esqueleto de palos, se pueden buscar unas lonas que hagan las veces de las pieles de bisonte que lo cubrían y que se han llevado. También vemos el chozo de Los Arteseros semi camuflado y que curiosamente tiene el techo bastante bien, gracias a su último morador, aunque posteriormente se ha usado por más personas, entre ellos los componentes del grupo de scout del Clan Korrel que tienen una placa colgada en la puerta y que le denominan erróneamente con el nombre del chozo Madrid.

Chozo de Los Arteseros.

La bonita placa que se halla en la puerta.
     Después de ver que el interior está en buenas condiciones dentro de lo que cabe nos vamos. A partir de este momento seguimos las indicaciones de los "Supercicutas", nos vamos hacia el oeste hasta que llegamos al camino por el que hemos bajado las cuatro veces anteriores que buscamos la fuente. Apoyados en los consejos recibidos, subimos al punto del bonito camino al que hemos llegado en otras ocasiones, ya sea cuando venimos desde el mojón de Los Arteseros o de Los Poyales. Aquí reflexionamos unos minutos y caemos en la cuenta, subimos unos metros y ¡por fin! ¡La fuente del Pino! ¡El que la sigue la consigue! ¡A la última va la vencida!, está claro que "con la ayuda de un gorrino mi padre mató a un vecino" ¡Aleluya! Que poco hace falta para ser feliz, la hemos buscado con tanto ahínco, que encontrarla nos ha hecho muy dichosos, por otro lado no nos queda más remedio que felicitar (claro sarcasmo) al delineante del instituto geográfico y catastral que la tiene situada equivocadamente más de un kilómetro al suroeste. Una vez en la fuente catamos su agua y no sabemos si será por lo que nos ha costado encontrarla pero solo podemos decir que está deliciosa, riquísima.

La buscada fuente de El Pino con su flequillo de helechos.
     Ahora, ya tranquilamente, bajamos al camino recién abandonado y nos disponemos a seguirle para disfrutar de él y saber definitivamente su destino que desconocemos aún. Nada más empezar el camino... ¡otro premio!

Níscalo a la vista.
     Disfrutando del nuevo tramo del sendero llegamos a un cruce con un camino no muy usado, nos caben dos posibilidades bajar de nuevo rumbo al chozo o en sentido contrario que es por el que optamos y pronto nos vemos recompensados con otro "premio"

Delicias de boletus.
     Pezqueñines no gracias, lo sabemos y por ello nos sentimos mal por coger un ejemplar tan pequeño, en nuestra defensa diremos que después de más de dos años sin coger ninguno, su simple visión nos nubló la sensatez, también diremos que posteriormente nos supo riquísimo sobre todo teniendo en cuenta como decíamos que hace dos años que no los probamos. Andamos unos metros, vemos la línea divisoria con Peguerinos, pero ¿que oyen nuestros oídos? A unos treinta metros al oeste percibimos un ruido sospechoso, como nosotros Morrosko también lo ha sentido, se dirige al lugar del que proviene la bulla y en cuanto llega se monta el follón, nos dirigimos raudos y ¡Sorpresa! ¿A quién nos encontramos?, ni más ni menos que a la ovejita Churrusquita, la de la lana más blanquita, que se come los pastos más verdecitos y bebe el agua más fresquita, ¿qué pinta aquí?, Nos acercamos a ella y pronto nos damos cuenta de que está en un aprieto, vemos como tiene enlazada una mano con una pata y al mismo tiempo la cuerda se ha enganchado a un tronco dejando completamente inmovilizada a la pobrecita Churrusquita, cortamos la cuerda y la liberamos. 


Churrusquita.
     Sin saber lo que hacer y ante lo anómalo de la situación optamos por darle libertad a la oveja que por cierto estaba rolliza, no nos imaginábamos al pastor con sus ovejas ramoneando por estos lares.

     Cruzamos la "frontera" y vamos por terrenos inexplorados por nosotros, zona preciosa, que nos hace disfrutar y que en un claro nos enseña una vista desconocida de "Las Cuevas Valientes", precioso mirador que nos permite observar el peñón en el que se sitúa la cueva, la cima. A la derecha vemos parte del descenso de la carrera de las tres cumbres que marcamos este verano y por debajo presumimos que corre el Gargantilla ¡Preciosa postal!


La múltiples cuevas valientes.
     Seguimos mirando de reojo al este pero no podemos desestimar el resto porque cuando menos te lo esperas te encuentras un auténtico ejemplar de "Picozapato", pájaro nunca visto por estos lares teniendo en cuenta que su hábitat habitual está en África, precioso ejemplar de una edad respetable. 


Bonito tocón. 
     Seguimos disfrutando y ya del tirón nos vamos a la fuente de Bellver donde damos cuenta de unas "barritas energéticas". Con las pilas cargadas nos lanzamos a tumba abierta por la vaguada  del Gargantilla que baja muy escaso de agua, dejamos a la derecha el camino que lleva a la otra fuente de Bellver y continuamos hasta el punto en el que nos sentimos vigilados, ¿será la vieja al visillo cotilleándonos? No, mirando de reojo vemos quién nos observa, es el "tocón que todo lo ve".


El doble ojo de la naturaleza.
     Nos despedimos del tocón que no "nos quita ojo" y en otro claro se nos presentan "Los Pasapanes", "Montón de Osos" y al fondo la Pinareja (asignatura pendiente para el Comando Peñota),  todos ellos tocados con unos preciosos cúmulos que los embellecen más si cabe. 


Elegantes.
     Seguimos hasta llegar de nuevo al Ingeniero que cogemos a la izquierda, nos encontramos unos helechos incrustados en la grieta de un peñasco, les preguntamos qué hacen ahí y "nos responden que lo único que saben es que los han puesto hay unos melones".


Contra natura.
     Seguimos un pequeño tramo por el Ingeniero hasta que nos desviamos a la derecha y llegamos rápidamente al coche que está aparcado cerca de la fuente de Peña Morena y adiós.

P.D.: Damos las gracias a Javi por las muchas veces que nos ha dado indicaciones y a Nacho por el track que han conseguido llevarnos de la mano hasta la fuente que teníamos tantas ganas de encontrar.

     A los que no tenemos que dar las gracias es a los delineantes del Instituto Geográfico, está claro que sitúan las fuentes a ojo de buen tonelero. 


¡A la última va la vencida!



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miércoles, 10 de octubre de 2018

23-09-18 La Cacera Real


23-09-18

         Imagen relacionada

San Ildefonso  y Santa Tecla



     Juntamos los nombres de los dos santos; el primero porque iniciaremos y terminaremos la etapa de hoy desde el palacio de la Granja y el segundo, porque es el día de su onomástica. Nos vamos en busca de la cacera primigenia, la larga, la grande, la real, la que abastece de agua al palacio de La Granja de San Ildefonso. Poco podía imaginarse Felipe V que casi tres siglos después íbamos a seguirla nosotros, el Comando Peñota, tal día como hoy festividad de santa Tecla.

     Para ello aparcamos enfrente de la Puerta de Cosíos, nos equipamos y cruzamos la puerta del camino que nos conduce al puente Blanco, al llegamos rápido. Pasamos la Cruz de la Pasión y llegamos a una curva que hace la pista a la derecha que nos llevaría al puente Negro que hoy no veremos, de dicha curva sale un camino por el que atajamos para llegar pronto a la pista que va desde La Pradera a la Silla del Rey, cuando llegamos a ella la tomamos a la derecha y llegamos al Puente del Vado de los Tres Maderos que salva el Arroyo de la Chorranca, quién le ha visto y quién le ve, hoy tan manso y otrora casi tapaba el ojo entero.


Con este caudal se hace bien el puente.
     Una vez cruzado el puente llegamos a un cruce y nos vamos a la izquierda, vamos a pasar deprisa que estamos 167 metros por encima del túnel del AVE. No se oye nada, no será su hora. Marchamos por la ladera del Cerro del Puerco y llegamos al mirador del Cerro del Moño de la Tía Andrea, nos encanta y su nombre también.


Allí está la silla del Rey.
     Abandonamos el mirador y continuamos subiendo, llegamos a Juego de Bolos. Sabido es que del cerdo nos gusta todo, hoy hemos salido de ese error y a partir de ahora diremos "del Puerco nos gusta todo menos sus rampas" que tampoco son lo más pero hoy nos han castigado mucho teniendo en cuenta que estamos un poco apelmazados. Dejamos a nuestra derecha la Cueva del Monje, el Vivero y más adelante la fuente del Ratón, está un poco más separada. Disfrutando del camino llegamos a la fuente de Abastos de la cual bebemos su rica agua, llenamos "el botijo", se la ve preciosa con su tocado de helecho de cuatro hojas, nos preguntamos si dará buena suerte como los tréboles, tras unos minutos nos vamos.


Fuente de Abastos con su "tocadito".
     Desandamos unos metros y nos salimos de la pista por un camino que lleva la dirección que nos interesa además de ser bonito y cómodo, no nos lo podemos creer, después del montón de ocasiones que hemos estado buscando la fuente del Pino en la ladera del cerro de los Arteseros vamos y nos encontramos un cartel que nos indica la dirección hacia la fuente del Pino, eso sí, en el paraje de Navalesquilar de los montes de Valsaín. Completita pero un poco chapucera, un poco recargada y demasiado rococó para nuestro gusto.





Fuente del Pino.
      Dado su escaso caudal no probamos su agua y continuamos. Pronto nos encontramos otra sorpresa, un maravilloso pino, erecto, sano, longevo, con sus más de treinta metros es todo un coloso de los pinares de Valsaín, nos recuerda al Pino Cardosillo de nuestra Garganta.



Con sus aproximadamente tres siglos parece un joven recién salido del gimnasio.
      Ver esta esbelta mole nos disminuye, pequeños como Garbancito nos despedimos y nos vamos, retomamos la senda y seguimos subiendo, mi compi pide mi atención y la dirige hacia una obra de arte arquitectónico arácnido, al trasluz vemos el impecable diseño y la perfecta ejecución de la "red de pesca" de la araña que por cierto no conseguimos ver.


La diana.

Iluminada por el sol
      Subimos un poco más y decidimos salir de la vereda y marchar campo a través en dirección al comienzo de la cacera, zigzagueando para salvar diferentes estorbos. Al fin llegamos al enganche, aquí comienza la cacera, no sabemos si eligieron el sitio topográficamente o por la belleza del lugar, un tremendo bolo granítico que parece colocado a propósito en el centro del cauce del arroyo ha frenado a muchos pequeños y medianos bolos que forman una preciosa cascada que a día de hoy baja con poco agua pero después del deshielo tiene que ser maravillosa, metemos una futura visita en la carpeta de pendiente. Siguiendo con el análisis vemos claramente donde comienza la cacera, de nuevo nos han boicoteado, ¡la salida del agua está seca! Ya nos están tocando la tecla, la cacera está totalmente seca, que chasco, lo que sí que vemos es que parte del agua entra a una captación que suponemos va subterráneamente al estanque del palacio.


Nos gustaría verla a tope de agua.

Tramo de la cascada.

Aliviadero y captación.
     Para paliar el disgusto que no hemos llevado al ver que no corre la cacera nos vamos a "castigar" con sendos bocatas de "La Sanabresa". Poco a poco el piscolabis nos disipa el disgusto, aunque no consigue que desaparezca íntegramente. Recogemos y nos vamos paralelos a la cacera seca que a estas alturas tiene una pendiente pronunciada, pronto llegamos al arroyo de la Chorranca, en este punto un vistazo nos da muchos datos, por una parte vemos una caseta dentro de la que se oye como corre el agua, seguro que es el que viene del azud de Peñalara, por otra parte vemos un tramo de la cacera que hoy está seco pero nosotros le recordamos con el agua corriendo desbocado por ella, esto sucedía una vez anterior que visitamos la Chorranca que bajaba por aquellos días exuberante. La naturaleza y sus contradicciones...


Lo que pensamos en su día era un arroyo.
      Cruzamos el arroyo de la Chorranca del que también se recoge agua para la granja y proseguimos para encontrarnos que ha pasado por aquí el mago Tamarit, es cosa de magia o por lo menos lo parece.


¡¡¡Chan chan chan chan!!!
     Cruzamos por la Peña de las Tres Varas y llegamos al riachuelo de los Neveros que baja escaso de agua.


A estas alturas del verano está muy cara el agua.
     Sin problemas para cruzarlo, nos encontramos con una pareja que pasean dos tremendos perros que en la anterior visita a las caceras de los aserraderos también nos cruzamos con ellos. En aquella ocasión no hablamos pero hoy no podemos por menos ¡indudablemente un acierto! Ha conocido a unos hermanos de una familia amiga, dándonos una enciclopedia de datos, con fechas y nombres desde la mili de su padre, posteriormente lo confirmamos, asombroso, un personaje singular como su domicilio. Una conversación apasionante pero nos tenemos que ir, antes nos indica una fuente cercana para beber agua, nos despedimos y vamos en su busca.


Fuente de los Acebos.
     Media vuelta y nos vamos hacia la Tolla de los Guindos camino de Los Tobarejos donde la solana hace cambiar un poco la flora y nos encontramos un héroe de "la guerra" aun en pie estoico.


¡Bello!
     Afortunadamente pronto pasamos el secano y volvemos al terreno verde que nos gusta más, un último vistazo a la deshidratada cacera  y llegamos al punto por donde entra al palacio camino del estanque de Las Ranas.


Entrada y valla del palacio.
     Nos vamos a la izquierda e inmediatamente doblamos la esquina donde nos encontramos con la fuente de la Plata que esta reseca. 


Agotada.
     Dejamos atrás a la ajada fuente y antes de llegar a la Puerta de la Última Línea vemos las saludables arterias de la naturaleza.


Está muy saludable.
     Entramos en la recta de meta, a la izquierda vemos lo que suponemos un refugio de anfibios desconocido pero como es tarde lo veremos en otra ocasión, hoy nos hemos llevado un chasco con la reseca cacera ha quedado claro que hoy nos han tocado bien la ¡¡¡tecla!!!.


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martes, 25 de septiembre de 2018

15-09-18 Mojón de los Arteseros



15-09-18

La fuente invisible


     Cuando en la vida se da la casualidad de que te ves inmerso en una concatenación de despropósitos cada uno peor que el anterior llega un momento en el que te sientes moralmente debilitado, ese deterioro viene sobre todo cuando cierras los ojos y piensas en esas roturas que son imposibles de arreglar. Estos percances son el tinte que oscurece el alma, además añaden un sobrepeso espiritual al cerebelo, el hipotálamo y cerebro en general que te impulsa la testuz en dirección al centro de la tierra.

     Incluso en estas condiciones nos disponemos a llevar a cabo la etapa de hoy y arrancamos, pesadamente por lo que es obvio y por lo que no se ve ni con rayos X. Afortunadamente vamos por terreno conocido, la curvatura de las cervicales nos permite ver las punteras de las botas y un par de pasos por delante, no nos permite disfrutar del entorno, con la cabeza excesivamente agachada lo que vemos es una imagen circular a forma de ojo de pez que nos distorsiona la realidad, todo esto lo agrava la falta de color, al oscuro color que le da el calor del verano al monte tiñendo de marrones le añadimos nuestros grises internos que no son pocos, un paso, dos pasos, mil y pico pasos más cuesta arriba y seguimos sin levantar cabeza, sin hablar, afligidos.

     Empezamos a pensar que no vamos a llegar muy lejos, este es el momento en el que la esencia del universo nos demuestra de lo que es capaz, ¡una pequeña piña!, el germen, no de un pino que sería lo lógico, no, en este caso es el embrión de la vuelta de la luz a nuestra vista, vemos la piña gris, nos agachamos, la cogemos, según la vamos acercando a nuestros ojos va tomando color, maravilloso, es verde, es de un verde esperanza maravilloso, es un verde desinfectante, lo notamos, lo sentimos, de repente vuelven los colores al interior de nuestra cavidad craneal, hay más colores ¡verde esperanza!.


¡Pura vida!

     El color esmeralda de la piña nos inyecta visualmente optimismo que es lo que nos hace falta, esta piña con sus dos acículas peinadas a la moda me trae a la memoria aquellos lejanos días de medio siglo atrás en los que acompañando a mi hermano a recoger piñas nos lo pasábamos de rechupete. Las que cogíamos las llevábamos al sequero de la casa forestal donde las compraban. Con estos pensamientos llegamos al camino de Ingeniero que cruzamos para continuar subiendo paralelos al arroyo que dada la escasez de caudal baja tan silencioso que parece que no quiere molestar. Deberíamos decirle que el rumor del agua nos encanta y nos alegra el corazón. Unas pendientes más y llegamos al sendero que nos conduce a la fuente del Esportón, una mirada y curiosamente nos viene a la memoria la primera vez que la vimos que nos trae gratos recuerdos, bebemos su agua que nos refresca y nos calma la sed, también dentro del conjunto, en su parte alta está el portal esperando a sus inquilinos que solo lo habitan en pleno invierno, otro recuerdo que nos aplaca el bochorno, bebemos agua de nuevo, rellenamos y nos vamos.


Deshabitado está más triste.
     Antes de irnos caemos en la cuenta, limpiamos el portal, el techo y el patio, regamos el musgo, tan guapo que se ha quedado, nos vamos, nos encontramos un pino muerto y caído que se ha quedado en equilibrio, viendo la situación en la que se halla nos da la sensación de que pronto van a tener un "terremoto" las termitas.


Atención al sismógrafo.
     Esquivamos al "finado" y rápidamente llegamos a la altura del collado de las Lagunillas que le encontramos amarillo y seco, no es que nosotros estemos un poco grises, puede que te tenga su belleza que la tiene, íntimamente lo preferimos verde, incluso totalmente blanco de lo que tenemos un recuerdo imborrable.


Collado de Las Lagunillas.
     Situados aquí, en la linde interprovincial dejando a un lado nuestro estado anímico y mirando objetivamente el lugar, no nos queda más remedio que admirar su belleza. Vemos los pastos mustios mirando al cielo en espera de que le caiga ese agua que le haga revivir de nuevo. Está salpicado de "granitos" de granito y flanqueado por esos bonitos pinos achaparrados debido a la altura y las inclemencias del tiempo, a todo esto le tenemos que añadir que está coronado por un cielo realmente bonito. Una parada, respirar profundamente y unos minutos de reflexión es la mejor medicina para ver las cosas de otro color.

     Hoy no vamos a Las Lagunillas, aunque posteriormente nos arrepentimos, damos media vuelta y nos vamos. De nuevo estamos en la bifurcación y tenemos que elegir "pinto, pinto, pino pocho a la derecha" tomamos la senda que nos llevará  al mojón con el fin de dirigirnos desde allí de nuevo a la búsqueda de la fuente del pino, que es nuestra intención. Disfrutando del camino nos encontramos y mirando al norte entre pinos aparece muy a propósito dadas las fechas El Caloco.


Entre los pinos aparece El Caloco y sus ¡caloquitos!
     Adelante, en el camino de hoy de  sensaciones desiguales pasamos de disfrutar de un hermoso panorama a todo lo contrario.


🎵¿quién me va a curar el corazón partío?🎵
     - Tiritas pa este corazón partío. 🎶- con esta canción vamos cuando nos encontramos con la desagradable visión del día, vemos los restos de una res.


La fallecida.


Huellas

      Dejamos a los anatomopatólogos, forenses e investigadores científicos buscando huellas, en este caso han tenido que venir de las oficinas de Peguerinos.

     Por nuestra parte dejamos atrás los Goyatos en dirección al mojón un poco pesarosos por la desagradable aparición anterior, el camino nos aleja de la alambrada que separa los términos cosa que agradecemos, volvemos a disfrutar de la belleza del camino y pronto llegamos al mojón de los Arteseros.


El mojón
     Después del día tan enrevesado, de sensaciones tan cambiantes, nos ponemos a lo que realmente hemos venido, el propósito del día es buscar la fuente del Pino que es nuestro deseo desde hace tiempo y que hemos buscado en varias ocasiones, para esto tenemos un problema, su localización la vemos en una fotografía sin escala de la ruta de los mojones, incluida en el libro Paseos y excursiones por el Espinar dado que en el mapa topográfico nacional no viene incluida, con estos medios tomamos la dirección que nos indica, una nueva manifestación de la naturaleza nos orienta de nuevo al buen humor y nos hace esbozar una sonrisa.

El can sonriente de ojos rasgados.

     Con una sonrisa en los labios continuamos con la búsqueda, llega el momento en el que creemos que hoy nos vamos de nuevo sin ver la fuente, por este motivo cambiamos el rumbo y nos dirigimos a la vereda que tenemos pendiente de ver su final. Hoy podría ser un buen día, nos encontramos de nuevo con la visión de una pequeña planta que tiene unas hojitas granates preciosas.


Estilizada y bellísima.

     
Nos ha llegado la hora de hacer uso de los víveres ¡mala pata! Se despierta el ogro, ¿cómo es posible? Estamos tan tranquilos y de repente viene el fin del mundo, se desata una tormenta de mil demonios ¡pies para que os quiero! ¡A correr toca! Guardamos los trastos y salimos escopeteados, nos tiramos a tumba abierta hacia abajo, la tormenta nos persigue como si le hubiésemos hecho algo ¡vámonos a la izquierda! Nos sigue como un perro ¡a la derecha! Los rayos y truenos nos persiguen como sabuesos ¡nos rendimos! ¡Que nos parta un rayo! No ‘falta nada para llegar al coche, unos metros, pero no podemos más ¡el milagro! Momento mágico, doblados, las manos apoyadas en las rodillas y diciendo, nos rendimos ¡increíble! La liebre que me ha hecho correr como a un galgo, grita ¡¡¡un níscalo!!! No ¡¡¡dos!!! No ¡¡¡tres!!! Más magia imposible, al grito de un ,dos, tres, la tormenta desaparece por arte de birlibirloque y nosotros nos vamos tan contentos al coche con un estado de ánimo diametralmente opuesto al que teníamos cuando llegamos, ahora no vemos todo de color gris, ahora lo vemos todo en color naranja.

     Por la noche la chef del Comando prepara los níscalos a la plancha, un níscalo y medio para cada uno, después de una solemne ceremonia damos cuenta del delicioso manjar, una sola cosa que decir, los mejores níscalos que hemos comido nunca ¡manjar de dioses!

     Para colmo, posteriormente, nos damos cuenta poniendo en la aplicación un mapa diferente en el que viene curiosamente el emplazamiento de la Fuente invisible, hemos pasado por encima y no la hemos visto ¡a la próxima!

         

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sábado, 8 de septiembre de 2018

02-09-18 Las caceras

02-09-18

En busca de las caceras



     Hoy repetimos el aparcamiento del fin de semana pasado, en esta ocasión lo hacemos diez metros más abajo. Lo primero que vemos según nos bajamos es un espino albar o majuelo con sus frutos aún verdes, tenemos que reconocer que para al Comando Peñota este arbusto nos atrae sobremanera. Sus pequeñas hojas caducas de aspecto delicado, las perfumadas florecillas de un blanco virginal de olor muy agradable y los frutos que maduros tienen un agradable sabor dulzón, solo tiene un inconveniente y son sus espinas que pinchan como un puerco espín. Es un arbusto que tiene muchas peculiaridades pero lo que nos llama la atención sobremanera es la ingente cantidad de nombres comunes que tiene, no los hemos contado, unos cien, algunos de ellos nos encantan, botironeto, carcabollo, cerecico de pastor, espino picón, mojolino, pericón, y muchos más.


Frutos aún verdes del majuelo.
     Recogemos los muebles y arrancamos, directos al edificio del CENEAM, vamos con la intención de hacer varias preguntas. Cuando llegamos a la puerta nos la encontramos cerrada, lo que sí que vemos en el cristal de la puerta, casi pegando al suelo, es una polilla curiosísima, nos agachamos para verla. El chiste del día, de repente se abre la puerta de cristal deslizante y nosotros rezando en dirección a la Meca, lo primero perdemos de vista a la polilla que se va "montada" en la puerta corredera, vemos unos zapatos, levantamos las cabezas simultáneamente y nos encontramos enfrentados con una trabajadora de seguridad, le explicamos estamos en esta postura por lo de la polilla, se da cuenta de que no vamos a gritar "Alá es grande" y se tranquiliza, ya aprovechamos para preguntar pero nos dice que está cerrado.

La polilla.
      En la explanada de la fachada principal disfrutamos de la visión de un roble con más de trescientos años que luce una salud de hierro, dos arbustos de desconocido nombre para nosotros y de unas florecillas azules preciosas.


Quercus Pyrenaica.


???

???

???
     Nos despedimos de la flora desconocida y damos un rodeo para irnos en dirección contraria al edificio, hacia la Mata Quemadilla. Vamos con la intención de encontrarnos perpendicularmente la primera cacera de las dos que queremos visitar hoy. Disfrutando de la hermosura una vez más de uno de los miles de caminos de los montes de Valsaín, llegamos al regato de la Cueva del Monje que está completamente seco. Pasamos por el puente, sí, está seco, pero le cruzamos. Nos llama la atención porque tiene felpudo a la entrada y a la salida, preguntándonos el motivo de ello, se nos presenta el arroyo Peñalara ¡qué casualidad! En el "justipunto" en el que engancha la cacera. Dios protege la ignorancia, vemos como arranca desde la margen derecha separándose del cauce suavemente.


Comienzo de la cacera de la Máquina Vieja.
     Comenzamos su seguimiento pensando el buen estado en el que se haya después de llevar funcionando 185 años, aunque el aserradero solo funciono unos 50 años por la posterior apertura del aserradero nuevo. Hoy en día  no sabemos para que se usa, pero se ve claramente que se sigue usando por lo bien cuidada que está. Nos preguntábamos cómo salvaría el cauce del arroyo de la Cueva del Monje, sencillo y genial, un rastrillo hecho con piedras a la "justialtura" deja escapar un caudal mínimo por el cauce del arroyuelo y el resto continúa por la cacera, unos metros más abajo antes de llegar a la carretera el agua desaparece en una arqueta que entendemos que es una canalización subterránea que lo lleva a la Máquina Vieja por debajo de la carretera.


Cacera.

El agua socava los bajos del pino.

Adiós.
      Aviso para el dueño de la lata de la fotografía, para recuperarla ponerse en contacto con nosotros, estaremos encantados de devolvérsela al indecente mugroso de su dueño que ha tenido la poca vergüenza de tirarla en un sitio tan bonito y tan limpio.


"Huella di obsceno"
   Hoy no cruzaremos la CL-601, lo dejamos para otra ocasión, es una finca particular y tenemos que pedir permiso a su dueño. Lo que hacemos ahora es darnos media vuelta y subir por un camino que nos lleva de nuevo al punto de enganche de la cacera por donde cruzaremos el puente sobre el Peñalara.


Puente sobre el Peñalara.
      Nos dirigimos hacia el sur por no repetir el camino del fin de semana pasado, cruzamos los Praderones Altos que a estas alturas están bajos y antes de llegar a Peña de la Pescada nos ponemos los trajes de toreros... Lo que vemos son  unos ejemplares de berrendos en colorado preciosos, una de las vacas tiene una llamativa cornamenta que tiene un metro y medio de punta a punta, esta si te mete un cuerno por el chirimbolo te asoma por la cabeza, a su lado contemplamos al jefe de la cabila que nos observa. Cuando le vamos a buscar su perfil bueno se viene hacia nosotros y tenemos que dar unos pases, menos mal que nos metimos en los burladeros.


La vaca Paca.



"Tranqui".

Quieto, quieto.

No me mires así que yo también me he asustado.
     Pensándolo bien y después de ver la cara de buen toro que tiene seguro que no quería cogernos, vendría a por alguna chuchería o a que le espantásemos las moscas, que el pobrecito estaba lleno. Antes de irnos de "la plaza de toros" descubrimos detrás de robles y pinos y bajo una corona de "algodones" a la Camorca, "su Camorquita" y Cerro Pelado.


Nos están llamando la Camorquilla y Cerro Pelado.
    Media vuelta y tomamos un camino que nos lleva hacía el este. Le seguimos disfrutando por sus suaves pendientes, ya nos tocaba alguna pendiente, llegamos al punto en el que nos encontramos con el ojo que todo lo ve, nos hace un guiño.


"Ojo pino"
     Ésta es la señal que estábamos esperando. Dejamos el camino y nos vamos campo a través, cruzamos el pobre cauce del Prado Redondillo para continuar aproximadamente por la misma, gracias a que el monte está bastante limpio y nos lo permite. Al mismo tiempo disfrutamos de la belleza de los bolos graníticos que "el decorador" ha colocado con muy buen criterio, cambiamos los berruecos por las zarzas con las primeras moras maduras que probamos este año, mora, mora, pino pocho a la derecha y llegamos de nuevo al arroyo Peñalara. Lo primero estudiamos de nuevo la construcción que hay en este punto y que no sabemos exactamente para qué sirve pero nos da una tremenda alegría cuando vemos una trucha de unos doce cm. Verla en un riachuelo a una cota de 1350 m. es una gozada que esperemos que dure, no nos gusta ser pesimista pero suponemos que el invierno pasado tardará en repetirse y por nuestra parte estaríamos muy contentos de que así fuera, porque entre otros muchos beneficios que nos ha dado está el ver que este riachuelo corra con tanta animación y tenga caudal para las dos caceras. Ahora cruzamos el cauce y estamos en la compuerta de la cacera que dirige el agua cristalina al Real Aserrío de Valsaín, el nuevo.


Conocida compuerta que permite el paso de agua a la cacera.
     Desde aquí comenzamos, pero, hay cambio de planes, nos acercaremos a ver una fuente cuatrocientos m. más arriba, llegamos y rápido nos damos cuenta que ha sido un acierto la decisión de desviarnos. Llegamos a la fuente del Ratón, coqueta fuente, bonito banco y un merendero que ni en la Moncloa, por todo esto decidimos por unanimidad que instalamos el campamento, probamos el agua, fresquísima y riquísima, acto seguido nos sentamos a la mesa en la que nos vamos a comer el menú que ha preparado la cocinera para hoy.


Barrita energética "empaná".
     Solo de verlo se me saltan las lágrimas y recordando su sabor me relamo de gusto, hoy la chef se ha superado, ha dicho que por ser bueno, no sé, no sé, parece que lo decía con una sonrisa maliciosa, el caso es que estaba superior, acompañado con un poco de "lo otro" y un paraguay@. Qué bien viene la @ para ser políticamente correcto hasta en el monte, después de la opípara comida, el buen tiempo, el sonido de la naturaleza y la somnolencia nos dan los "siete males" ¡vámonos que nos da algo!


Qué bonita.

"Banco di acusato".

Y el comedor.
     Con todo el dolor de nuestro corazón nos vamos y sorpresa, sorpresa no lo hemos visto al subir, de nuevo nos encontramos un "euro 🐸 batracio". Este mucho más pequeño, está encharcado por el sobrante de la fuente,  nos acercamos al tiempo que vemos el chapoteo  de los anfibios🐸 cuando saltan al agua. La charca aunque es pequeña tiene muchos habitantes  🐸 que salen a respirar y confiadas se quedan a la vista, eso sí están calladitas🐸 y ojo avizor. 🐸


El paraíso de los anfibios.
     Nos acercamos de nuevo al comienzo de la cacera, llegamos rápidamente, nos la encontramos en perfecto estado de revista y nos asociamos a ella para acompañarla en su viaje hasta su final.


Agua transparente deslizándose suavemente por la cacera.
     Disfrutamos de la compañía de nuestra nueva componente del Comando que nos susurra al oído  su suave y agradable sonoridad que nos transporta  como en una nube. Como el caudal es pequeño echamos un palito de calibre mínimo, como la velocidad que lleva, pronto le sacamos, nos damos cuenta de que los hay más lentos que nosotros. Vemos como  pasa por debajo del arroyo de la Cueva del Monje que está más seco que la mojama, cruzamos el camino que baja desde el Juego de Bolos lugar donde la descubrimos, llegamos a Navalhorno y entendemos el porqué del nombre. La falta de árboles en plena solana hace que suba la temperatura de repente bastantes grados. Estamos en la falda del Cerro del Puerco, que metemos en la carpeta de pendiente por quincuagésima vez, hoy viéndole desde sus bajos nos queda claro que es un destino para el otoño.


"Bolo di porco".
     Dejamos atrás la solana para entrar de nuevo en un curioso pinar, al principio parecían visiones nuestras pero pronto nos damos cuenta de que no son imaginaciones nuestras, en este pinar hay "mostros".


Un Troll.
Otro troll.

     Dejamos a nuestra espalda La Pinochera, que está llena de trolls, a esto le tenemos que añadir que la ladera granítica del Puerco hace que el itinerario de la cacera sea menos idílico. Cascaditas,  quiebros, pinos de raíces descarnadas por el agua y volcados, maleza y pequeñas compuertas que evacuan el agua a diferentes finales.


Pino "en su sano juicio" pero va al suelo.

"Compuertita".
     La belleza y el caudal  de la cacera va decreciendo y no solo eso, "tocomocho", llegamos a un punto que nos hacen el tres por cuatro, nos desvían el cauce hacía el pueblo dejando seca definitivamente la antigua cacera.


Se acabó.
     Continuamos acompañando a la cacera, eso sí, ahora completamente seca y claro nos entra la sed, por este motivo nos acercamos a una nueva fuente, se llama El Ángel, muy bonita y qué decir de los vasos, son  de acero Inoxidable, grabados con el nombre de la fuente,  son preciosos, nos encantan.


Fuente del Ángel.


Los iguales para hoy....
     Matada la sed volvemos a la cacera que a estas alturas sí que está muerta de sed, nos han boicoteado el último tramo, nos han hecho el "interruptus". La maleza se la come, no llegamos al final porque vemos una puerta antes y nos salimos del monte para entrar directamente al pueblo. Nos vamos zigzagueando por las calles y buscando la sombra pueblo a través hasta que llegamos a la meta y nos vamos para ver terminar la etapa de La Vuelta. Llegamos a ver la lucha de los últimos km., todo estupendo.

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