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miércoles, 1 de abril de 2026

04-02-23 Vegas de Matute

 04-02-23 

Vegas de Matute - Ermita de San Antonio

                

Sufrimos un curioso caso de regresión mental, concretamente a nuestra primera vez que oíamos hablar de las Vegas de Matute, hace más de seis décadas. Una caterva formada por chavales que están disputando una "encarnizada" partida del famosísimo deporte de las canicas en la variante del "guá". La pandilla excitada y vigilante rodea, supervisa al rival para que juegue fiel al reglamento mientras se desgañitan exigiendo la famosa norma no escrita de "Hagas no rellenar, ni ná, ni ná, ni ná...". El jugador, con mucha pericia y gran tino, canta sus aciertos: ¡primeras! ¡Pie! Sí, señor, por poco, pero entra, ¡Matute! Y ¡¡¡Gua!!! El resultado lleva al éxtasis al "deportista" que salta de alegría. De repente, varios actores de cuatro patas y grandes orejas interrumpen la celebración. Embobados, asistimos por primera vez a la aparición de la pequeña reata de borriquillos conducida por el que posteriormente conoceríamos como señor Linos. Para nosotros, que no habíamos salido del pueblo, nos parecía un aventurero, "lo que sería hoy en día una especie de Indiana Jones". Venía vestido con su "traje de camuflaje", compuesto por alpargatas de lona, boina "macho" negra, de lana, chaqueta y pantalón de pana color aceituna ajada que teñía su cara de color cetrino. Hombre prudente, enjuto, "gratinado" por el sol, de pocas carnes y hueso duro, fue el último buhonero. Hizo cientos de viajes de Las Vegas a San Rafael y viceversa con sus mercancías; traía cebada, trigo y centeno que se usaba en la alimentación de cerdos, gallinas, caballerías, etc. A la vuelta se llevaba los pedidos y otros elementos.

Con estos recuerdos en la cabeza, salimos a la calle donde nos encontramos con Pepe. Charlando sobre el tema, nos da un nuevo dato: la venta del grano se realizaba midiéndolo con el celemín, que equivalía a 4,6 litros. Nos preguntamos cuántos celemines traería en cada viaje con la reata de borriquillos.

En otra conversación, Julio nos comenta un dicho de aquellos entonces, que decía: "Aunque veas salir humo de las Vegas, no creas que cuecen pan, que lo que cuecen son piedras", en clara alusión a los hornos en los que calcinaban la piedra caliza. Posteriormente, hablábamos con su hermano; nos recordaba que cuando iniciaba el regreso, montaba a los chavales hasta la salida del pueblo. Como no podía ser de otra manera tratándose de este tema, teníamos que hablar obligatoriamente con nuestro amigo nativo de Las Vegas, que algo sabrá del tema, como así nos demostró ampliamente. Por supuesto, sabía sobradamente de la existencia del dicho sobre su pueblo, aunque no está muy de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que su padre era el panadero y, por supuesto, su horno también humeaba. Pero el mejor dato de todos los posibles nos lo da cuando nos comenta que nuestra vecina y buena amiga de mi madre también es de Las Vegas (cosa que no sabíamos) y nieta de un segundo "transportista" que hacía el mismo recorrido. Este traía cal para pintar fachadas y para los albañiles; también traía arena fina que utilizaban nuestras madres para limpiar las baldosas hidráulicas, entre otras cosas. Nos comentaba que en algún viaje acompañó a su abuelo. Tanto viaje nos lleva a pensar cuál sería el camino que tomaban, distancia, tiempo, los rigores, etc. Echamos mano de las herramientas pertinentes que nos indican que hay catorce o quince kilómetros y muy alegremente, como mínimo, tres horas; imaginamos que con los borriquillos se tardaría más, digamos cuatro horas, ida y vuelta ocho, a lo que habría que sumar el tiempo que destinasen a la venta de las mercaderías por el pueblo, lo que se diría podríamos llamar jornadas "veganas" de tres cuartos de día.


Haciendo honor a la transmisión oral que tanto se daba antiguamente y cada día más olvidada, aprovechamos la ocasión y el argumento para mantener amenas parrafadas con Julio, Pedro, Pepe, Juanito, nuestra vecina, etc. Nos ha entusiasmado tener la posibilidad de participar de los recuerdos y del agradable palique con estos amigos y del mantenido con algunas personas con más memoria que nosotros.     

          

Hoy levamos anclas en la "dársena de San Rafael" y hacemos "un cabotaje segoviano" con rumbo al "puerto" del que era oriundo el señor Linos; una vez allí, buscamos un "ancoradoiro" que nos permita fondear.

Nos aprovisionamos y desembarcamos para salir del pueblo por la calle Lobera para llegar a la Carcabilla, donde vemos el pozo de La Lobera, del que antiguamente se extraía el agua para este barrio. Una inscripción labrada con maceta y puntero en el frontis del dintel la data en el año 1789, hace doscientos treinta y cuatro años; cuánta sed habrá calmado a los vecinos del barrio.


Rodeamos por el exterior el pueblo desde el sur con dirección al oeste para encontrarnos con la avda. de San Antonio, lo que nos da una pequeña indicación de que vamos bien. Ahora cruzamos la urbanización Monte Vegas de norte a sur, ascendemos por algunas de sus calles donde nos vamos encontrando algunos miradores desde donde descubrimos la extensa y bella meseta segoviana.


  



Cuando se nos oculta la planicie, descubrimos un acopio de curioso nombre y que nos parece un poco desubicado.


El nombre no desdice de la construcción que alberga la parcela; efectivamente, la vivienda que acoge tiene forma de castillo, incluida su torre del homenaje, y si vistosa es la fortaleza, lo verdaderamente llamativo es la decoración "abstracto-chatarrera" que abarrota la parcela; es realmente asombrosa. La curiosidad nos hace preguntarnos desde dónde y cuántos viajes habrá costado traer tantísimo material. Habrá sido difícil, pero a este habría que sumar el ingente trabajo de creación y realización de tal cantidad de figuras, algunas de tamaño considerable.  Hay que reconocer en ellas la labor del artista que denomina al lugar el Museo del Inconsciente, que no será tanto cuando se da cuenta de ello.






Una vez pasada la sorpresa, caemos en la cuenta de que el apelativo del chalet le viene dado porque está situado en la calle llamada Mirador del Caloco. ¿¿Mirador??, nos preguntamos; por ello nos acercamos a un pequeño cambio de rasante donde rápidamente entendemos el porqué. Aquí descubrimos el triunvirato que forman El Caloco y sus "trogloditas", recortada sobre el cielo formando una sombra chinesca, donde vemos a El Caloquillo (1353 metros), Alto Caloco mediano (1433 metros) y el Cerro del Caloco (1662 metros), que se nos muestran en una imagen inédita para el Comando.



Dejamos atrás el llamativo "parque temático" para salir de la urbanización por un camino tapiado en ambos lados con piedras metamórficas autóctonas muy irregulares colocadas por las diestras manos de los "Mamposteros agrarios", otros artistas que han encajado hasta conseguir el perfecto equilibrio. Damos media vuelta en el paraje de Nava de la Zarza, donde disfrutamos observando la anárquica tapia hecha por los "canteros equilibristas"; es fascinante ver este caos completamente asentado, un puzle de un millón de "piedras".



           
De repente tenemos una preciosa aparición: se nos presentan, por un lado, la rotunda torre de la ermita y, a su izquierda, una estilizada espadaña que está como una sílfide. Queda patente que come más la torre que la espadaña. En estas estamos cuando nos adelanta un 4L azul en perfecto estado que nos trae gratos recuerdos vividos con un modelo que tuvimos en varios colores hace ya unos años. Llegamos a la explanada de la ermita, donde nos encontramos con la pareja que venía en el 4L; con ellos charlamos un rato y nos comentan que el verdadero dueño es su abuelo, que, además de elegir el bonito color azul que tiene, se ve claramente que lo cuida como a un nieto.

Comenzamos a rodear al oratorio en el sentido contrario a las manecillas del reloj, paralelos a la fachada este de la torre; doblamos la esquina y vemos cómo sobresale la cubierta unos metros. 




En la fachada norte se aprecia la robustez de la torre y un tejado que se le ve recientemente reformado con una puerta de acceso a los aseos en su frente, una ventana, un ventanuco y una encina que la adorna y oculta la trasera de la espadaña.
     


La fachada oeste vemos dos soportales, en el de la izquierda, más pequeño, sobre su dintel reza una leyenda que dice "año de 1774" que suponemos que es su año de construcción.
       



En el segundo porche que cubre una puerta de entrada a la ermita, tiene un pequeño ventanuco; esperando no volvernos estatua de sal, nos asomamos a él. Lo que vemos es un llamativo collage con el retablo con San Antonio en el centro de "presidente" y los del "Comando Visillo"



Cuando nos situamos frente a la fachada principal, nos deslumbra la luminosidad que desprende el granito Gris Villa con el que está realizada, que refleja los rayos del sol que le atacan por el sur. Nos permite apreciar el laborioso trabajo de los canteros. Vemos al pórtico rematado por una esbelta espadaña de dos cuerpos con tres troneras, aunque a día de hoy solo le queda una campana; la remata una preciosa veleta que nos indica que el suave viento que nos acaricia viene del oeste. Podemos ver también sobresaliendo a la derecha de la cubierta el "macizo" cuerpo del campanario que da la sensación de "ir todos los días al gimnasio", coronado por un pináculo, concluyendo un conjunto precioso y en un estado de conservación excelente.     






Llega la curiosa hora en la que entran en conjunción el estómago y el cerebro para recordarnos que tenemos apetito. Para estos menesteres nos han colocado estratégicamente una mesa al resguardo del aire de poniente entre "los tendidos de sol y sombra", donde desplegamos los medios auxiliares y la manduca que por arte de magia hacemos desaparecer ipso facto y que rico nos ha sabido.
 


         
Arrancamos la vuelta saliendo por la entrada principal, echando un último vistazo a la joya de San Antonio, y nos despedimos ¡hasta la próxima!




Nos vamos hacia el este, donde descubrimos uno de los múltiples ejemplares de encina que tiene el entorno.



La magia de la naturaleza nos sorprende de nuevo mostrándonos la función de compás doble realizada por dos tallos espinosos con varios metros de una zarza y que, con la colaboración del viento, dibujan dos arcos de circunferencia concéntricos. Nos preguntamos si seria la vista de algo parecido lo que llevase al matemático Arquímedes de Siracusa hacer sus múltiples estudios sobre las esferas, circunferencias, etc. incluso a calcular el numero Pi con mucha presidencia hace 2250 años .



El ilusionismo de la naturaleza y el no repetir camino cuando vamos de regreso nos descubren nuevas facetas de los parajes que envuelven a Las Vegas, ¡pero este es increíble! El camino hace una parábola que nos muestra la estación de esquí de Las Vegas y nosotros sin raquetas ni esquís.



Asombroso el cambio de registro: "guardamos los trineos" y entramos a una joyería donde descubrimos una infinidad de piedras preciosas de piel de lagarto de llamativo y bello color.




Cruzamos el paraje de Prado Toro; según vamos descendiendo, el terreno se va aclarando, lo que nos permite de nuevo descubrir la dilatada meseta segoviana. Cuando pasamos El Zancado, nos asomamos a un mirador en el que podemos disfrutar al divisar el pueblo a nuestros pies. Aquí es donde sucede la catarsis que nos lleva a estar tantos meses con la panorámica grabada en nuestras retinas y que nos ha ensimismado durante todo este tiempo. Han pasado meses bulléndonos las ideas; sabemos que todas ellas son ficción, pero la experiencia ha sido sublime.

El promontorio en el que estamos situados nos permite observar la mitad de nuestra pequeña geografía; es imposible describir detalladamente todo lo que se divisa desde el mismo, por el este; trataremos de detallarlo brevemente:

Al fondo, la sierra de Quintanar, La Mujer Muerta con su "señor", el pico de "Montón de Osos".

Difuminado está Otero de Herreros.

Se aprecia la urbanización de Los Ángeles de San Rafael

Imposible no ver la enorme cicatriz de la cantera de la que se han extraído miles de toneladas de material.

No se puede olvidar el Comando del despoblado de Matute, con su pequeña y muy querida por nosotros ermita del Rosario.

Más cercana al pueblo, vemos a la ermita de San Roque, el depósito de agua en el que trabajamos no hace mucho.

También vemos el camino llamado de El Espinar, por el que saldría el señor Linos con su comitiva de borriquillos cargados de cal, centeno, cebada, etc. en su peregrinaje a San Rafael.



Al norte, entre lo que se ve y lo que no se ve, la panorámica es infinita, qué decir:

El camino que en su día hiciéramos viniendo desde Valdeprados, Guijasalbas, Fuentemilanos..., no se ven, pero ahí están y lo sabemos.  

 El tiempo tan agradable que estamos teniendo durante todo el día nos permite disfrutar plácidamente del pueblo que está en total tranquilidad; nos detenemos unos minutos a observar la imagen que tenemos a nuestros pies; nos inundan olas de paz y tranquilidad. 


Tenemos que hacer hincapié en la sorpresa que nos llevamos cuando descubrimos que su iglesia está dedicada a Santo Tomás, que fuera arzobispo de Canterbury y lord canciller de Inglaterra en el siglo XII, dato que nos parece realmente curioso. Por supuesto, leyendo sobre su historia, no podían quedarse ahí las particularidades: en el año 1570 se encargó la dirección de esta obra a un maestro cantero de El Espinar de nombre Juan del Camino, que también trabajó en la iglesia de Otero de Herreros y a la vista queda su buen hacer.

Fotografía realizada durante la etapa hecha el 1-4-18

 

El oeste se nos oculta por el sol, pero de sobra sabemos que ahí está Zarzuela del Monte, pueblo inscrito con letras de oro en el libro del Comando. Y por supuesto muchas historias más.         

Una vez que hemos disfrutado de la visión desde la privilegiada atalaya en la que nos encontramos, solo nos queda decir que lo verdaderamente curioso ha sido que durante meses hemos soñado múltiples historias, encuentros, festejos, rutas, buenos ratos pasados con amigos, etc.; solo nos queda decir que nos gustan muchísimo más las vegas de Matute segovianas que las vegas de Nevada. 


Y ya se sabe, lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas, 
verdad José??? verdad Pedro???

      

         
         
         
         








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